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Los extranjeros y el petróleo, en la diana

En los últimos 18 meses, unas 170 personas han muerto víctimas de ataques terroristas en Arabia Saudí. Entre los fallecidos hay extranjeros y nacionales, pero no cabe duda de que los primeros son el blanco principal de los radicales islamistas vinculados a Al Qaeda. El otro gran objetivo de los terroristas son las instalaciones petroleras. Además, buena parte del buen funcionamiento de la industria petrolera saudí, la mayor del mundo, recae sobre trabajadores extranjeros.

En mayo pasado, el terrorismo dio su más sonado golpe contra la terminal de Yanbu, el principal puerto petrolífero sobre el mar Rojo, desde el que parte el oleoducto que cruza el reino saudí de este a oeste, hasta desembocar en las terminales de Al Jaima y Ras (cabo) Tanura, el mayor puerto petrolero del mundo, desde donde salen entre cuatro y cinco millones de barriles diarios. Un segundo atentado, casi simultáneo, se produjo en Ras Tanura. Ambos golpes provocaron que el precio del crudo se disparara a un máximo de 14 años.

Ayer el mercado reaccionó igual. El precio del barril del petróleo llegó a encarecerse casi un dólar, hasta superar los 40 en el mercado de Londres y los 43 en el de Nueva York tras conocerse la noticia del atentado. Aunque éste no afectó a la industria petrolera, el hecho de que cinco terroristas hayan podido penetrar un consulado estadounidense fortificado ha puesto los pelos de punta a los intermediarios petroleros.

El ataque reavivó la preocupación de que nuevos ataques puedan llegar a interrumpir el suministro de crudo a los mercados desde el principal productor del mundo. El mercado petrolero sabe que Arabia Saudí es irreemplazable como primer proveedor de crudo del mundo a corto y medio plazo. Los otros grandes productores de la OPEP, sus vecinos de Irán, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, a los que se añaden Venezuela y Nigeria, pueden llegar a tener entre todos la mitad de las reservas que tienen los saudíes, unos 260.000 millones de barriles. Ni siquiera con la suma de grandes productores ajenos al cartel como Rusia, Noruega y México se puede batir el potencial saudí.

Hace mucho que Al Qaeda aprendió que si quiere perjudicar a la monarquía saudí, a la que acusa de complicidad con Occidente, debe dirigir sus ataques contra la industria petrolera y los extranjeros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de diciembre de 2004