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GRANDES TEATROS DE ÓPERA (7)

Mortier en París

VUELVE GÉRARD Mortier a la ciudad donde desempeñó en la década de los setenta junto a Rolf Liebermann y Hugues Gall diversos trabajos para la Ópera Nacional. En 1985, cuando estaba al frente de la Ópera de Bruselas, fue nombrado director del proyecto Opéra-Bastille, cargo del que dimitió unos meses después.

En el teatro de 2.700 plazas, levantado como un intento de ópera popular, Mortier va a presentar algunos de los espectáculos estrella de su primera temporada: Pelléas et Mélisande, de Debussy, a partir del lunes, en una reposición del montaje de Robert Wilson, compartido por el Festival de Salzburgo y la propia Bastilla; San Francisco de Asís, de Messiaen, su título fetiche y primera nueva producción en París, con dirección escénica de Stanislas Nordey, diferente a las de Sellars y Kabakov para Salzburgo y la Trienal del Ruhr; y, sobre todo, Tristan e Isolda, de Wagner, con el debú operístico como escenógrafo de Bill Viola, arropado por artistas de la talla de Peter Sellars, Esa-Pekka Salonen, Ben Heppner y Waltraud Meier.

Dos de los espectáculos de la Bastilla este año están coproducidos con el Real: La flauta mágica, de Mozart, con Minkowski y La Fura dels Baus, estrenada en la Jahrhunderthalle de Bochum, dentro de la Trienal del Ruhr, y Desde la casa de los muertos, de Janácek, con escenografía de Eduardo Arroyo, una variación sobre lo que supuso el debú de Mortier en Salzburgo en 1992.

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