Crónica:CRÓNICA EN VERDE
Crónica
Texto informativo con interpretación

El parto de todos

Consenso político y excelencia científica, claves en la reproducción en cautividad del lince

Miguel Delibes, coordinador científico del Programa de Actuaciones para la Conservación del Lince Ibérico, suele recurrir a ingeniosas metáforas para explicar cuestiones que, fuera de los círculos especializados, suelen ser difíciles de interpretar por su complejidad. "Cuando hablábamos del futuro del lince ibérico", explica, "nos sentíamos como los trapecistas que se están jugando la vida con piruetas cada vez más arriesgadas. Ahora hemos empezado a tejer una red. El riesgo sigue estando presente pero, quizá, en poco tiempo, contemos con un elemento imprescindible para evitar la catástrofe".

Los primeros hilos de esa red providencial son esos tres cachorros de lince ibérico nacidos en cautividad hace una semana, algo que, hasta hace bien poco, parecía imposible. Los políticos desconfiaban de un proyecto cuyos resultados eran más que inciertos. Algunos técnicos dudaban de que la apuesta fuera viable. Los ecologistas temían que el esfuerzo supusiera una cierta distracción sobre otras actuaciones encaminadas a conservar a los linces que aún sobreviven en su hábitat natural. Y no pocos ciudadanos, en fin, renegaban de un empeño al que había que dedicar tiempo y, sobre todo, dinero.

"La alegría", confiesa Delibes, "se multiplica cuando has estado tanto tiempo en el filo de la navaja, temiendo no ser comprendido, apostando por algo que te obliga a tantas discusiones y que, por supuesto, más allá del ámbito profesional, también tiene su coste en lo personal".

Proyecto sólido

La apuesta se lanzó desde la Estación Biológica de Doñana, donde los especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) reclamaban un proyecto sólido y riguroso de cría en cautividad. Delibes vuelve a la metáfora: "Teníamos que dejar de jugar en un equipo de barrio y empezar a pensar en un equipo de primera división". Un planteamiento razonable que, sin embargo, se topaba con un escollo minúsculo pero trascendental: el profundo desacuerdo entre la Administración autonómica, gobernada por el PSOE, y el Gobierno central, en manos del PP.

De forma sorpresiva, Elvira Rodríguez, ministra de Medio Ambiente en 2003, decidió firmar, en contra de la opinión de sus propios técnicos, el acuerdo con la Junta que hacía posible la colaboración de ambas administraciones en los planes de conservación del lince ibérico.

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Resuelta la disputa política comenzaron los fichajes y así fue cómo recaló en el Centro de Cría en Cautividad de El Acebuche, en Doñana, Astrid Vargas, veterinaria hispano-norteamericana que, por su dilatada experiencia en el manejo de felinos silvestres, contaba con el respaldo de los científicos del CSIC y de los organismos internacionales implicados en la conservación del lince ibérico. Vargas pasó a dirigir el plan de cría en cautividad, se rodeó de un equipo de especialistas de su confianza y consiguió que el centro se dotará de los medios materiales y financieros necesarios para embarcarse en una tarea de enorme complejidad.

"Lo primero que debíamos hacer", recuerda Vargas, "era normalizar todo el proceso, porque la falta de comunicación y las enormes expectativas que se habían generado conducían a una lógica desconfianza, y por eso lo que se necesitaba era un protocolo de actuación muy bien definido, transparencia informativa y tranquilidad para trabajar".

Miguel Ángel Simón, coordinador del Programa de Actuaciones para la Conservación del Lince Ibérico en la Consejería de Medio Ambiente, se deshace en elogios al hablar del trabajo de Vargas. "Llegados a este punto", admite, "celebro, sobre todo, que el proceso haya transitado por cauces normales, a pesar de todas las tensiones que rodean cualquier trabajo relacionado con esta especie".

Más allá de esa burbuja en la que se encerró el equipo en El Acebuche, Vargas destaca las valiosas aportaciones que han recibido de todos aquellos técnicos que trabajan a pie de campo y que, en algunos casos, desconfiaban de un procedimiento que exigía capturar ejemplares silvestres.

Igualmente decisivo, precisa Vargas, ha sido el zoológico de Jerez, cuyos especialistas se han encargado de criar, en una primera fase, a aquellos ejemplares que habrían de destinarse a la cría en cautividad. "Las tres hembras reproductoras con las que contamos se han criado en Jerez, y los resultados demuestran el excelente trabajo que han hecho en el zoológico", dice.

Vargas, Delibes y Simón no dan por resuelta la supervivencia del lince ibérico, pero lo cierto es que la red que se está tejiendo permitirá seguir trabajando con menos riesgos y plantearse, así, la reintroducción de este felino en territorios de los que acabó por desaparecer.

Es difícil convencer a un político de que los esfuerzos para conservar al lince ibérico no sólo deben concentrarse en aquellos territorios en los que aún habita, sino que también hay que cuidar las zonas en las que se da por desaparecido pero que aún conservan muchas de las cualidades que las hacen apetecibles para la especie. "Ahora ya podemos trabajar, para el futuro, en Extremadura, en Castilla-La Mancha o en Portugal", asegura Miguel Delibes, "porque tardaremos 10 o 15 años, pero terminaremos por conseguir la reintroducción del lince ibérico en aquellas parcelas de donde ha terminado por extinguirse".

En definitiva, añade Miguel Ángel Simón, "el haber resuelto la cría en cautividad nos obliga a ser más exigentes, a trabajar más y mejor". "De forma inmediata, tenemos que empezar a identificar lugares aptos para la reintroducción, zonas bien conservadas, de unas 15.000 o 20.000 hectáreas, donde sea posible el acuerdo con los propietarios de las tierras, abunden los conejos y seamos capaces de neutralizar las amenazas".

"Ya hay razones para la acción", resume Astrid Vargas. En El Acebuche seguirán naciendo linces, puede, incluso, que esta misma primavera (se sospecha el embarazo de una segunda hembra).

Sin restarle importancia a lo que sucedió hace una semana en el centro de cría en cautividad, estos tres especialistas insisten en que hay que seguir mimando a las poblaciones silvestres que hoy sobreviven a duras penas en Doñana y Sierra Morena. "Lo más emocionante", concluye Vargas, "es pensar que al mismo tiempo que nacían estos cachorros bajo nuestra tutela, otros muchos veían la luz en algún rincón de nuestros campos, y a su futuro están dedicadas muchísimas personas".

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