Reportaje:

El 'via crucis' del autobús urbano

La elevada frecuencia de paso de las unidades y la cobertura insuficiente de las líneas disuaden a los clientes de Alicante

Las constantes obras urbanas, el abuso del vehículo particular en detrimento del transporte público, y la indisciplina viaria convierten a Alicante en una ciudad sumida en un continuo caos circulatorio que ha empeorado sus condiciones medioambientales, según los ecologistas.

Para reducir el impacto del coche privado, colectivos cívicos y grupos conservacionistas exigen al Ayuntamiento una mejora del servicio de la red de autobuses municipales que no goza de buena reputación entre sus usuarios. La elevada frecuencia de paso de las unidades y la cobertura insuficiente de las líneas son dos de las principales razones que ahuyentan a la clientela.

Casi 33 millones de pasajeros utilizaron hasta octubre el autobús público de la ciudad, según datos facilitados por Subús, mercantil que explota el servicio TAM (que conecta la ciudad con su comarca) desde 1998. La cifra representa un aumento del 1,6% de los usuarios de las líneas de Masatusa -autobuses urbanos de color rojo-, y los pasajeros de la Alcoyana -unidades interurbanas de color azul-. Sin embargo, estos datos ilustran la "escasa" aceptación que tiene este servicio entre los ciudadanos, según interpreta el concejal socialista en el Consistorio alicantino, Domingo Martín. Para Ecologistas en Acción, que el número de usuarios haya crecido el 1,6% significa que la ciudad "da pasos hacia atrás" en la utilización del transporte público. Un dato sintómatico sobre la aceptación de este transporte dado que el colectivo de usuarios potenciales se ha disparado a causa de los inmigrantes.

Los datos ilustran la escasa aceptación del transporte público entre los alicantinos
Un estudio alerta del riesgo del exceso del número de pasajeros en los autobuses

Frente al tímido crecimiento del empleo del transporte público, Alicante es la tercera provincia española con mayor número de matriculaciones de vehículos. En el caso concreto de su capital, el 95% de los coches circula con un único pasajero.

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Estos condicionantes convierten a Alicante en una ciudad intransitable, castigada por una caótica circulación con atascos permanentes que repercuten en la calidad del transporte público. La lentitud del tráfico rodado acarrea, por tanto, que los autobuses circulen a una velocidad comercial media de 13 kilómetros a la hora, dato facilitado por la empresa. "El tiempo que emplea el autobús hasta alcanzar cualquier punto de destino es el mismo que emplearía un peatón a pie", ironiza el concejal socialista. Además, añade, el trayecto de las líneas de autobuses apenas ha variado desde que se diseñaron hace más de 15 años, sin atender al espectacular crecimiento de la ciudad.

Este periódico trató sin éxito de localizar algún estudio oficial sobre la movilidad urbana en Alicante. Hay que retroceder siete años atrás para encontrar El Informe sobre las deficiencias del Transporte Público Urbano de Alicante, elaborado por la Plataforma Ciudad Habitable en 1998. Entonces, las conclusiones de este estudio ya alertaban de las clamorosas carencias de un transporte público que disuade a los potenciales clientes de utilizarlo. Estos déficits lejos de mejorarse se han enquistado, según Javier Cobela, uno de los autores del estudio y miembro de Ecologistas en Acción.

La organización denuncia que la mayoría de las líneas circulan entre las 6.00 y las 22.30, desatendiendo la franja horaria nocturna, a excepción de fines de semana. El informe considera que la frecuencia de paso no es suficiente para atender la demanda. Así, agrega el estudio: "En determinadas líneas y horarios, el elevado número de pasajeros produce aglomeraciones por encima del número máximo de plazas por vehículo". Esta situación puede resultar "peligrosa" para el usuario. En hora punta, la imagen de autobuses atestados hasta la cabina del conductor es idéntica siete años después.

El continuo incumplimiento en el horario del paso previsto del bus deriva en una "total falta de fiabilidad" y, por tanto, en un servicio "de baja calidad". "En ocasiones se producen aglomeraciones en un autobús retrasado, seguido inmediatamente por otro de la misma línea que circula casi vacío". La velocidad comercial experimentó un descenso desde 1988, con valores por encima de los 15 kilómetros a la hora. En la actualidad, registran una velocidad por debajo de los 12 kilómetros a la hora en el caso de las líneas urbanas.

Una lenta opción

Lunes, 8.30 horas. Una decena de usuarios del autobús impacienta en la parada del barrio Altozano-Conde Lumiares de Alicante. En plena hora punta, dos autobuses repletos hasta la cabina del conductor pasan como una exhalación ante la imposibilidad de acoger más usuarios. La situación acaba por desesperar a los peatones, que ya suman la veintena. ¡Esto es una vergüenza. Todos los días estamos igual!, exclama enojada una mujer de mediana edad. Cinco minutos después llega otro autocar. Los usuarios suben y comienzan a recriminar al conductor por la tardanza, que roza los 25 minutos de espera.

Esta escena se repite diariamente en muchas de las líneas del autobús, único medio de transporte público de Alicante, a excepción del sector del taxi y del tranvía, cuya implantación es residual (sólo transcurre por la costa).

Fuentes del Grupo Subús informaron de que en lo que va de año, sus oficinas recabaron un total de 699 quejas de usuarios. Una cifra insignificante, toda vez que desde octubre de 2003 y hasta el mismo periodo de este año, sus líneas transportaron a 33 millones de usuarios. No obstante, desde el Grupo Subús apuntaron que todo servicio público es puede y debe ser mejorado.

El colectivo Ecologistas en Acción advierte de que "la alternativa del autobús pierde atractivo cuanto más tiempo se emplea en los desplazamientos". Una de las causas de la lentitud de los autocares es el indisciplinado uso del coche. "Esta situación entorpece el tránsito del bus, afectando a su regularidad y a su velocidad". Además, a esto se suma el incumplimiento sistemático de la disciplina viaria, donde los vehículos particulares no respetan los carriles-bus, estacionan en las paradas de las líneas y en doble fila, extremo que dificulta la fluidez del transporte público.

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