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Crónica:

El Getafe resucita a contracorriente

El grupo de Sánchez Flores empata al Atlético jugando con uno menos desde el final de la primera parte

Hay pequeñas anécdotas puntuales que explican por sí solas una situación general. Por ejemplo, el gol del Atlético. Torres se quedó solo, en carrera, y estrelló el balón contra Sánchez Broto, que es el portero del Getafe. El balón, rebotado, le llegó a Salva, que armó veloz la pierna para disparar a bote pronto...sobre el cuerpo de Sánchez Broto. Finalmente Jorge acertó a meter la pelota en la portería ajena. Una curiosa paradoja. Un gol ejemplar para mostrar la falta de gol de los rojiblancos, que habían acumulado tantas ocasiones en los dos últimos partidos de Liga -Betis y Real Madrid- que parecía imposible que nunca, por los siglos de los siglos, metiesen la pelota en el lugar adecuado, y no en los postes, o en las manos, el cuerpo o los pies del portero, o la gente que se amontona en los fondos, o el aire que rodea a los tres palos.

GETAFE 1 - ATLÉTICO 1

Getafe: Sánchez Broto; Pulido, Belenguer, Nano, Pernía; Vivar Dorado, Cotelo, Rivas, Riki; Craioveanu (Albiol, m. 80) y Míchel (Pachón, m. 46 [Yordi, m. 71*>.

Atlético: Leo Franco; Molinero, Gª Calvo, Perea, A. López; Ibagaza, Sosa (Jorge, m. 35), Luccin, Gronkjaer; Torres y Salva (paunovic, m. 50).

Goles: 0-1. M. 35. Sánchez Broto detiene un disparo de Torres, el rechace lo coge Salva, Sánchez Broto repele el balón y Jorge marca.

1-1. M. 64. Pachón remata un centro de Riki.

Árbitro: Ramírez Domínguez. Amonestó a Antonio López, Sánchez Broto, Perea, Gª Calvo, Cotelo. Expulsó a Pulido (m. 45).

Unos 13.000 espectadores en el Alfonso Pérez.

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Así, cuando eran once contra otros once, ganaba el Atlético. El Getafe se quedó con un jugador menos en el último minuto del primer tiempo. Empató en el 64. Pudo ganar. En el fútbol pasan cosas así. Raras.

El Atlético, mecido por la inercia del buen juego desplegado ante el Madrid el domingo pasado, salió tocando la pelota rápido, de un lado a otro y del otro al uno, y descolocando al Getafe. Tuvo dos ocasiones en los primeros diez minutos y Gronkjaer -que, definitivamente, suma muchísimo al equipo del Manzanares- desesperó a Pulido, hasta el punto de que éste, antes de concluir el primer tiempo, ya había visto dos amarillas y, consecuentemente, la roja que le mandaba a la ducha-. Pero esa actitud gustosa por la velocidad y el juego con intención duró poco.

César Ferrando, que ve bien estas cosas, se percató de que su equipo ya no tenía el balón. De que Ibagaza estaba escondido en la esquina derecha. Y metió en el campo a Jorge por Sosa. Así, el canario pasaba a ocupar el puesto del exilio en la banda y rescataba a Ibagaza para el centro. No hubo tiempo para calibrar el verdadero efecto de la sustitución. Jorge marcó al minuto de entrar en el campo. Y todo cambió. el Getafe se deshinfló hasta el descanso. No resucitó hasta el gol de Pachón. Otro ejemplo. En este caso de las enseñanzas de Sánchez Flores a sus muchachos. El Getafe tocó hasta diez veces la pelota antes de que Pachón empujase en el segundo palo un centro de Riki. El Getafe jugaba con uno menos. y, sin embargo, el segundo tiempo fue suyo. Al Atlético le sentó mal el gol en contra.

Diego Rivas estuvo el año pasado en el Atlético. Provenía del Getafe, a donde llegó desde el Atlético B. Jugó muy poco. No daba la talla. Y en diciembre regresó a Getafe entristecido y muy enfadado con su representante, Manuel García Quilón, con quien rompió tras su rocambolesca peripecia. El centrocampista fue capaz de comerse el centro del campo del Atlético, primero a Luccin y Sosa, oscuros, y más tarde subvertir el orden establecido por Ibagaza. Rivas le quitó el balón al Atlético y lo puso a correr a favor de los intereses del Getafe. No sirvió para que ganase. Pero dio que pensar sobre ese efecto extraño que atenaza a algunos futbolistas en el Calderón. Resulta que Rivas sabe hacer su oficio bastante bien. También Vivar Dorado.

El Getafe comparte algunos problemas con el Atlético. Sin ir más lejos, la falta de gol. También algunas virtudes, como la utilización astuta de las faltas y los saques de esquina. Casi todo el peligro del conjunto del sur de la capital llegó así. Incluso un libre directo de Craioveanu que se estrelló contra el palo izquierdo de Leo Franco. El reloj marcaba el minuto 57. Craioveanu se dejó caer de rodillas al suelo con la cara tapada por las manos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de enero de 2005