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El Fórum de Maruja | HUMOR

Ante el debú del señor de los atunes

Recién enterada de que el presidente Rodríguez Zapatero se dispone a atacar a los Atunes Rojos del Mediterráneo (no como el otro, que se limitaba a obligar a volar a las gaviotas azules y a aplaudir los bombardeos aliados sobre Irak), me pongo en contacto con un Experto en Homicidios para conocer el procedimiento, no se nos vaya ahora a hundir la imagen de Talante por semejante pifia. Mi especialista me tranquiliza. No, no veremos a ZP (¡sólo imaginarlo, estremece!), garrote en mano, sacudiéndoles el cráneo a los dichos peces, como suele hacerse en el sur -todos hemos visto sangrantes documentales sobre la dura vida de los atuneros, no digamos ya de los atunes-, sino por un método más cercano al que narra Ernest Hemingway en El viejo y el mar.

¿No fue así, mostrándole un anzuelo -el poder- y atrayéndolo a alta mar, como el presidente ZP condujo a José Bono a su Gobierno?

Veamos:

-Ellos (el otro es Maragall, que acompañará y guiará a Rodríguez Zapatero en esta epopeya marinera) irán en la nave, armados únicamente con un curricán con mucho sedal enrollado y cebos. El sistema tradicional consiste en mostrarle el cebo al atún, que ha venido a cortejar mientras las hembras desovan, y luego atraerle a alta mar soltando sedal. Pero, dado que el presidente es un hombre aficionado a la caña, es posible que los pesque así, que también se puede...

-¡Un momento! -le interrumpo-. ¿Quieres decir que ZP, el hombre que ama a los niños y a los animalitos y a los norteamericanos y a los gibraltareños e incluso a los españoles, va a Destruir Familias de Atunes, por una machada a la Hemingway?

-No tienes ni idea de lo bueno que está el semen concentrado de atún rojo, cocido con un solo golpe de horno y acompañado con verduritas a la plancha. Mucha proteína, y no engorda. Si tienen la suerte de pescar un macho antes de que lo deposite sobre las huevas liberadas por la hembra...

¡Semen de atún! O sea, que el presidente Rodríguez Zapatero no sólo va a asesinar a un magnífico ejemplar que no le ha hecho ningún daño, dejando una viuda más en el mundo, sino que, además, se va a comer el famoso lleteral. Oh, no, no puede ser, lloro para mis adentros. Él, no.

Y, sin embargo, querida cronista -me digo: alguien tiene que quererme en agosto, además de Fina (gracias, reina, por las verduras ecológicas que me has mandado)-, ¿no fue así, mostrándole un anzuelo -el poder- y atrayéndolo a alta mar, como el presidente ZP condujo a José Bono a su Gobierno, y le desactivó para siempre como candidato presidencial, permitiéndole organizarse y airear sus pompas y sus obras? ¿No es propio de él esperar a que el futuro occiso muerda su cebo? ¿Y no era eso lo que los españoles y españolas, los vascos y las vascas, los catalanes y las catalanas, los atunes rojos y hasta sus esposas, estábamos esperando? Alguien lo bastante duro para enderezar esto, cual caña.

-El único problema es que, si elige el procedimiento de la caña -prosigue el Experto- habrá que atarlo.

-¿A quién? ¿Al atún? ¿Encima, atarlo? Pero, ¿esto qué es? ¿Ha vuelto el circo romano?

Y me dispongo a telefonear a Greenpeace para que se descuelguen con un cartel desde lo alto del palo mayor de la nave presidencial (doblemente, si contamos al president Maragall), en señal de protesta.

-¡No, mujer! ¡A él! -mi amigo se regocija-. ¡Al pescador de atunes con caña, atarlo a la silla, para que no lo arrebate el atún!

He comprendido que Tenemos un Problema. Primero, porque nadie puede atar al presidente del Gobierno de España, usted perdone, pero eso no lo va a consentir el servicio de seguridad que estamos pagando entre todos (ni siquiera dejando en funciones, entre tanto, a la vicepresidenta primera). Pero hay algo todavía peor: y es que supongan que, dado su Talante, ZP decida ofrecerle una chance al pez, y pescarlo a cuerpo gentil, sin ataduras. Y, a todo esto, Maragall mirando.

Qué estresante. Es que una no sabe ya qué hacer para que los conductores del pueblo dejen de desafiar al destino en sus veraneos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de agosto de 2004