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CARTAS AL DIRECTOR

La muerte de Arafat

Arafat ha muerto y ha sido enterrado. Y con él han muerto y han sido enterradas las esperanzas e ilusiones de todo el pueblo palestino. Esto, que muchos pueden calificar de falso, pesimista, o carente de sentido y de rigor, se verá cómo, con el paso del tiempo, va tomando forma.

Nadie en el mundo ha hecho tanto y ha logrado tanto por el pueblo palestino como el fallecido líder. Y aunque muchos han intentado denodadamente desprestigiarle, demonizarle e incluso, como en el caso de Israel, enterrarle en vida, la figura de Arafat ha representado mucho más que esta sencilla simplificación. Arafat ha levantado a todo un pueblo y ha logrado que algunas veces hasta la comunidad internacional le haya tenido que dar, muy a su pesar, la razón en sus demandas, aunque luego, a causa de la frontal y total oposición israelí y la de Estados Unidos, de nada haya servido a su causa: tienes la razón, pero nosotros tenemos el poder y las armas para impedir que la razón y la verdad triunfen.

Palestina, tras la muerte del líder, está condenada, y prueba de ello es que Israel celebra su muerte, Estados Unidos respira mejor tras la desaparición de "un problema", y Europa "espera" a ver qué sucede ahora. Si alguien espera que la ausencia de Arafat sea una esperanza de solución del problema palestino-israelí, está muy engañado. Sharon tiene ahora más vía libre para hacer lo que le apetezca, ya que la voz y la oposición de Arafat han dejado de ser "un incordio". Repito: al tiempo me remito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 2004