Crítica:XXI FESTIVAL DE JAZZ DE MADRID
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Las ideas claras

Hubo lleno la noche del viernes: pronto quedó claro que la mayoría fue a escuchar a Tomatito. Poco importó que el tocaor escenificara la más perfecta de las ceremonias de la confusión; él, y quienes le rodeaban, un "quién es quién" del nuevo flamenco, cada cual tirando por su lado y sin que nadie viniera a poner orden en el asunto. Pudiera tratarse de una minera por bulerías como de unos tangos flamencos, lo que resultaba era un batiburrillo de sonoridades contrapuestas apuntando en todas las direcciones posibles. Tan cierto como que no faltaron los hallazgos aislados lo fue que abundaron los encontronazos no deseados. Solo la taranta inicial, interpretada por el guitarrista a solas, y la cadencia semijazzística de la rumba con la que dio término al recital, introdujeron algo de cordura, y de jondura, en medio del caos. Pero el almeriense se tenía ganada la partida antes de tocar y aún hubo quien prefirió irse según concluyó con su parte.

Tomatito y Javier Colina

Tomatito, guitarra; Paquete, segunda guitarra; Mª Ángeles Fernández, voz; Juan de Juan, baile; Diego Amador, bajo y mandola; Bernardo Parrilla, violín; Lucky Losada, percusión. Javier Colina, contrabajo; Pancho Amat, tres; Perico Sambeat, saxo; Manuel Machado, trompeta; Moisés Porro, percusión; Majito, percusión; David Montes, voz. Centro Cultural de la Villa, Madrid. 22 de octubre.

Se quedaron sin lo mejor, que vino con Javier Colina y su septeto atípico. El contrabajista navarro ha reunido sus querencias por la música latina y el jazz en un conjunto que interpreta los estándares de jazz al modo latino, y los latinos como un conjunto de jazz. Tiene junto a él a distinguidos miembros de la colonia cubana en Madrid y al tresero Pancho Amat, un monstruo, en el mejor sentido de la palabra; también tiene a Perico Sambeat, músico para todo, a quien, en este festival, escucharemos por partida triple. Pero, sobre todo, Colina se tiene a sí mismo. Por una vez, el músico, de natural recatado, accedió a desparramar sus esencias con generosidad. Tratándose de instrumento tan delicado como el suyo, tiene mérito que sus intervenciones nunca quedaran fuera de lugar ni faltaran en ningún momento a los dictados de la correcta entonación. Colina y los suyos interpretaron un repertorio a caballo entre lo jazzístico y lo latino. Por si no nos enterábamos, el propio contrabajista declamó algunas letras llamativas, como la de Flor de pantano, de Graciano Gómez. "Cuando la hallé en el hondo precipicio del repugnante lodazal humano...".

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