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Crónica:Atenas 2004 | BALONCESTO: UN SUEÑO ROTO

Marbury aniquila a España

El base de los Knicks, con 31 puntos, 18 de ellos en triples, da a Estados Unidos la victoria en un duelo intenso

Stephon Marbury salió de una profunda crisis de juego para atormentar a España con una espectacular serie de triples, todos determinantes porque el encuentro fue magnífico, con cortas ventajas de Estados Unidos, que sólo se estiró en los últimos dos minutos. Marbury, base de los Knicks, leyenda de las calles de Nueva York desde que era un crío, anotó 31 puntos, 18 de ellos en triples, con un porcentaje tan alto de acierto (67%) que cabe preguntarse si no habría sido necesario un antídoto. España no utilizó nunca la caja y uno para detener al francotirador que acribillaba su canasta. Fue curioso ver cómo el baloncesto despliega extraños misterios. Marbury llegó al partido entre críticas, muy razonables a la vista de sus estadísticas en los encuentros anteriores: 4,2 puntos de promedio, 20% de acierto en los tiros, 13% en los triples. Cifras ridículas que no anunciaban su demoledor partido frente a España. Pero a Marbury, que no es el más consistente de los jugadores, le salió uno de esos días que le convierten en un base temible. Con Marbury a la cabeza, Estados Unidos ganó el partido donde menos se esperaba. Este equipo de tiradores bajo sospecha o, simplemente, sin tiradores puros, se impuso en el juego exterior: 36 puntos en triples (55% de acierto) dicen todo lo que ocurrió en un duelo intenso, muy bien jugado por España con un irresistible Gasol.

ESPAÑA 94 - ESTADOS UNIDOS 102

España: Calderón (19), Navarro (17), Jiménez (3), Gasol (29), Garbajosa (12) -cinco inicial-; De la Fuente (2), Reyes (2), Rudy Fernández (6), Dueñas (2) y Comas (2).

Estados Unidos: Marbury (31), Iverson (16), Jefferson (6), Odom (11), Duncan (9) -cinco inicial-; Boozer (12), Marion (8), Wade (4), James (0), Anthony (3) y Stoudemire (2).

Árbitros: Aylen (Australia) y Reyes Ronfini (México). Excluyeron por personales a Odom (m. 35) y Jiménez (m. 40).

Pabellón OAKA. Unos 19.000 espectadores.

4º CUARTO

3º CUARTO

2º CUARTO

1º CUARTO

25-25

18-19

24-30

27-28

El equipo de Pesquera sólo merece el elogio. Ha devuelto el entusiasmo a los aficionados

Del carácter de Gasol habla su actuación en un partido que sacó lo mejor de él. Fue imparable en el primer tiempo (18 puntos), con movimientos poderosos y rápidos en el poste alto y en el bajo, donde Lamar Odom y Amare Stoudemire se vieron superados constantemente por los reversos de Gasol, que atacó el aro con virulencia. Anotó, sacó faltas personales a todo el mundo y tuvo el aire dominante de los grandes jugadores. Gasol fue el referente del equipo en el primer tiempo, muy discutido por dos equipos que jugaron un excelente baloncesto. Estados Unidos ofreció su mejor actuación en los Juegos. Abandonó sus tendencias caóticas y funcionó de manera colectiva: movió el balón con paciencia, encontró las manos adecuadas y nunca cayó en ingenuidades. Sólo cometió ocho pérdidas de balón. Sus chicos más jóvenes, LeBron James y Carmelo Anthony, apenas fueron espectadores en el banquillo, aunque Anthony tuvo algo que ver en la derrota española. Sólo salió dos minutos, pero su triple en el último instante del tercer cuarto fue una cuchillada para España. Cuatro puntos de desventaja (67-71) se convirtieron en siete.

Excepto las graves dificultades para detener a Marbury, el plan de España funcionó perfectamente durante todo el encuentro. Es cierto que Gasol dio síntomas de fatiga en un par de acciones sencillas que no pudo convertir y que Mario Pesquera debió valorar la necesidad de darle un descanso. Pero su importancia en el equipo era demasiado grande para prescindir de él. A su poderío anotador (29 puntos) añadió un factor que desestabilizó a los estadounidenses durante todo el encuentro. Metió en problemas de faltas a Tim Duncan, Lamar Odom y Carlos Boozer, los tres hombres que se ocuparon de Gasol. Garbajosa utilizó su habilidad para jugar de fuera a dentro y añadir más problemas a la defensa de Estados Unidos. Aunque Carlos Jiménez y Felipe Reyes dieran algunas señales de nerviosismo, el juego interior español fue irreprochable.

El equilibrio del primer tiempo (43-44) vino determinado por la actuación de Marbury y Gasol. Cada uno, en lo suyo, operaba como factor decisivo. En otras cuestiones, España solucionaba con eficacia algunos viejos problemas. Por una vez funcionaba el rebote defensivo, carencia que había puesto en peligro al equipo en encuentros anteriores. Tuvo mérito que la mejoría se produjera ante los atléticos jugadores estadounidenses, unas fieras para limpiar los tableros. Ayudó la ausencia de Duncan. Cometió dos faltas en el arranque del partido y sólo pudo intervenir a pleno gas en el segundo tiempo. Por una vez dejó el protagonismo a otros actores: Marbury y Allen Iverson, que calentó motores en el tercer cuarto y acabó haciendo mucho daño al equipo español con sus tiros y penetraciones. Gasol encontró la colaboración de Garbajosa y Calderón, cuya actuación en los Juegos le ha convertido en el respetado base que necesitaba la selección. Incansable, valiente, con un sentido competitivo muy agudo, Calderón siempre estuvo donde se le necesitó. Su breve ausencia en el final del tercer periodo y el comienzo del cuarto generó un estado evidente de irregularidad en el juego. Lo aprovechó Estados Unidos, que subió el margen de ventaja de cuatro a ocho puntos. Fue entonces cuando la selección entró en crisis. No tanto por que cometiera errores conceptuales, sino por su incapacidad para solucionar jugadas sencillas. Gasol no encestó a un metro del aro y perdió el balón al cruzar un mal pase. Se le notaba un punto de fatiga. Navarro, que jugó un partido de picos y bajos, mezcló los convenientes triples del primer tiempo con varios lanzamientos desperdiciados en los momentos decisivos. En el otro lado, Marbury era un martillo. España comenzó a asumir que su situación era crítica. A dos minutos del final, su desventaja era de ocho puntos. El partido tenía el aire roto que favorecía el juego rápido y contragolpeador de los norteamericanos. La derrota fue irremediable en un gran partido, uno que requirió la mejor y más ortodoxa versión de los estadounidenses y la espléndida actuación de España, cuyo torneo sólo merece el elogio. Este equipo ha devuelto la vibración al baloncesto y el entusiasmo a los aficionados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de agosto de 2004