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TERRORISMO INTERNACIONAL

Los paquistaníes detenidos en Barcelona enviaron dinero a la cúpula de Al Qaeda

Los giros fueron cobrados por tres colaboradores de Khalid Sheikh Mohamed, cerebro del 11-S

Los diez paquistaníes detenidos en Barcelona el pasado 15 de septiembre enviaron dinero a tres hombres de Khalid Sheikh Mohamed, presunto cerebro del 11-S y ex número tres de Al Qaeda, según ha quedado acreditado en el estudio de las transferencias y giros postales que efectuaron los miembros de esta banda de delincuentes que falsificaban documentos y robaban tarjetas de crédito. El rastro de Khalid Sheikh Mohamed ha sido detectado en España en otras dos investigaciones judiciales. Estados Unidos se niega a que jueces españoles interroguen al ex jefe de Al Qaeda.

El rastro del ex 'número tres' de Al Qaeda fue hallado en España en varias investigaciones

La sombra de Khalid Sheikh Mohamed vuelve a aparecer en España y demuestra la penetración que altos dirigentes de Al Qaeda han logrado en territorio español. Hasta su detención en Pakistán en 2003, este kuwaití que estudió en EE UU y abandonó su carrera por hacer la yihad, fue el planificador de dos de las principales acciones terroristas de Al Qaeda: el 11-S, y el 11-A en Yerba (Túnez), cuando un suicida al volante de un camión bomba se lanzó contra una sinagoga y asesinó a 19 personas. En los dos ataques terroristas Khalid se sirvió de la infraestructura de la que disponía en España.

Ahora surge una nueva huella del terrorista kuwaití en territorio español. Los diez paquistaníes detenidos por los Mossos d'Esquadra por su presunta vinculación con grupos radicales islamistas enviaron dinero a tres miembros de Al Qaeda capturados por la policía paquistaní en una operación policial desarrollada en el 2004, según señalan fuentes de la investigación. Uno de los detenidos murió en el trascurso de aquella redada. Los tres eran hombres de Khalid Sheikh Mohamed, según la información que han remitido a España las autoridades de Pakistán.

Los giros postales se enviaron a Pakistán en 2004 y para los investigadores de la Guardia Civil, la policía y los Mossos d'Esquadra sirvieron presuntamente para financiar a grupos terroristas paquistaníes asociados a Al Qaeda. "Este dato objetivo sustenta la sospecha inicial que tuvimos sobre la presunta militancia de los detenidos en un grupo terrorista", señala uno de los responsables de la investigación.

Los detenidos llegaron a obtener hasta 18.000 euros diarios con la falsificación de tarjetas bancarias y la venta de pasaportes falsos. Todos los indicios apuntan a que parte de ese dinero lo enviaban a Karachi e Islamabad para financiar actividades terroristas, según coinciden fuentes de la Guardia Civil y la policía, quienes aventuran que las indagaciones serán muy largas.

La redada contra los paquistaníes la ordenó el juez Ismael Moreno, titular del Juzgado de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional, y en el registro de los pisos donde residían, en los distritos de Ciutat Vella y Nou Barris, se encontraron cincuenta vídeos del sistema VHS con imágenes de la torre Mapfre, el hotel Arts, el Maremàgnum y del World Trade Center, este último en el Puerto de Barcelona.

El hotel Arts y la torre de Mapfre, los dos edificios más altos de la Barcelona, están en la Villa Olímpica. Ambos fueron grabados por los detenidos tres meses después del 11-S y reflejan numerosos detalles de las construcciones. "No son unos vídeos de turista. Se recrean en los edificios y están grabados desde diversos ángulos", señala un oficial de la Guardia Civil. Cuando los Mossos d'Escuadra preguntaron a los detenidos sobre el contenido de las películas todos aseguraron que desconocían su contenido.

En el registro, la policía catalana encontró fotografías en las que varios de los detenidos aparecen con armas, otro dato que hace sospechar a las fuerzas de seguridad que los paquistaníes eran algo más que delincuentes. También se les incautaron libros y folletos sobre Al Qaeda, Osama Bin Laden, así como publicaciones religiosas. Los agentes localizaron asimismo 200 gramos de heroína de gran pureza.

El juez Moreno decretó prisión incondicional para los diez detenidos por presuntos delitos de falsificación de documentos y contra la salud pública, pero pidió que se investigaran sus presuntas vinculaciones con el terrorismo islamista. El jueves pasado, el magistrado, a petición del fiscal, amplió su acusación a los delitos de terrorismo y decretó el secreto del sumario. Pese a mover grandes cantidades de dinero, los paquistaníes vivían en dos pisos alquilados y en condiciones que los investigadores califican de "miserables".

La pista de Khalid Sheikh Mohamed se sigue en España desde 2001. En julio de ese año, Mohamed Atta, el jefe de los pilotos suicidas del 11-S, y Ramzi Binalsibh, el coordinador del atentado, se reunieron durante dos semanas en Tarragona para preparar los detalles últimos del ataque terrorista. El egipcio Atta informó al yemení Binalshibh de los objetivos y le comunicó los nombres de algunos miembros del comando terrorista. Este último le entregó cadenas y pulseras de oro para que cuando secuestraran los aviones se hicieran pasar por ricos saudíes. En un viaje a Murcia los dos terroristas obtuvieron de un falsificador argelino pasaportes y visados falsos. Durante aquel encuentro, Binalshibh comunicó desde España con Khalid Sheikh Mohamed, entonces en Karachi (Pakistán), y le informó de todos los detalles de la operación para que éste los trasladara a Bin Laden.

Otra huella de Khalid en España quedó marcada tras el atentado de Al Qaeda el 11 de abril de 2002 contra una sinagoga de Yerba (Túnez). Walid Naouar, el hermano del suicida que estrelló un camión bomba, telefoneó siete veces a Enrique Cerdá, de 39 años, un empresario valenciano. Las llamadas se produjeron un mes antes del atentado y el teléfono del español lo facilitó Khalid Sheikh Mohamed, según asegura un informe de los jueces franceses Jean Louis Brugiere y Jean Francois Riçard remitido a la Audiencia Nacional. Cerdá, directivo de una empresa de cerámica, manejaba varias cuentas de un paquistaní que se hacía llamar Essa Ismail Muhammad, Issa de Karachi. La Guardia Civil sospecha que Issa de Karachi podría ser el propio Khalid, pero Cerdá niega conocer a este último y no lo ha reconocido fotográficamente. De cualquier forma, el paquistaní con el que Cerdá trató durante varios años ha desaparecido y no ha vuelto a contactar con él.

Issa de Karachi pedía a su amigo valenciano que hiciera determinados pagos por los que presuntamente este último cobraba una comisión. Cerdá fue detenido en 2003 y en el auto de prisión el juez Ismael Moreno señaló que las operaciones bancarias se hacían con talones, cheques y pagarés, a veces firmados en blanco por sus titulares.

En la sede de la empresa donde trabajaba Cerdá, la Guardia Civil localizó un fax en el que el paquistaní le pedía que pagara 5.720 euros a un tal Abdallá Jafar. Los investigadores creen que Abdallá era alguien próximo al entorno de Nizar, el terrorista que perpetró el atentado de Yerba. El Servicio de Informacion de la Guardia Civil cree que ese dinero, si realmente se pagó, sirvió para financiar el atentado contra la sinagoga.

El empresario de Valencia aseguró en una conversación telefónica intervenida por el juez que si se enteraba la policía de esos pagos le harían "un desgraciado". "CIA, Bin Laden, aquí nos vamos a montar", dijo otra vez a un amigo. No obstante, todo apunta a que el empresario desconocía lo que se movía tras su amigo paquistaní. La defensa de Cerdá y su familia proclaman su inocencia y aseguran que Issa de Karachi era sólo un cliente.

El cerebro del 11-S tenía más colaboradores en España. Según el informe de los jueces franceses, Khalid telefoneó entre el 21 y el 22 de marzo de 2002 a Nizar, el suicida de Yerba, y le preguntó por qué no había contactado con un tal Rukhsar, que vivía en Logroño y regentaba un locutorio. El terrorista le dijo que había extraviado su teléfono y el paquistaní le facilitó un nuevo número. Rukhsar también fue detenido en 2003 por la Guardia Civil. Movió tres millones de euros mediante el wahala, un sistema de préstamos, basado en la confianza, que utiliza Al Qaeda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de octubre de 2004