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El 'roll hoop' salvó a Trulli

Cuando Ayrton Senna sufrió su fatal accidente en el circuito de Imola en 1994, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) inició una campaña de concienciación en pro de la seguridad entre todas las escuderías del Mundial de fórmula 1. Ya entonces se había empezado a trabajar con seriedad en estos aspectos, pero a partir de aquel momento las medidas se multiplicaron hasta llegar a la implantación del crash test y a la mejora de todos los circuitos. Ahora, para que cualquier chasis sea homologado debe pasar una larga serie de pruebas de resistencia frontal, lateral y trasera, y ser capaz de asimilar impactos que alcanzan las dos toneladas -concretamente 120 kilonewtons con una angulación de 30 grados- sin que el cockpit (espacio que ocupa el piloto) salga afectado.

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Entre las mejoras que se han ido introduciendo en los bólidos está la implantación de una parte del coche de extrema dureza llamada el roll hoop. Es la parte más alta del vehículo, donde está ubicada la entrada de aire para la refrigeración del motor. La cabeza del piloto queda justo debajo y, por tanto, es uno de los puntos que deben ser más seguros y sólidos del coche. Antes, la cabeza del piloto quedaba protegida de cualquier vuelco simplemente con una barra metálica curvada muy dura; ahora esta barra ha quedado integrada en el chasis y forma parte del roll hoop, que está construido con fibra de carbono puro y es durísimo.

El accidente de Trulli se produjo porque, probablemente, tuvo un problema en la suspensión trasera cuando iba a gran velocidad y salió lanzado en una curva hacia la izquierda. Afortunadamente, el impacto contra el muro de protección fue lateral y el coche fue perdiendo elementos a medida que iba dando tumbos y pegando contra la pared. Sin embargo, el momento más peligroso se produjo cuando lo que quedaba del coche dio una vuelta de campana. Fue entonces cuando se demostró que el roll hoop tiene una gran utilidad: esta vez ayudó a salvarle la vida a Trulli en Silverstone.

El accidente del piloto de Renault marcó una carrera de las mejores del campeonato, en la que se demostró de nuevo que Michael Schumacher y la escudería Ferrari son los mejores. No importan las circunstancias, ellos siempre ganan.

Se confirmó, además, la recuperación de McLaren y, en mi opinión, volvió a producirse una genial actuación de Giancarlo Fisichella, sexto tras haber salido el último. La nota más triste fue el fallecimiento del director deportivo de Minardi, John Walton, un histórico de la fórmula 1 y un viejo amigo con el que trabajé en Benetton y en Prost. El viernes sufrió un infarto y fue definitivo. Alguien debía dedicarle esta carrera.

Joan Villadelprat fue director general de las escuderías Benetton y Ford, y jefe de mecánicos de Ferrari.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 11 de julio de 2004.

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