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Crónica:Atenas 2004 | NATACIÓN: LA GRAN ESTRELLA YA TIENE SEIS MEDALLAS, CUATRO DE ELLAS DE ORO

Bingo de Phelps

El estadounidense disputa su 16ª carrera, gana el oro en los 200m estilos y se clasifica para la final de los 100m mariposa

Michael Phelps camina y nada. Por este orden, sin ayuda de muletas, sin camilleros a su lado, sin un equipo de la UVI que le asista. Sigue igual. El chándal blanco, los pantalones pirata, el gorro bien calado, las gafas y los aparatosos cascos que le transmiten la música de Eminem. No se cansa de nadar, ni de Eminem. Debe de ser un tipo obsesivo. Y resistente. Eso ya se sabe. Ayer disputó su 16ª carrera y puede decirse que Phelps no desfallece. Ganó la medalla de oro en los 200 metros estilos y se clasificó para la final de los 100 mariposa con la mejor marca.

Dicen los expertos que, por muchas cualidades que adornen a Phelps como nadador, ninguna es más importante que su capacidad de recuperación. Los médicos del equipo estadounidense le miden el ácido láctico después de cada carrera para observar la evolución de la fatiga y su poder para recuperarse. Son datos que nadie conoce. Es un misterio que permanecerá guardado en el equipo norteamericano durante algún tiempo. Pero datos anteriores, de otros campeonatos, indican que Phelps es un caso extraordinario.

Hoy le espera el gran día: se enfrentará a Crocker después de hacer la mejor marca

En cualquier caso, es humano. Se le ve más cansado y sólo ha batido un récord

El pasado año, después de batir un récord del mundo, la cifra de ácido láctico que segregó su organismo fue de 5 milimoles por litro. El ácido láctico es una especie de veneno que ataca al músculo por obra del esfuerzo. Cuanto mayor sea la cifra, menor será la respuesta muscular. Los especialistas consideran que las cifras de Phelps están muy por debajo de lo normal. Tras un esfuerzo como el desplegado por Phelps, los nadadores estadounidenses han dado valores de entre 10 y 15 milimoles por litro de sangre.

En cualquier caso, Phelps es humano. Se le ve más cansado. Hasta ahora sólo ha batido un récord mundial, el que consiguió en los 400 metros estilos. Era la primera jornada y las reservas de energía estaban intactas. Luego, llegó el fragor. Por momentos, parece que Phelps vive instalado en el agua. Ayer disputó tres carreras. Una de ellas fue la final de los 200 metros estilos, en los que no tiene rival. Venció con claridad, sin desplegar toda la potencia. Se quedó lejos del récord mundial, pero dejó igual de lejos a sus adversarios, el joven estadounidense Ryan Lochte y el caribeño George Bovell, héroe de Trinidad y Tobago. Hay sitio en el medallero para todo el mundo, menos para España.

Phelps administró la jornada con sabiduría. Se encontraba en un momento de gran exigencia. Se enfrentaba al desafío de los 200 metros estilos -su cuarta medalla de oro- en mitad de los problemas que le acarrean los 100 metros mariposa. Es una carrera que le atormenta desde hace un año, cuando perdió en los Mundiales de Barcelona contra su compañero Ian Crocker. Desde entonces no ha conseguido derrotarle. Phelps se tomó aquella derrota de manera dramática. Colocó en la pared de su habitación un póster de Crocker para recordar la afrenta. Pero en los trials estadounidenses Crocker volvió a vencerle. Con suficiencia además. Para Phelps, la pared que supone Crocker le impide pensar con seguridad en dos medallas de oro: la de los 100 metros mariposa y la del relevo de 4x100 metros estilos. Si Crocker le gana en la final de los 100 metros mariposa, el puesto en el equipo de relevos será suyo y no de Phelps.

Por la mañana, el astro norteamericano nadó casi perezosamente. Consiguió el tercer mejor tiempo. Horas después se vio envuelto en el fregado habitual. Ganó la final de los 200 metros estilos y apenas media hora después salió a recibir la medalla, escuchar el himno, protagonizar el paseíllo frente al público, detenerse para los fotógrafos y regresar al vestuario. Tenía cinco minutos para regresar a la piscina. Le esperaba la temible semifinal de los 100 metros mariposa, con Crocker en la calle adyacente. El momento resultaba muy interesante. Por primera vez se encontraban en la prueba en la que sólo admiten la competencia del ucraniano Serdínov, cómodo vencedor en la primera semifinal.

Crocker viene de una pésima experiencia en los Juegos de Atenas. Su lamentable registro en la prueba de los 4x100 metros libres hundió al equipo estadounidense. Se dijo que acababa de padecer una faringitis. Tampoco mejoró en los 100 metros libres. Se estrelló y no alcanzó las semifinales. Crocker comenzaba a convertirse en el objetivo de los comentarios más dañinos. Sin embargo, en los 100 metros mariposa tiene tantos recursos que puede ganar dormido. Phelps lo sabe y le teme. Se vieron en las semifinales, que siguieron un guión conocido. Crocker arranca más rápido que nadie y Phelps lo hace más lento que casi todos. No es explosivo. Tampoco es un maestro de la salida y de los giros. Crocker pasó primero por los 50 metros, como estaba previsto. Phelps era quinto en ese punto. Por supuesto, no le invadió el pánico. Es de hielo. En el segundo trecho fue intratable. Superó a Crocker y consiguió el mejor tiempo de todos los finalistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de agosto de 2004