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CARTAS AL DIRECTOR

Bilingüismo

Me llamo Begoña y soy bilingüe. Y según el señor Gregorio Salvador, insigne vicedirector de la RAE, para mi vergüenza. Nací hace 33 años en un pueblecito de El Bierzo (León) y hace casi 31 que vivo en Barcelona. En su afán por mejorar su situación, mis padres cometieron la "afrenta lingüística" de instalarse en Cataluña y no en Valladolid, así que aquí crecí, educándome en ambos idiomas, "contaminándome", que diría el señor Salvador. Hablo con mi familia en castellano. Con mi marido, habitualmente en catalán, aunque a veces también el castellano. Con su familia, catalanes de origen, me comunico en catalán. Mi marido con la mía, en castellano. En ambos idiomas escribo, leo libros y periódicos, veo películas, "tele", obras de teatro... Nada especial, una situación común aquí.

El señor Salvador, que tan alto proclama que el idioma debe propiciar el "entendimiento colectivo" debería felicitarnos, pero desde la tribuna de la Universidad Menéndez Pelayo, y al más puro estilo de "una, grande y libre", nos riñe por "dejar la segunda lengua del mundo por una lengua pequeña". ¿Es consciente de la cantidad de gente monolingüe que pisotea el diccionario cada vez que abre la boca? ¿Qué es eso de que en muchas zonas donde antes el castellano se hablaba y se escribía muy bien el panorama está cambiando por culpa del bilingüismo? ¿Desde cuándo el conocimiento de un saber borra otro saber? ¿Nos cree incapaces de dominar dos lenguas a la vez? Es el propio interés de la gente y su afán de conocimiento y mejora el que propicia el buen uso de cualquier idioma, grande o pequeño, todos igualmente respetables. Quizá deberíamos dejar de buscar cabezas de turco y hablar de las deficiencias educativas y culturales de nuestro país, donde muchísimos universitarios (de Alcalá, Santiago o Girona, tanto da) son incapaces de puntuar un texto o redactar veinte líneas con una mínima coherencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de septiembre de 2004