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MI AVENTURA | EL VIAJERO HABITUAL

Chile de hoy y de ayer

HACE MÁS de 50 años que Joaquín se casó con mi tía Ramona y dejaron Campo y se fueron a las Américas, a hacerlas, como dicen que les decían entonces los del pueblo. Con ellos se fue otro tío mío -Paco, 17 años recién cumplidos- para cuidar a su hermana, según le mandó su padre. Los que les vieron partir y aún se acuerdan hablan de ilusión, inquietud... Chile quedaba muy, muy lejos, seguramente no eran capaces de hacerse idea de cuánto y de para cuánto tiempo.

Un par de horas después de aterrizar en el aeropuerto de Santiago de Chile, en furgoneta, carretera Panamericana abajo -a la derecha la línea imaginaria del Pacífico, a la izquierda los interminables y bellísimos Andes (tuvimos la suerte de sobrevolar el inquietante Aconcagua en un día muy despejado, aunque ni rastro del hombre de las nieves)-, topamos con el cartel de un pueblo llamado Porvenir, y sin querer mi mente se fue 50 años atrás. Quizá resulte novelesco, pero lo cierto es que un nuevo cartel me devolvió al presente, en este caso el pueblo se llamaba Peor es Nada.

En Curicó estaban todos multiplicados por diez, no sé cuántos hijos, no sé cuántos nietos, y es que 50 años dan para mucho...Al cabo de tanto tiempo y tantas vivencias, resultaba emocionante escuchar a mi tío Paco contar cómo los primeros años soñaba cada noche con que los continentes se juntaban y podía volver andando a España.

De aquí seguimos viaje ya solos en una furgoneta prestada, interminable Panamericana, sin horizonte; Valdivia verde y fresca, como una pequeña Suiza; Temucho, Chillán -un mercado de colores infinitos-; Puerto Montt, un lugar caótico con una zona portuaria imprescindible, y más abajo, mucho más abajo, la inhóspita Punta Arenas (en la plaza central de la ciudad hay instaladas cuerdas para agarrarse cuando sopla el viento, lo cual no impide que cuente con un precioso campo de golf). Y de Punta Arenas a Torres del Paine, colosales, una maravilla natural, otra más, el agua plomiza del estrecho de Magallanes, Tierra de Fuego... a tiro de piedra de la Antártida... algún día. En estas tierras nos recibió Juan, otro aventurero, otro emprendedor del pueblo, y de nuevo vuelta 50 años atrás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de agosto de 2004