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FÚTBOL | Fase de clasificación para el Mundial 2006

La joya del Sevilla

Ramos, que debutó contra China, apunta a ser una de las apuestas del seleccionador en Serbia

"Aquí llegó de muy niño, hay un montón de fotos de él en los archivos de las categorías inferiores, con el flequillo cortado a tazón y las paletas saliéndole por encima del labio, igualito que Vicky el vikingo". Con estas palabras el responsable de Sevilla Fútbol Club Radio, Miguel Ángel Moreno, sintetizaba el orgullo que produce en el club de la capital andaluza el salto a la selección del enésimo valor que sale de su cantera.

Realmente, incluso de adulto -todo lo que se es cuando no se han cumplido aún los 19 años-, Ramos recuerda al bondadoso personaje de dibujos animados. Sus ojos pequeños están igual de vivos, igual de atentos, y sus ganas de vivir también son igual de infatigables. Además, como defensa, es uno de los jugadores con mayor proyección del panorama futbolístico español, un fruto más de los salidos de los campos de entrenamiento de la ciudad deportiva del Sevilla, al que la selección nacional y su responsable, Luis Aragonés, parecen dispuesto a darle el espaldarazo definitivo. De hecho, Luis medita apostar por él en el lateral, desplazando a Puyol al centro de la defensa en el decisivo encuentro contra Serbia del próximo miércoles.

"Nos llegó de mano de un amigo mío y amigo de su padre, Juan José Arenas", comenta el responsable de los equipos inferiores sevillistas, Pablo Blanco. A pesar del enchufe para llegar, Ramos no ha defraudado a nadie en Nervión desde que llegara al equipo de alevines, con 11 años. "Siempre ha sido el más destacado de todos los grupos por los que ha pasado", subraya Blanco. "Cuando llegó, era ya muy fuerte, el físico es algo que nosotros siempre tenemos muy en cuenta a la hora de elegir a aquellos chavales que prometen. Lo demás se les puede ir enseñando a lo largo de los años, pero un chaval fuerte ofrece más posibilidades, como Sergio que aprendíó muy rápido, es muy obediente y trabajador y así pasó de ser delantero centro cuando llegó a jugar de central, ya en Juveniles o en el Sevilla B".

Ramos recuerda sus inicios en el club "cuando era muy chiquinino" y jugaba de delantero, simplemente, porque era el mejor en el equipo de su Camas natal. "A mí me da igual jugar dónde sea con tal de jugar", aseguraba Ramos en un conversación apresurada en el aeropuerto de Sevilla. Al igual que cuando le hicieron llegar la convocatoria de Aragonés, el joven internacional sevillano se acordó de los que le han ayudado en su meteórica carrera: Antonio Leyva, Fermín Galeote, Joaquín Caparrós y todos los integrantes de las plantillas en las que ha vivido su desarrollo.

El preparador físico del Sevilla, Ramón Orellana, recuerda que lo que más les impresionó a él y a Caparrós fue la fuerza y la seguridad en sí mismo que traía el chaval. "Es muy disciplinado y tremendamente fuerte -Caparrós le apostilla para añadir que Ramos se rompió el tabique nasal en su debú con el primer equipo, con tan sólo 16 años- y va muy bien de cabeza". Precisamente, este valor parece que va a abrirle las puertas de la selección, ya que Aragonés no parece satisfecho con las opciones con las que suele contar a la hora de defender las pelotas que el contrario bombea al área.

El que se pareciera a Vicky el vikingo de alevín es ahora un chavalote de 1,83 metros de alto que cumplirá los 19 años el próximo miércoles, que ya ha jugado 29 partidos en Primera y al que han espiado desde ilustres enviados como Arrigo Sacchi, del Madrid, a varios desconocidos, pero igualmente importantes de varios equipos del Reino Unido.

Ramos es ahora en el Sevilla un lateral derecho valiente, con la impaciencia ineludible de su juventud -que le lleva a cometer alguna falta innecesaria e incluso algún penalti que hacen a Caparrós tirarse del pelo- y del que todo parece indicar que acabará de central de algún club europeo de postín. A veces, parece que se cree tan bueno que no necesita ni demostrarlo.

Pero todos los que le han tratado ven en él una joya gustosa de pulir: atento, obediente, tremendamente fuerte y con unas ganas de jugar la fútbol que no las supera ni el propio Carles Puyol. La selección es su gran ocasión para demostrárselo también a todo el mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de marzo de 2005