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Bush reclama para EE UU el liderazgo contra el terrorismo

El candidato republicano afirma que tiene un plan para "un país más esperanzador"

George W. Bush aseguró anoche a la convención republicana que aclamó su candidatura que EE UU "quiere un liderazgo firme, coherente y de principios". Convencido de que seguirá en la Casa Blanca, el presidente expuso sus planes para un segundo mandato. Desbrozado el camino de los durísimos ataques contra su adversario, Bush no necesitó lanzarse a la yugular de John Kerry, porque ya lo habían hecho por él Dick Cheney, Zell Miller y Rudy Giuliani.

Ignorando más bien a su rival demócrata, Bush prometió luchar contra los terroristas "no por orgullo ni por poder, sino para que EE UU sea un lugar seguro".

Bush habló a los 5.000 delegados y miles de invitados que abarrotaban el pabellón de deportes y espectáculos más famoso de EE UU -el Madison Square Garden- desde una plataforma en medio de la pista, para que las cámaras llevaran a todo el país su imagen no en un escenario, sino rodeado de personas. En un discurso de 40 minutos, el presidente habló sobre estos cuatro años -la guerra contra el terrorismo, la economía y los impuestos y la educación- y sobre su "visión de futuro". "Me presento a las elecciones con un plan claro y positivo para construir un mundo más seguro y una América más esperanzadora", dijo. Después de recordar el 11-S y de justificar la guerra de Irak, el presidente se presentó como la opción más adecuada para dirigir al país en estos tiempos. En contraste, la Convención ha querido pintar al demócrata Kerry como un hombre indeciso, cambiante y contradictorio.

Bush afirmó que EE UU "seguirá a la ofensiva contra los terroristas en el extranjero para no tener que sufrirlos aquí" y que habrá una victoria en esa guerra. Sobre sus planes tras el 2 de noviembre, Bush dijo que los estadounidenses deben aprovechar los cambios en la economía y la producción: "Muchos de nuestros sistemas básicos -el código fiscal, el seguro médico, los planes de pensiones, la formación profesional- se crearon para el mundo de ayer, no el de mañana. Transformaremos estos sistemas para que todos los ciudadanos estén equipados y preparados, y por tanto libres, para tomar sus propias decisiones y perseguir sus sueños". "Lo que ofrezco", aseguró, no son sólo nuevos programas, sino "un camino de más oportunidades, más libertad y más control sobre la propia vida". En ese camino ofreció mantener los recortes fiscales, que los trabajadores puedan colocar parte de sus impuestos para las pensiones en fondos privadosy seguir con las reformas en educación y salud.

Bush casi no habló de Kerry, porque los anteriores oradores no pararon de hacerlo. El miércoles por la noche, un crispado y demoledor Zell Miller, el senador demócrata que -ironías de la política y ejemplo de cómo ha cambiado todo- pronunció el discurso de presentación de Bill Clinton aquí mismo hace 12 años, arremetió contra su aún compañero de partido sin piedad: "Durante más de 20 años, en todo lo relacionado con la libertad y la seguridad Kerry se ha equivocado más, ha vacilado más y ha sido más débil que cualquier figura nacional", dijo Miller, que mencionó el nombre de Kerry en 16 ocasiones, todas para censurarle, como cuando dijo: "Kerry permitiría que París tomara decisiones sobre cuando EE UU necesita defenderse". Miller acabó así: "En este momento de peligros, nuestro presidente ha tenido el valor de dar la cara; y este demócrata está orgulloso de dar la cara con él".

Más frío, pero no menos letal, el otro ataque de la noche contra Kerry estuvo a cargo de Dick Cheney, machacando el mensaje de que cambia de opinión con frecuencia: "Su ir y venir refleja un hábito de indecisión y envía un mensaje de confusión", dijo el vicepresidente, según el cual el demócrata "no entiende" el momento que EE UU y el mundo viven después del 11-S. "Kerry dice que ve dos Américas; pero el asunto es mutuo: América ve dos Kerrys". El vicepresidente, que mantendrá la tarea de asestar los golpes bajos, afirmó que Bush "jamás pedirá permiso a nadie para defender a los estadounidenses", y dijo: "Un senador puede equivocarse durante 20 años. Pero un presidente siempre tiene la última palabra, y en estos tiempos de desafío, EE UU necesita, y tiene, un presidente con el que podemos contar para hacer las cosas como es debido".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de septiembre de 2004