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Reportaje:

La Eurocopa anima a Portugal

La economía lusa crece por primera vez en seis trimestres, animada por la demanda interna y las importaciones

La economía portuguesa empieza a ver la luz tras año y medio en agonía. Después de seis caídas consecutivas, el PIB creció un tímido 0,1% en el primer trimestre. Los analistas creen que es temprano para el optimismo, pero coinciden en que Portugal puede estar a punto de superar la mayor y más profunda recesión de los últimos 20 años.

El Banco de Portugal estima que la Eurocopa tendrá un impacto del 0,2% en el PIB, lo que le ha llevado a revisar al alza sus estimaciones

Al contrario de lo esperado -y deseado-, la economía portuguesa no ha crecido debido a la recuperación internacional. Portugal sale de los números rojos por factores internos: el aumento de la inversión y el crecimiento del consumo. La inversión registró un aumento del 0,6%, la primera evolución positiva desde el segundo trimestre de 2002 y después de una contracción del 5,6% en los últimos tres meses de 2003. Mientras, las familias portuguesas, que llevaban un año recortando sus gastos, aumentarán el consumo en el 1,6%. De hecho, las importaciones crecieron más que las exportaciones (un 5% contra un 3,8%).

"La evolución del PIB [producto interior bruto] en el primer trimestre de 2004, que debe continuar durante el segundo, está influenciada por un factor puntual, la realización de la Eurocopa 2004", afirma la economista y consultora del Banco Portugués de Inversión (BPI), Teodora Cardoso. "En especial", continúa, "durante el primer trimestre, el crecimiento de la inversión revela esa influencia, visible en la adquisición de vehículos

[por parte de empresas de alquiler de coches] y equipos. En el segundo trimestre deberá registrarse un aumento del turismo y del consumo privado con las mismas características".

El Banco de Portugal (BdP) estima que la Eurocopa 2004, que tuvo lugar entre el 12 de junio y el 4 de julio, tendrá un impacto positivo del 0,2% en el PIB. El efecto producido por el evento en los primeros tres meses de 2004 llevó al Banco Central a revisar al alza sus estimaciones. La economía deberá crecer el 1,25% en 2004, mientras en diciembre la previsión era de un aumento del 0,5%. En 2003, el PIB cayó el 1,3%. "La demanda interna está creciendo más que lo previsto, tanto en el consumo como en la inversión", aseguró Vitor Contâncio, gobernador del BdP, el pasado 8 de julio.

En este contexto, la buena noticia del crecimiento del PIB puede ser un regalo envenenado. "La recuperación tiene que estar motivada por el exterior. No puede ser empujada por el mercado interno", explica José María Brandão de Brito, profesor catedrático de Economía de la Universidad Técnica de Lisboa.

Deuda problemática

El fantasma del excesivo endeudamiento vuelve a sobrevolar sobre Portugal, después de haber sido uno de los principales responsables por la recesión. Aprovechando la ola especulativa y el buen ritmo de crecimiento de finales de los años noventa, los Gobiernos optaron por estimular la inversión, tanto pública como privada. Las enormes expectativas creadas llevaron a un extremo endeudamiento de las familias, las empresas y el sistema financiero, que necesitó recursos externos para facilitar créditos. Además, el Estado tuvo que controlar sus propios gastos, para mantener el déficit público por debajo del 3% del PIB, como exige el Pacto de Crecimiento y Estabilidad de la eurozona (PEC). Suspendió toda la inversión y aumentó los impuestos. Sin estímulos fiscales y con las familias sin poder de compra, también las empresas privadas aplazaron sus inversiones.

"El aumento de los créditos a los particulares no es un escenario deseable. Los agentes económicos deben hacer bien las cuentas y el sector financiero debe analizar bien la capacidad de financiación de sus clientes", advierte Constâncio.

Éste es un momento clave para Portugal. El país puede estar a punto de salir de la recesión, pero no tiene ni un milímetro de espacio libre para dar pasos en falso. Las cifras de los últimos trimestres demuestran que los gastos con la Administración central disminuyeron el 1,4% en 2003 y el 1,5% en el primer trimestre de 2004. Buenas noticias, pero no suficientes. "Todavía queda mucho por hacer para llegar a la consolidación presupuestaria", afirma el economista João César das Neves, antiguo asesor del primer ministro Aníbal Cavaco Silva. Y Bruselas insiste en advertir a Lisboa de que las cuentas públicas no están controladas.

Según el BdP, el PIB crecerá menos del 2% en los próximos dos años, lo que significa que la actividad económica no tendrá capacidad para generar ingresos suficientes que permitan bajar impuestos o aumentar gastos públicos. Una seria advertencia al nuevo Gobierno portugués, que esta semana será nombrado para un periodo de sólo dos años y en vísperas de elecciones. La tentación de gastar dinero para conseguir votos hace temblar los analistas.

"La entrada en un nuevo ciclo electoral es un riesgo serio, agravado por la política de los dos últimos años", destaca Teodora Cardoso. "El perfil del nuevo primer ministro hace temer que este Gobierno sea una especie de comisión electoral", añade Brandão de Brito.

¿Valió la pena el sacrificio de los últimos dos años? "Portugal sale más fuerte de la recesión. Se han dado los primeros pasos para solucionar el problema del déficit y el país podrá enfrentar mejor una nueva coyuntura internacional desfavorable", defiende César das Neves. "En un aspecto, la economía sale más fuerte", explica Teodora Cardoso, para quien los retos de la economía portuguesa siguen siendo los mismos: "Asegurar la estabilidad financiera y llevar a cabo reformas estructurales".

Ésta es una opinión común: el modelo económico portugués está agotado. La mano de obra es demasiado cara para su bajo nivel de cualificación y productividad, que es un 63% de la media europea. Portugal es el país de la UE con menos licenciados (un 9% de la población) y registra bajos niveles de formación profesional. Son problemas que exigen "una estrategia nacional", según Brandão Brito. Pero en Portugal "las estrategias avanzan al ritmo de los ciclos electorales", explica.

El presidente Jorge Sampaio (dcha.) conversa con Pedro Santana, el 7 de julio pasado.
El presidente Jorge Sampaio (dcha.) conversa con Pedro Santana, el 7 de julio pasado.EFE

Dos años de consolidación presupuestaria

El Gobierno del primer ministro José Manuel Durão Barroso, que dimitió el mes pasado para ser presidente de la Comisión Europea, estuvo marcado por la obsesión de controlar los gastos públicos para cumplir el Pacto de Estabilidad. En tiempos de recesión, el objetivo era muy complicado, porque la disminución de la actividad económica no permitió conseguir ingresos para equilibrar las cuentas del Estado.

La política llevada a cabo por Lisboa se centró en congelar salarios, acabar con las contrataciones de funcionarios, suspender la inversión y aumentar los impuestos. Para compensar la falta de ingresos, Durão Barroso optó por vender patrimonio y deudas fiscales a instituciones de crédito para conseguir ingresos extraordinarios. Uno de los mayores costes de esta política fue el social. El desempleo pasó del 4,2% a finales de 2001 al 6,4% en el primer trimestre de este año, y también bajó la inversión en educación.

En términos prácticos, los resultados fueron la disminución en el 1,4% de los gastos con la Administración pública en 2003 y un déficit del 2,8% del PIB en el mismo periodo, después de haberse situado en el 4,1% en 2001. Pero la mayoría de los analistas defiende que no hubo consolidación presupuestaria. Sin ingresos extraordinarios, el déficit portugués en 2003 sería del 5,3%. Por otra parte, la disminución de gastos con la Administración resultó de medidas puntuales que no pueden perpetuarse (no aumentar salarios o no contratar personal).

"Fueron dos años de artificios de contabilidad. El Gobierno no se preocupó en aumentar los ingresos de forma consistente a través, por ejemplo, de una reforma de la maquinaria fiscal", defiende el economista José María Brandão de Brito. Cálculos del propio Ministerio de Hacienda estiman que las deudas al fisco ascienden a 13.800 millones de euros, un 49% de los impuestos cobrados por el Estado.

Por otra parte, la salida en medio del mandato del Gobierno deja aplazada la reforma estructural de la Administración pública portuguesa, que consume el 15% del PIB. El objetivo era bajar estos gastos hasta el 10% del PIB (la media europea) y tener menos de 40.000 funcionarios en 2006. La Administración emplea el 15% de la población activa lusa.

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