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Reportaje:

El síndrome del 'corazón roto'

Un choque emocional puede causar una cardiopatía con los mismos síntomas que un infarto

Una noticia de fuerte impacto emocional o una situación de alto estrés pueden desencadenar la liberación de sustancias que actúan como un tóxico para el músculo cardiaco y provocan una afección aguda con síntomas muy parecidos a un infarto, pero sin sus consecuencias, ya que el proceso es reversible. Diferenciar este síndrome de un infarto es un reto.

Está comprobado: recibir una mala noticia como, por ejemplo, la inesperada muerte de un ser querido, puede debilitar gravemente el músculo del corazón y provocar un fallo cardiaco. Esta cardiopatía, conocida popularmente como el síndrome del corazón roto, tiene aparentemente los mismos síntomas que un ataque al corazón pero sus causas y evolución son muy distintas, según han descubierto un grupo de científicos de la institución médica Johns Hopkins de Baltimore (Estados Unidos).

El estudio, que aparece en el último número del The New England Journal of Medicine, pretende arrojar un poco más de luz sobre esta patología llamada miocardiopatía por estrés y, sobre todo, evitar que sea mal diagnosticada y que se confunda con el clásico infarto de miocardio. Aunque estos pacientes llegan al hospital con los típicos síntomas de padecer un ataque de corazón (dolor de pecho, respiración corta e insuficiencia cardiaca), las posteriores exploraciones demuestran que no tienen las arterias ocluidas, ni dosis elevadas de enzimas cardiacos y que el daño producido en el corazón no es irreversible. Además, su recuperación es mucho más rápida: al cabo de pocos días su corazón ya está mucho mejor y en el plazo de dos semanas la recuperación es completa.

Las exploraciones muestran que los pacientes no tienen las arterias ocluidas

Distinguir el tipo de ataque es muy importante: "Una vez atendimos a una mujer que había acudido al hospital para hacerse una biopsia y saber si tenía cáncer o no. El estrés emocional que le causó la prueba hizo que se dispararan sus niveles de adrenalina y que la sangre no llegara a su corazón, pero antes de decidir operar miramos cómo estaban las arterias y al observar que estaba bien, decidimos esperar. Al cabo de un rato el corazón empezó a bombear con normalidad", explica en conversación telefónica Ilan S. Wittstein, director del estudio y profesor de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

Otra de las características de este síndrome es que no se suele repetir en una persona que lo ha sufrido. En el plazo de cuatro años ninguno de los pacientes estudiados tuvo una recaída, lo que lleva a pensar que es muy poco probable que vuelva a tener una insuficiencia cardiaca a lo largo de su vida. "En Japón se ha observado durante diez años a este tipo de pacientes, y en ningún caso se ha producido una recaída", sostiene Wittstein.

Los cardiólogos estadounidenses observaron durante cuatro años, de noviembre de 1999 a septiembre de 2003, cómo algunas personas reaccionaron a una situación de estrés emocional liberando a la sangre altas dosis de catecolaminas, especialmente adrenalina y noradrenalina, junto con otras proteínas que normalmente produce el sistema nervioso cuando está excitado. Los niveles de estas sustancias encontrados en los pacientes que habían sufrido una miocardiopatía por estrés eran entre dos y tres veces más altos que en aquellos que habían sufrido un ataque al corazón y entre siete y 34 veces más altos que lo normal.

Aunque se desconoce cuál es el mecanismo exacto que hace que las hormonas involucradas en una situación de choque emocional debiliten el corazón, los cardiólogos creen que estas sustancias se convierten temporalmente en elementos tóxicos que debilitan el músculo y producen los mismos síntomas que un infarto pero sin dañar las células.

"Tras observar una serie de casos del síndrome del corazón roto vimos que estos pacientes presentaban unas características clínicas distintas y al principio costó encontrar una explicación ya que se trataba de gente que gozaba de buena salud y presentaba pocos factores de riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca", aseguró Wittstein. De no haber acudido al hospital, una tercera parte de estos pacientes habría muerto, según el cardiólogo.

Otro de los datos que más llaman la atención es que 18 de las 19 personas que participaron en el estudio eran mujeres de entre 27 y 87 años. La media de edad, sin embargo, fue de 63. ¿Por qué las mujeres mayores tienen más riesgo de sufrir el síndrome del corazón roto? De momento no se sabe. "Por alguna razón que desconocemos las mujeres mayores parecen ser más propensas", señala Wittstein, que apunta una posible causa: "Se sabe que los estrógenos pueden proteger el corazón, y podría ser que éste se volviera más vulnerable cuando aparece la menopausia y el cuerpo de las mujeres produce menos cantidad de esta hormona".

En la mitad de los pacientes, el síndrome del corazón roto se desencadenó tras conocer la noticia de la inesperada muerte de un familiar o amigo. Otros activadores de la miocardiopatía por estrés identificados en el estudio fueron un accidente de coche, miedo de hablar en público, una fiesta sorpresa, tener que aparecer ante un tribunal, haber tenido una fuerte discusión y haber sido víctima de un robo a mano armada.

Aunque no se sabe con exactitud cuál es la prevalencia del síndrome, el equipo de Wittstein cree que hay más casos de los que en realidad se diagnostican y que después de que los cardiólogos conozcan su estudio, se diagnosticarán más casos, aunque "también es importante decir que en ningún momento serán tan comunes como los episodios tradicionales de ataque de corazón", matizó. Desde que se dio a conocer el estudio la semana pasada, Wittstein ha recibido muchos correos electrónicos de médicos y pacientes refiriéndoles casos que no fueron bien diagnosticados en su día.

Diagnóstico diferencial

Que los cardiólogos diagnostiquen bien el síndrome del corazón roto y no lo confundan con un ataque cardiaco es fundamental, según el doctor Ilan Wittstein. "Sufrir un ataque de corazón puede provocar un gran impacto psicológico en los enfermos", dice Wittstein, "y, además, tiene muchas consecuencias en el futuro historial médico de esta persona por todos los riesgos asociados a los infartos". Un ejemplo: buscar un seguro médico o de vida puede ser mucho más complicado y caro después de haber tenido un ataque.

Las personas que sufren el síndrome del corazón roto no tienen, como ocurre en los infartos, un fallo cardiaco porque un coágulo de sangre bloquee la arteria. Por ello, según el cardiólogo estadounidense, muchos doctores no saben cómo explicar a los pacientes por qué han sufrido un ataque. "Estas personas salen del hospital sin saber qué les ha pasado y con el miedo de que vuelva a ocurrir".

La medicación y el tratamiento también varían en un caso u otro y lo más importante de todo es que se puede evitar tener que pasar por una operación a corazón abierto. "En los casos clásicos de ataque de corazón, los cardiólogos suelen mirar sólo una vez cómo está el miocardio, y como asumen que habrá quedado dañado no lo vuelven a observar antes de dar de alta al paciente", explica Wittstein, quien resalta la importancia de volver a observar el músculo del corazón para que el paciente sepa si está dañado o no. En algunos casos, un buen diagnóstico ha evitado una operación a corazón abierto.

La importancia del estrés

El cardiólogo catalán Valentín Fuster, director del Instituto Cardiovascular de la Escuela de Medicina Mount Sinai de Nueva York y presidente de la Federación Mundial del Corazón, asegura que él también ha visto casos del síndrome del corazón roto y que a pesar de que son "infrecuentes" son una "realidad". Fuster, sin embargo, resalta la importancia que tiene el estrés, y no sólo el choque emocional puntual, en el desarrollo de las enfermedades coronarias.

El prestigioso cardiólogo explica que el estrés puede provocar distintos problemas en el corazón. Por un lado, según Fuster, la adrenalina que el cuerpo produce en una situación de estrés agudo también puede provocar coágulos de sangre, ocluir las arterias y provocar un infarto. En este caso estaríamos ante un clásico ataque de corazón inducido por el estrés pero con las mismas características que un infarto de miocardio. "Este tipo de estrés emocional también puede producir ataques", señala el cardiólogo catalán.

En segundo término entre las consecuencias del estrés, menos frecuente es el síndrome del corazón roto, que ocurre cuando el músculo del corazón recibe el impacto de los altos niveles de adrenalina después de que la persona haya sufrido un choque emocional.

En última instancia, Fuster habla de los efectos que el estrés crónico puede tener en el corazón: "El estrés crónico es indirectamente un factor de riesgo para la salud del corazón, aunque todavía no esté probada su relación directa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de febrero de 2005

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