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Editorial:

El futuro de la ONU

Un comité de sabios acaba de hacer público un informe con 101 propuestas para la reforma democrática de la ONU, por encargo de Kofi Annan. El documento contempla, entre otras medidas, la ampliación del Consejo de Seguridad de 15 a 24 países, aunque se ofrecen diversas fórmulas anticipando las resistencias a aumentar la actual cifra de cinco miembros permanentes. El plan debería ser discutido por los 191 socios a fin de que muchas de las recomendaciones sean aprobadas por la Asamblea General en septiembre de 2005, coincidiendo con el 60º aniversario de la Carta de Naciones Unidas. La reforma era ya imperativa a principios de los noventa tras el fin de la guerra fría; hoy resulta inaplazable, después de la guerra de Irak.

El informe llega en el peor momento para Kofi Annan, a quien le llueven las críticas desde los sectores más conservadores del Congreso de Estados Unidos y de varios medios de comunicación de ese país por sus manifestaciones contrarias a la guerra de Irak. En plena campaña electoral americana, Annan calificó de "ilegal" la intervención militar y censuró la ocupación de Faluya por parte de los marines. No puede ser casual que en estas últimas semanas hayan aflorado desde Washington todas las irregularidades y escándalos que presuntamente se han cometido en la ONU durante los ocho años que Annan lleva al frente. Su segundo mandato vence en septiembre de 2006, pero ya hay quienes sugieren forzar su dimisión desde la órbita del Gobierno de Bush. No parece factible ahora mismo porque cuenta con el apoyo firme de China, Rusia y Francia, tres de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Desde diversos ángulos, incluido el sindicato de empleados de la propia organización, se ha decidido activar el ventilador de la basura y responsabilizar al secretario general de corruptelas que trascienden a su persona. La primera, por encima de todas, es la del programa Petróleo por Alimentos, creado en 1998 para paliar las consecuencias del embargo contra la población iraquí y supervisado por el Consejo de Seguridad. Desgraciadamente para Annan, el escándalo ha salpicado a un hijo suyo. Habrá que esperar lo que determine la investigación independiente sobre el presunto fraude. Pero, sin duda, forzar la salida de Annan dificultaría aún más la posibilidad de poner en marcha la reforma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de diciembre de 2004