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Crónica:Atenas 2004 | NATACIÓN

Escabechina en los 50 metros

Ni opov, mito por excelencia de la prueba, ni Van Hoogenband lograron pasar a las semifinales

Pocas veces se ha asistido a una escabechina semejante en la natación. Ocurrió por la mañana, bajo un sol abrasador. Se disputaban las series de 50 metros libres, algo parecido a una explosión de adrenalina que se cobró varias víctimas imprevistas. El holandés Pieter van den Hoogenband, el ganador de los 100 metros, no se clasificó, posiblemente fatigado por tanto esfuerzo. Pero el drama se centró en el ruso Alexander Popov, el mito por excelencia de una prueba que ha dominado durante 12 años. Ante el estupor general, tampoco entró en las semifinales. Su fascinante trayectoria, con múltiples medallas y récords, se terminó de la forma más imprevista: una mañana de agosto, en las series matinales, frente a nadadores ante los que nunca tuvo problemas.

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Pocas despedidas han producido tanto desaliento entre los aficionados. Popov no ha tenido ningún papel relevante en Atenas. Con 32 años, es difícil pensar en un futuro de éxito. Hace ocho se recuperó milagrosamente de una cuchillada en los pulmones que casi le costó la vida. Su retorno aumentó la admiración que despertaba desde sus victorias sobre el norteamericano Matt Biondi en los Juegos de Barcelona 92. Lo que no logró la cuchillada de un vendedor de melones lo conseguirá la erosión de la edad y la fatiga competitiva. Popov siempre ha dicho que salta a nadar porque se divierte. Su paso por los Juegos ha sido cualquier cosa menos divertido.

Sin Popov ni Van den Hoogenband, la prueba abrió un abanico de nuevos favoritos. No es el caso de Gary Hall, que es cualquier cosa menos nuevo. Fue la gran esperanza estadounidense frente al mejor Popov, el que venció en los Juegos de Atlanta 96 en los 50 y los 100 metros. Hall lleva el código genético del nadador muy marcado. Es hijo y nieto de grandes campeones. Se ha colgado ocho medallas y es un referente de la natación estadounidense.

Hall se lanzó con rabia en las series matinales. Durante las últimas semanas había criticado la decisión de colocar a Phelps en el relevo de 4x100 metros libres. Nunca sospechó que el eliminado sería él. Phelps sustituyó a Hall en los relevos, en los que los estadounidenses fracasaron como nunca lo habían hecho. Sólo por no participar, Hall salió reforzado. En las series matinales se aupó con el mejor tiempo, lo que habla de su carácter competitivo. Fue un día de respiro para su compatriota Jason Lezak, deprimido después de la derrota estadounidense en los relevos y de su fiasco en los 100 metros, en los que no logró entrar en las semifinales. Lezak se clasificó para la final de los 50 metros libres. Eduard Lorente y Javier Noriega no lo lograron.

Su actuación respondió milimétricamente a lo que ha sucedido durante toda la semana. Lorente llegó a Atenas con la cuarta mejor marca del mundo: 22,12s. Ese registro le habría servido para clasificarse con el tercer mejor tiempo. Su marca fue de 22,70s. Naturalmente, no entró en las semifinales. Noriega lo consiguió con 22,52s, a 36 centésimas de su mejor marca personal, la quinta del mundo este año. Por la tarde, ocupó el puesto 13º, con 22,36s. En los Juegos ningún nadador español ha mejorado su mejor registro de la temporada -el equipo femenino de 4x200 metros sí lo consiguió. Los Juegos son el lugar en el que se tiene que alcanzar el pico de forma. No en el caso de los españoles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de agosto de 2004