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VISTO / OÍDO

Petardos

Me cuesta trabajo ver la psicología de quienes ponen bombas diminutas, petardos, contra un poco de turismo y avisan antes para que no pase nada. O sólo susto, maldiciones, fastidio. El turismo está compuesto de grandes empresas, es la primera exportación española, pero da trabajo a miles de ciudadanos. Muy mal pagados, quemados por el sol y las brasas para asar sardinas o bichos locales, sirviendo a la carrera, sin un chapuzón, durmiendo en la playa o al pie de una barraca: son las primeras víctimas si el turismo se va. Está claro que prefiero estos aficionados a los verdaderos bombarderos y tiradores, a los que matan. Pero no comprendo su objetivo, y me queda la sensación de que una bomba, pequeñita y todo, puede hacer mucho daño: si no se quiere que lo haga, no se pone. No sé si es una "campaña", como dicen los periódicos, o una señal de vida, una manera de decir que no están desarticulados: y que si quisieran, podrían hacer daño, incluso mucho daño. Todo esto si pienso que se trata de la verdadera ETA, y no de aproximados, alevines, aficionados, independientes. Tontos inútiles. El terrorismo es un lenguaje: pero imperfecto y no siempre se entiende. Sobre todo, ahora se ve aumentado por el antiterrorismo, que colabora con él de una manera muy estudiada y muy política: aumenta el miedo, multiplica los daños, lanza avisos por todas partes, nombra nuevos agentes especiales, reduce las libertades de los ciudadanos, se presenta como salvador: para ofrecer su protección.

No pienso en este Gobierno, sino en Bush y, desde luego, en Aznar. El fracaso del intento de desviación del enorme terrorismo islámico de Madrid podría ser una lección de hasta dónde este juego puede resultar inadecuado. En otro tiempo se pensó seriamente en censurar el terrorismo vasco: no publicar sus crímenes suponiendo que, al no tener la "propaganda por el hecho" -viejísima definición-, cesaría. No se pudo: sería una falsedad. Hoy hay dos maneras de ver la cuestión: la de Estados Unidos y la de los españoles. El mantenimiento de Bush -empate técnico- obedece al patriotismo de apoyar el sistema guerrero: hasta el candidato de la oposición hace ridículo militarismo de signos y voces. La española es la de percibir que Aznar aumentó la extensión del riesgo, su autor quiso utilizarlo para sí, tapó que la causa era una guerra que él empezó. Y se fue al cuerno. Estos chicos de los petardos no le van ya a salvar, aunque le prefieran a él.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de agosto de 2004