Cartas al director
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EE UU e Irak

En su carta del pasado domingo, el portavoz de la Embajada de Estados Unidos, John Law, repite lo que en los últimos años hemos oído hasta la saciedad: "Por décadas, el pueblo iraquí ha sido sometido a la tiranía sangrienta de Sadam Husein y al régimen baazista". Lo que el señor Law se olvida de añadir (como el resto de los apologistas que ahora muestran tanta dedicación a la "democracia" en Irak) es que durante décadas Estados Unidos apoyó esa misma tiranía sangrienta y al régimen baazista, comenzando por el tácito apoyo al golpe de 1963 y continuando en los años ochenta durante las peores atrocidades de Sadam Husein, como su guerra contra Irán (causando más de un millón de muertes) o su represión interna.

Estados Unidos ofreció amplia ayuda a su ex cliente durante todo este tiempo sin que su "sangrienta tiranía" importara en lo más mínimo, como por ejemplo ilustra la visita a Bagdad del candidato presidencial republicano Bob Dole en abril de 1990. Todo esto sucedió cuando muchos de los que ahora ocupan su puesto en Washington servían a las Administraciones de Reagan y Bush I (John Negroponte, Donald Rumsfeld, Colin Powell, Elliott Abrams, Paul Bremer, etcétera) y todo este tácito apoyo a la dictadura continuó hasta que el tirano en cuestión desobedeció órdenes para invadir ilegalmente Kuwait en agosto de 1990. EE UU devolvió su ayuda al tirano después de la primera guerra del Golfo, en marzo de 1991, cuando el Ejército norteamericano negó acceso a material capturado a rebeldes chiíes y autorizó a Sadam Husein hacer uso del espacio aéreo para reprimir la rebelión con anticipada brutalidad.

El compromiso de EE UU con la "democracia" en Irak también puede ilustrarse con los 13 años de sanciones económicas por las que se estima que han muerto cientos de miles de civiles por malnutrición y enfermedad, como también se ilustra con los bombardeos ilegales de 1993, 1996 y 1998 (denunciado, entre otros, por la ONU), o por la invasión ilegal de marzo de 2003, que por el momento ha terminado con 100.000 iraquíes, según The Lancet.

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Todo esto ha sucedido sin que los ex aliados de Sadam Husein que ahora ocupan sus cargos en Washington hayan tenido la mínima decencia de admitir su complicidad en estos crímenes, lo que significa que no podemos tomarnos en serio las afirmaciones del señor Law y que EE UU no puede estar en Irak para contribuir "en su esfuerzo por salir adelante", sino más bien para controlar la segunda reserva petrolífera mundial, como los hechos básicos enseñarán a todos aquellos que no opten por la ignorancia voluntaria.

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