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Reportaje:ATLETISMO | Campeonatos de Europa en pista cubierta Madrid 2005

El velocista de seda

Ronald Pognon, elástico y elegante francés de 22 años, es el único atleta europeo que se sitúa en las marcas de los estadounidenses

El viejo Roger Bambuck, el único francés que pisó fuerte en el territorio de los americanos, se regocijaba. "Ya era hora de que otro francés volviera a estar con los mejores del mundo", dijo Bambuck, quien corrió la histórica final de los 100 metros de los Juegos de México 68, uno más del grupo de atletas que por aquellos años chocaron contra la barrera de los 10 segundos. Bambuck hablaba así, emocionado, hace tres semanas, la noche que Ronald Pognon corrió en Karlsruhe (Alemania) los 60 metros en 6,45s, récord de Europa, la cuarta mejor marca de todos los tiempos, empatado con gente del calibre de Bruny Surin o Justin Gatlin, campeón olímpico de los 100 en Atenas.

Ese mismo Pognon, un chaval de 22 años, se mostró ayer en toda su extensión en Madrid, en la pista situada a la altura ideal (640 metros), con el calor justo (excesivo, según los fondistas, que se quejan de la sequedad del ambiente), con la dureza medida, con las características que le hacen ser una de las pistas más rápidas del mundo. Se vio al Pognon total, mostrando los defectos que circulaban por el mundillo, exhibiendo las virtudes que maravillaron a quienes lo han visto. Se vio al Pognon de las malas salidas. La primera de la primera serie fue nula, en la segunda, aseguró, salió media décima después de la mayoría. "Tiene que sufrir más en los entrenamientos, tiene tendencia a salir mal, con poca garra", dice su entrenador, Guy Ontanon, quien también es el técnico de Arron y Hurtis. "Además, le gusta incorporarse enseguida, sin haber cogido gran velocidad aún".

Se vio al Pognon bueno, también. Al atleta de la elegancia caribeña, larga línea -mide 1,85 metros, la talla, dicen los especialistas, de los hombres de 200 metros-, de la progresión prodigiosa a los 30 metros, suave, elegante, fino tobillo, abriéndose paso entre los rivales por la calle cuatro con la facilidad de quien corta seda, sin ruido.

Todos los que han escrito de Pognon, todos los técnicos, creen que si no es este año, el próximo sí que podrá con el récord del mundo, con los 6,39s que Mo Greene estableció en Madrid hace siete años. "De todas maneras", explicaba recientemente el propio Greene, "es una marca inferior a lo que valgo. Ningún gran velocista corre los 60 metros de una manera completa. Yo cuando hago 60 metros los hago como si estuviera corriendo los 100, y la marca es como un tiempo de paso".

Hay una estadística única. Dice que todos los velocistas con 6,46s o menos en los 60 metros bajan, antes o después, de los 10s en los 100 metros. Los teóricos afinan más y dicen que quien corre los 100 en 9,92s debe pasar por los 60metros en 6,46s. Bambuck, entonces, podrá ser plenamente feliz. Un francés podrá con la barrera que para él fue infranqueable. Será Pognon, el de la voz suave, tímida. "Sí, será rapidísimo", aventura Mo Greene, "pero antes deberá aprender a superar la presión. Está en un continente, en el que cualquier joven que apunta se convierte en una estrella mediática. En Estados Unidos sólo salimos en los periódicos cuando ganamos medallas olímpicas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de marzo de 2005