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Crítica:

Desmontando a Rambo

Un análisis crítico de las fórmulas de representación artística y literaria de la masculinidad como estrategias de poder en autores como Whitman, Rodin o Genet.

¿Hay algo más transgresor, en términos de representación literaria, que el sadomasoquismo? En el canon de Harold Bloom parece hallarse la respuesta, una musa juvenil que derrama los polvos del autoerotismo sobre el gran Libro de Occidente. Para el crítico norteamericano, Walt Whitman era un fenómeno tan poco masculino como Shakespeare ("que parecía ser bisexual"). En Whitman coexistían la celebración y la angustia en la figura de una especie de Cristo que era la imagen también de la resurrección de una nación. El "yo real" americano humillándose ante la otredad del alma desconocida visualiza el falo como un lugar de peligro. En contra de la opinión de Bloom, luchadores de la vida cotidiana, forzudos remeros, "bomberos uniformados con el juego de músculos viriles que se distinguen a través de los pantalones ceñidos y de las petrinas" describen la forma en que Whitman sentimentaliza la amistad entre hombres y ofrece una cultura homosexual que la propone como un nuevo ideal democrático. En Hombres de mármol, José Miguel Cortés argumenta que la poesía del bardo de Louisiana predica "el intercambio sexual placentero entre varones que reconcilia la libertad individual y la igualdad social".

HOMBRES DE MÁRMOL

José Miguel Cortés

Egales. Barcelona, 2004

247 páginas. 17,50 euros

Autor de ensayos sobre la representación de la masculinidad, como El rostro velado y Héroes caídos, Cortés cierra su trilogía con un análisis de la imagen del cuerpo como signo sociocultural y un cuestionamiento de los estereotipos que aparecen en las obras de escritores y artistas, como el propio Whitman, Rodin, Burroughs, Arno Brecker, L. Riefenstahl, Herbert List, Genet, Mishima, Mapplethorpe o los superhéroes Flash Gordon y el Capitán América. Hombres de mármol es también una traducción personal y actualizada de algunos de los textos clave sobre la cuestión identitaria de Pierre Bourdieu, Judith Butler, Eve Kosofsky Sedwick, Michel Foucault y Brian Pronger, que afirman que el cuerpo es un vehículo metafórico lleno de significados y un efecto de la cultura; que la masculinidad nunca viene dada, sino que es una mascarada que varía según los diferentes contextos y el deseo del hombre por conseguir el máximo poder social y político, lo que le lleva a querer poseer un cuerpo potente que sea la representación simbólica de la influencia que se tiene o desea adquirir. Lo advirtió el hoy estúpidamente glorificado Ronald Reagan, dirigiéndose a un país deprimido por la debacle en Vietnam, la crisis de los rehenes en Irán y el caso Watergate: "Muchacho, anoche vi Rambo. Y ahora sé qué hacer la próxima vez que esto ocurra".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de julio de 2004

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