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Piden 30 años de cárcel para el rumano que retuvo a 5 clientes de un banco

El acusado, de nacionalidad rumana, retuvo a cinco personas

La Fiscalía de Madrid solicita casi 30 años de cárcel para el inmigrante rumano que, el pasado 26 de mayo de 2004, entró en una sucursal del Banco Bilbao Vizcaya de Alcalá de Henares y mantuvo como rehenes durante más de seis horas a cinco clientes del local. El acusado, Ovidiu Anton, de 19 años, sembró el terror entre los clientes (nueve de ellos lograron escapar por el ático) al decirles que llevaba una bomba en la cintura.

Además, portaba dos pistolas, con las que encañonó a varios empleados de la sucursal para que le dieran todo el dinero que había en la entidad. El reo, durante la larga negociación que mantuvo con la policía, llegó incluso a hablar a través de una emisora de radio para exponer sus reivindicaciones a cambio de liberar a los rehenes.

Luego resultó que no llevaba ninguna bomba y que las pistolas con las que encañonó a los empleados de la entidad eran de aire comprimido y que sólo una de ellas lograba disparar bolas de plástico de 6 milímetros.

Según el escrito de acusación del fiscal, los hechos ocurrieron así: eran las 12.30 del pasado 26 de mayo cuando Ovidiu "entró en la suscusal del BBVA situada en la calle de los Libreros, números 8 y 10, de Alcalá de Henares". El acusado, quien se hallaba ilegalmente en España y desprovisto de documentación, guiado "por un ánimo de lucro", conminó a uno de los empleados del banco, José Manuel F. T., a que le entregase el dinero. Lo hizo tras encañonarle, cuenta el fiscal, con una pistola KWC, modelo Desert Tagle, y con otra modelo Micro Uci. Ambas armas eran "de aire comprimido y la primera de ellas sólo apta para disparar bolas de plástico".

Seguidamente, y con ambas pistolas, se dirigió al resto de personas que había en la entidad y gritó: "Todo el mundo al suelo, esto es un atraco". A la vez, les advirtió que llevaba una bomba adosada a su cuerpo y que la haría estallar si no seguían sus instrucciones.

Zona acordonada

La sucursal ocupaba dos plantas. A las personas que había en la planta baja, donde están las ventanillas de la caja, les dijo qu se tumbasen en el suelo y no se movieran. Aunque poco después dejó que se marchasen todas las mujeres que había en el local y varios clientes. "Acto seguido entró en un despacho y exigió al empleado que allí había, Juan Antonio G. D., todo el dinero. Logró reunir", señala el fiscal, "algo más de 35.000 euros, así como 28 dólares norteamericanos". Guardó todo el dinero en una bolsa y dejó ésta en el suelo". En ese momento, la policía ya había sido alertada del secuestro y los agentes acordonaban la zona.

Mientras Ovidiu reunía el dinero en la planta baja del banco, oyó ruido en la parte superior y mandó a otro empleado a que le informase de lo que "ocurría allí y de quién había". En realidad había nueve personas, que fueron avisadas por el empleado de lo que estaba ocurriendo. Éste les aconsejó que se encerrasen. Horas después, estas personas lograron huir a través del ático del edificio, tras abrir la policía un boquete en el techo.

Mientras, abajo, la policía comenzó a negociar con el secuestrador, quien dejó salir a todos los rehenes menos a cinco de ellos. Sobre las dos dela tarde, el acusado dejó salir, además, al cliente José L. M., y más tarde, sobre las 17.40, liberó al también rehén Ignacio Antonio M. S.

"Despues de negociar con las autoridades, el acusado recibió diversos bienes; entre ellos una televisión, agua y bocadillos para él y los rehenes que aún quedaban dentro", señala el fiscal. Le dieron la televisión porque ese día varias cadenas estaban emitiendo en directo el secuestro. El reo pidió hablar por la radio y le dejaron, todo ello con la finalidad de que "suavizase sus posiciones". Así, sobre las 19.20 liberó a otro rehén y poco después, en lo que ya era un goteo de liberaciones, al resto. Finalmente, y al verse rodeado, él se entregó a la policía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de diciembre de 2004