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Necrológica:

Lúcia de Jesús, la última sobreviviente de los pastorcillos de Fátima

La vida de Lúcia de Jesús dos Santos (Fátima, Portugal, 1907) fue larga, pero extremada y sorprendentemente discreta si tenemos en cuenta que esta mujer estuvo en el origen de uno de los mayores cultos marianos del mundo: Fátima. La última sobreviviente de los tres niños pastores que afirmaron ver a la Virgen María en 1917, en Fátima, murió el domingo, a los 97 años de edad. Muy enferma desde hace varios años, su fallecimiento era esperado por la jerarquía de la Iglesia católica portuguesa, que recibió la noticia con "serenidad", según el obispo de Oporto, Armindo Lopes Coelho. La discreción con que Lúcia vivió toda su vida permitió la creación de una existencia plenamente autónoma y consolidada del Santuario y del Mensaje de Fátima, totalmente separada de la vida de la hermana Lúcia, añadió el presidente de la Conferencia Episcopal lusa, Januário Torgal Ferreira.

Lúcia tenía 10 años cuando afirmó haber visto y hablado con la Virgen María el día 13 de mayo de 1917. Sus primos Jacinta (de 9 años) y Francisco (de 7), con quienes compartía su trabajo de pastora, corroboraron la historia de Lúcia, pero afirmaron que nunca habían podido escuchar y hablar con la "Blanca Señora", que les visitó otras seis veces hasta octubre del mismo año. Lúcia, la única interlocutora de la Virgen, se transformó, por eso, en la pieza clave del Mensaje de Fátima, que insta al culto de la Virgen y alerta sobre la persecución que han sufrido los católicos por parte del comunismo laico. Sus primos murieron en 1920, víctimas de una epidemia de gripe, y fueron beatificados por Juan Pablo II en 2000, en Fátima, ante 700.000 personas.

Sólo a finales de la década de 1920 la Iglesia decidió dar oídos a la vidente de Fátima que seguía viva. Fue entonces trasladada del colegio de las Hermanas Doroteas del Vilar (Oporto) a un colegio en Tuy (Galicia). En 1946 volvió a Portugal y vivía desde 1948 en el convento carmelita de Santa Teresa (en Coímbra). A lo largo de todos estos años, sólo volvió cuatro veces a Fátima: en 1967, cuando el papa Pablo VI estuvo en el santuario, y en 1982, 1991 y 2000, para acompañar a Juan Pablo II. Pocas veces más fue vista en público; solo abandonaba su clausura para consultar al médico o para votar. Nunca concedió una entrevista.

Los mensajes crípticos que dijo haber recibido de la Virgen los registró en cinco tomos de Memorias que fue escribiendo a petición de varios obispos. En ellos se refiere a las primeras partes del "secreto de Fátima": la visión del infierno y la conversión de Rusia al culto de María. La última y tercera parte fue revelada por el Papa en 2000. Se trata de la visión de "un hombre vestido de blanco" que camina en una ciudad "en ruinas" y es asesinado por "un grupo de soldados". La Iglesia vio en esta descripción el atentado contra Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1981, en la plaza de San Pedro.

Pese a su importancia para la historia del catolicismo portugués -3,75 millones de personas visitaron el santuario el año pasado-, Fátima es asunto polémico en Portugal y el blanco de duras críticas por parte de algunos religiosos lusos. Los críticos y algunos estudiosos del fenómeno denuncian el "aprovechamiento" que hizo la dictadura portuguesa y la Iglesia de la historia de los pastorcillos, tres niños casi analfabetos que desconocían palabras como Rusia, por ejemplo. El historiador Luís Filipe Torgal, autor de una obra sobre Fátima, considera que Lúcia "fue aprovechada para las lecturas políticas de cada momento histórico" y destaca que existen "contradicciones profundísimas" entre lo que contaron los niños hasta 1920 y lo que escribió la última sobreviviente dos décadas después. En declaraciones a la agencia Lusa, el historiador explica que las primeras versiones de los tres pastorcillos eran muy vagas, sin alusión al comunismo y que la cuestión de Rusia sólo aparece en las Memorias de Lúcia. Inicialmente, el caso de Fátima "es utilizado como reacción católica a la primera República, anticlerical"; después, a partir de 1930, la dictadura de derechas y la Iglesia "tienen recelo de que el comunismo triunfe en España, con la Guerra Civil, y se reconstruye un nuevo mensaje de Fátima, que combate el comunismo".

La muerte de Lúcia provocó la conmoción entre los católicos portugueses. Docenas de personas visitaron ayer la capilla ardiente con sus restos mortales. El Gobierno luso decretó un día de luto nacional, dada su importancia para el catolicismo de "todo el mundo", y dos partidos políticos (de centro-derecha) suspendieron la campaña electoral para las legislativas del próximo 20 de febrero.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de febrero de 2005