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Editorial:

Más vale que no fume

El anuncio de que en 2006 entrará en vigor una normativa que prohibirá comprar o vender tabaco a los menores de 18 años y fumar en los lugares de trabajo cerrados, y que limitará severamente la posibilidad de hacerlo en bares y restaurantes, entre otras restricciones, es un avance muy importante en un asunto en el que España figuraba entre los países más atrasados. Pero tan importante como la aprobación de las nuevas medidas es que el Gobierno demuestre su voluntad de hacerla cumplir estableciendo mecanismos ágiles de control y sanción para quienes no la observen, no vaya a ocurrir lo mismo que con la ley de 1988, que se incumple en el 75% de los espacios que establece como "libres de humo".

Es deseable que la nueva normativa entre en vigor con el acuerdo y la colaboración de los agentes afectados, en particular bares y restaurantes. Pero sus legítimos intereres económicos en ningún caso deben reducir las medidas de protección de la salud que la ley va a aplicar en beneficio tanto de fumadores como de no fumadores. De la misma manera que la mayor parte de los fumadores que dejan el tabaco llegan a la conclusión de que es mucho más fácil de lo que habían imaginado, también las dificultades de aplicación de la ley serán menores de lo que estos establecimientos temen. El ejemplo de Irlanda es muy ilustrativo. La alarma de los propietarios de los pubs cuando, en marzo pasado, entró en vigor la prohibición total de fumar en estos establecimentiento se ha revelado infundada. No sólo no han dejado de ir los fumadores, sino que han vuelto a ir muchos de los no fumadores que huían del aire enrarecido. Pese a su severidad, la normativa se cumple en el 96% de los casos.

Luchar eficazmente contra el tabaquismo no sólo es necesario, sino posible. Las medidas están perfectamente acreditadas. Allí donde se aplican, la mortalidad disminuye. Pero el primer obstáculo es de carácter cultural: oncólogos y cardiólogos no cesan de alertar sobre la excesiva tolerancia social frente al tabaco, primera causa de mortalidad evitable. Si la sociedad ha llegado a tomar conciencia de que los 4.000 muertos anuales por accidentes de tráfico es una cifra inasumible, qué no decir de un hábito como el tabaquismo, que cada año causa la muerte de más de 50.000 españoles y unos costes sociales de 3.500 millones de euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 2004