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Reportaje:

El fulgor de la estrella

Elis Regina, la inolvidable cantante brasileña, habría cumplido hoy 60 años

"Dediqué mi vida a cantar y no hay hombre, ni padre, ni madre, ni hijo, que me saque de eso. Nada me detiene cuando el maestro cuenta uno, dos y tres". Elis Regina le confesó a la escritora Clarice Lispector que el escenario estaba tan ligado a su forma de ser, a su evolución, a sus traumas, que le parecía que separarse de él era lo mismo que castrar a un semental.

Su muerte, el 19 de enero de 1982, fue un mazazo. Tenía 36 años. El laudo número 415/82 del Laboratorio de Toxicología del Instituto de Medicina Legal dio resultado positivo de cocaína y alcohol etílico en sangre. Se llegó a hablar de suicidio. Todos los diarios y revistas de Brasil le dedicaron sus portadas. Decenas de miles de personas velaron el cuerpo toda la noche en el teatro Bandeirantes de São Paulo, donde su espectáculo Falso brilhante había permanecido 14 meses en cartel. Miles la despidieron en el cementerio de Morumbi.

Metro cincuenta y tres, estrábica y ciclotímica, Elis Regina Carvalho Costa había nacido en la ciudad de Porto Alegre, el 17 de marzo de 1945. La primogénita de doña Ercy y el señor Romeu. Tenía siete años cuando su madre la acompañó a un programa de radio infantil. El presentador le pidió que dijera algo. Nada. Le rogó que cantara. Mutismo. La pequeña regresó a casa cabizbaja junto a su madre. Tardaría cinco años en volver a una emisora.

Con 19 años llegó a Río de Janeiro acompañada por su padre. Unos días antes del golpe militar. Trabajó en el popular Beco das Garrafas, callejón lleno de pequeños clubes en Copacabana. Su voz se alejaba del carácter intimista de la bossa nova. Era viril, como la definió el periodista Nelson Motta.

En el verano de 1964 empezó a viajar a São Paulo. La noche del 23 de noviembre, en el teatro Paramount, dos mil personas la ovacionan. "Recuerdo la emoción de estar allí", decía, "y también el dolor de vientre". En el libro Furacão Elis, su biógrafa, Regina Echeverría, revela que Elis solía sangrar de la nariz justo antes de tener que salir a escena. "No fui preparada para cantar. Quería ser profesora, tener hijos y cuidar de la casa", dijo una vez. En abril de 1965 gana el primer festival de música popular con Arrastão, de Edu Lobo y Vinicius de Moraes.

Hasta 1967 presentará junto al sambista Jair Rodrigues un programa semanal de televisión, O fino da bossa, por el que pasan Caetano Veloso, Chico Buarque... Elis Regina reveló a unos prácticamente desconocidos Edu Lobo, João Bosco, Gilberto Gil, Ivan Lins o Milton Nascimento. Fue una puerta abierta para todos ellos.

Se entregaba en cada interpretación y era maestra dividiendo las frases. El saxofonista de jazz Phil Woods se lo confesó al crítico Federico González: "Mis influencias siguen siendo Billie Holiday, Frank Sinatra y Elis Regina". Y no hay cantante mujer que no pronuncie su nombre con admiración: de Norah Jones a Rosa Passos. El locutor Walter Silva recuerda lo que publicó en una columna, horas después de verla cantar: "Cantar no es el término adecuado. Elis entregándose en pedacitos a través de las notas de sus canciones... Hay un momento en que la canción de Francis Hime y Chico Buarque Atrás da porta deja mudo al público. Los aplausos fueron pocos. ¿Cómo puede aplaudir quien se está secando las lágrimas?". Según el poeta Aldir Blanc, "protagonizó el ensayo interminable persiguiendo no la perfección sino el momento sublime del paso en falso sobre el alambre".

Dejó tres hijos: João Marcelo (1970), de su matrimonio con el letrista Ronaldo Bôscoli, y Pedro (1975) y Maria Rita (1977) -una de las voces más prometedoras de Brasil-, de su unión con el pianista César Camargo Mariano. Y discos como Elis & Tom' (1974), el maravilloso encuentro con Antonio Carlos Jobim. Estuvo una vez en España: en el teatro Apolo, de Barcelona, el 1 de marzo de 1978. En los conciertos de su último espectáculo, Trem azul, recitaba este texto premonitorio: "Ahora retiran de mí el velo de carne, escurren toda la sangre, afinan los huesos en haces luminosos. Y ahí estoy, en el salón, las casas, las ciudades, parecida a mí. Un esbozo. Una forma nebulosa hecha de luz y sombra. Como una estrella. Ahora, soy una estrella".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de marzo de 2005