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HISTORIAS DE LOS 'NUEVOS BARRIOS' | Ensanche de Vallecas

Más de 26.000 pisos, en el aire

Los futuros vecinos del Ensanche de Vallecas contaban con sus pisos en 2004, pero hoy siguen sin estar construidos

El Plan General de Urbanismo de 1997 proyectó la construcción de los nuevos barrios en la periferia de la capital. Son más de 200.000 viviendas repartidas en seis programas, todos ellos tan grandes como capitales de provincia y con una capacidad total para 600.000 personas. Hace años, miles de familias invirtieron su dinero en un piso en los nuevos barrios con la promesa de poder vivir allí en poco tiempo. Hoy, la mayoría de las promociones no ha cumplido, por diferentes causas, con las fechas de entrega previstas, y en la mayoría de los casos ni han comenzado las obras. La incertidumbre sobre cuándo estarán listos sus pisos es causa de miles de dramas personales. En esta serie de EL PAÍS, los afectados cuentan sus historias.

Luis Monar y su esposa tomaron, hace tres años, una decisión importante: comprar su primera casa y poder estrenarla con su hijo de sólo un año. El lugar elegido fue el PAU (Programa de Actuación Urbanística) del Ensanche de Vallecas, el nuevo barrio en el distrito Villa de Vallecas. El piso será modesto, tendrá dos habitaciones y 60 metros cuadrados útiles. La fecha prometida (de palabra) por la empresa promotora, Ortiz Construcciones y Proyectos, para la entrega de su nueva vivienda estaba fijada en el año 2004, como muy tarde a principios de 2005. Hoy, Luis, de 36 años, y su mujer, de 40, viven cada uno en casa de sus padres, separados por las circunstancias. Su hijo ya tiene cuatro años y lo peor para Luis es que apenas tiene tiempo para poder verle como podría hacerlo cualquier padre. La causa: su futura vivienda es todavía un solar, y lo que es aún peor, no saben cuándo estará construida. Ya hay instaladas algunas farolas, construidas las aceras y asfaltadas la mayoría de las calles. Pero las grúas para levantar la inmensa mayoría de los pisos allí previstos ni siquiera están montadas.

El nuevo barrio es como "dos veces Cuenca", insisten los afectados

Como esta pareja, son miles los afectados por las promesas de que su piso estaría listo este año. Promesas que, en todos los casos, se hicieron "de palabra", como aseguran los futuros vecinos, la mayoría de los cuales llevan esperando sus viviendas desde hace años, en algunos casos incluso desde 1998. No se trata de un asunto menor, ya que afecta a todo un nuevo barrio que tendrá 7,3 millones de metros cuadrados y en el que serán construídos 26.049 pisos con capacidad para casi 100.000 personas. "Dos veces Cuenca", como insisten los afectados para explicar la magnitud del problema cada vez que expresan su rabia por lo que consideran "una estafa": ninguna de las seis unidades de ejecución (UE) en las que se divide el PAU ha cumplido con las fechas fijadas para terminar las obras de los pisos, y en la mayoría ni siquiera han comenzado.

Mientras, continúan los dramas personales. Planes de futuro rotos, incertidumbre y rabia, como el caso de Rosa María Pérez, de 35 años. Hace dos, firmó un precontrato para un piso de 89 metros cuadrados y cuatro dormitorios en el PAU. La espera y, sobre todo, la falta de información le han obligado tomar una decisión drástica: "A mi edad es cada vez más difícil tener un hijo, y para cuando nos den el piso ya será imposible", dice Rosa. "Ahora mi pareja y yo no podemos tenerlo porque, entre los gastos del alquiler de nuestra casa y las letras del futuro piso, no podemos permitírnoslo. Un hijo es muy caro", afirma.

La Administración no se considera responsable de esta situación y se niega a hablar de retraso. Según la gerente municipal de Urbanismo, Beatriz Lobón, las fechas de entrega prometidas por las promotoras son "imposibles de cumplir". Eso supondría convertir un suelo rústico en un barrio habitable para miles de personas en sólo siete años (desde la aprobación del Plan General en 1997), "y eso lleva su tiempo", asegura.

Reconoce que la Gerencia de Urbanismo está colapsada por la avalancha de planes y licencias pendientes de concesión. "Estamos haciendo milagros", dice. "¿Cómo iban a estar listos los pisos en 2004 si el el plan de urbanización fue aprobado hace dos años?", se pregunta. "Los compradores no se deben fiar así como así de las gestoras", continúa Lobón. "Deberían informarse en el Ayuntamiento, donde se hace un seguimiento de cada PAU", concluye.

"Fecha de entrega a partir de 2004" aparecía ya en 2001 en la publicidad de algunas promotoras. Es el caso de la promoción de vivienda protegida Atlanta. Estos pisos fueron vendidos sobre plano por la empresa Prorax, que pertenece al grupo de Ortiz Construcciones y Proyectos, SA. Según Andrés Castelló, director comercial de Prorax, sin embargo, su empresa "nunca prometió una fecha concreta, sólo era orientativa". Esa fecha también fue avalada por el concejal delegado de Vivienda, Sigfrido Herráez, del PP. En julio de 1999 aseguró que "durante el primer trimestre de 2001" se entregarían las primeras llaves, proceso que culminaría cuando "en el año 2004 se entreguen casi todas las viviendas, aunque siempre podría atascarse alguna promoción", puntualizó. Herráez sostiene ahora que entonces se refirió a las obras de urbanización del PAU y a la entrega de los 132 pisos que la EMV construirá en el ensanche.

Cinco años más tarde, los más de 300 miembros de la Asociación PAU del Ensanche de Vallecas, (www.paudevallecas.org) todavía se preguntan qué ha sido de todas estas promesas. Pedro Sánchez Pacheco, su presidente, ha llegado a la conclusión de que "con la promesa del 2004, las constructoras se aseguraron suficientes compradores para financiar las obras, imposible de conseguir si hubiesen dicho la verdad desde el principio", asegura. "El problema de este PAU", continúa, "es que la mayoría del suelo está gestionado por empresas privadas que no tienen las mismas limitaciones ni los mismos intereses que las públicas", afirma. "La prueba es que los únicos pisos que van bien son los del Ivima", es decir, 242 sobre el total de 26.000 viviendas proyectadas.

Mientras, Lydia Blanco, de 33 años, se desespera. Trabaja como administrativa y sigue viviendo en casa de sus padres. "El 87% de mi sueldo va para el piso. Mi padre, que ahora está en el paro, es quien me tiene que mantener", explica. En enero fue la última vez que Lydia acudió a visitar la parcela sobre la que se levantará su vivienda de 74 metros cuadrados. "Si ves la parcela piensas: ¿a qué estarán esperando?", se pregunta. "Están las aceras, las farolas, las alcantarillas, e incluso las arquetas de Telefónica". Pero falta su vivienda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de julio de 2004