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Crónica:TOUR 2004 | Tercera etapa

El Waterloo de Mayo

El vizcaíno, víctima de una caída, pierde cuatro minutos y sus esperanzas de ganar la ronda

Cuando veía melindrosa y temerosa del pavés a la gente de su equipo, a los mecánicos hablando de tubulares deshinchados, de cubiertas más anchas, de 24 o 26 milímetros para evitar las caídas, a los directores acercarse con el coche una y otra vez para recordar a sus chicos que cuidado, que se acercaba el pavés, que se colocaran bien, Ángel Arroyo, "el salvaje"', tenía una respuesta única. "Bobadas, bobadas, esto es echarle narices y tirar para adelante, por la cuneta o por el centro, botando o arrastrándose". Así lo hizo en 1983, mientras a su alrededor veía Vietnam, ciclistas acróbatas chocando contra los adoquines, bicicletas volando, gritos desgarradores, sangre. Así tenía previsto hacerlo ayer Iban Mayo, el ciclista que pensaba que este año que sólo hay una contrarreloj llana, y después de la montaña, podía ganar el Tour. Pensaba hacerlo así, comiéndose el pavés, botando sobre los adoquines, siguiendo la estela de los duros, de los pesados, de los grandotes, ligero y veloz sobre su bici. No pudo. Dos kilómetros antes se cayó.

Tour 2004 3ª Etapa

Waterloo-Wasquehal, de 210 kilómetros

ETAPA

1. Jean Patrick Nazon (AG2R) 4h 36.45m.

2. Erik Zabel (T-Mobile) m. t.

3. Robbie Mc Ewen (Lotto) m. t.

10. José Enrique Gutiérrez (Phonak) m. t.

GENERAL

1. Robbie Mc Ewen (Lotto) 13h 42.34m

2. Fabian Cancellara (Fassa) a 1s.

3. Jens Voigt (CSC) a 9s.

8. José Enrique Gutiérrez (Phonak) a 23s.

ETAPA DE HOY

Cambrai-Arras (64,5 km.), crono por equipos

"Todo el año preparando una carrera y que en un día así se te vaya todo al traste duele mucho"

Se cayó cuando se cayeron una veintena más, cuando su rueda delantera rozó con la rueda trasera del que iba delante, el pobre Marco Velo, que salió volando y cayó cuán largo era, clavícula por delante, en una zanja en el campo. Mayo, como Menchov, Iván Gutiérrez, Christopher Moreau y media docena más ingresó en la cofradía del costado lacerante, del culotte desgarrado a la altura de la cadera.

La rabia no le impedía ser generoso a Denis Menchov, que quería regalarle unas gafas a Jean Marie Leblanc, el director del Tour. "Sí, unas buenas gafas para que vea bien que para ir de Waterloo a Wasquehal hay muchas carreteras mejores, más anchas, mejor asfaltadas, que las que él ha elegido", dijo el ruso. Él, como Mayo, se había quedado cotado tras caerse antes del pavés. Como a Mayo, como a Moreau, como a todo el Euskaltel, el Tour, se había convertido en una historia de terror, de dolor y de persecución.

"Hay que colocarse delante, hay que coger buen sitio", se desgañitaban los directores por los pinganillos. Y, rush, falanges de ciclistas uniformados con los mismos colores aceleraban en flecha, tomaban su territorio, intentaban defenderlo. Aguantaban segundos, el tiempo que tardaba otro grupo organizado en llegar delante. Y otro. Y otro. Y, crash, por la izquierda, en una recta despejada, el juego de codos, manillares y frenazos acabó con estrépito. "Íbamos a afrontar el primer tramo de pavés. Todo el mundo quería estar delante y yo iba bien colocado. El que estaba al lado mío se ha echado encima mío y me ha desplazado un poco y yo he hecho el afilador con el de delante y me ido al suelo. Me he dado un golpe fuerte, pero no me he roto nada", explicó luego Mayo. Lo vieron los Phonak, los tanques magenta de Ullrich y el T-Mobile, los carteros azules de Armstrong. Nadie frenó. Nadie se paró a esperar a un favorito del Tour caído y doliente, cortado y arrastrado. "Si hubiera sido otro el que se hubiera caído, no sé qué hubiera pasado. Cada uno tiene el peso que tiene en el pelotón. Pero aquí no se perdona a nadie", dijo Mayo, pensando en el Armstrong al que se esperó cuando se cayó subiendo Luz Ardiden en 2003.

Todos aceleraron. El US Postal puso en marcha el plan especial: a comerse el pavés. Guiados los azules por el ruso Ekimov entraron en el primer tramo de pavés, esos 2.400 metros que no podrían cambiar la historia según decía Manolo Saiz -quien sudó en su coche: Heras no se cayó, pero se cortó en el pavés y le costó empalmar con todo el equipo- de Wandignies, a 65 kilómetros de la llegada. Entró Ekimov a 60 por hora, y a su rueda Hincapie, y detrás, azuzando con el látigo, Armstrong. Se estaba jugando el Tour. O parte del Tour. No había ocasión para la piedad. "Todo el mundo sabía que hoy habría caídas, choques, accidentes, todo el mundo sabía que iba a ser peligroso y que habría miedo. Me recuerda un poco a Gois [donde perdió Zülle el Tour del 99, el primero de Armstrong] pero fue diferente. Allí nadie esperaba que hubiera caídas, aquí sí. Hoy se esperaba que algunos corredores perdieran hoy el Tour", sentenció Johan Bruyneel, el director de Armstrong.

Al final, tras una persecución imposible, Mayo, llegó a meta 3.53m más tarde que el ganador, el sprinter francés Jean Patrick Nazon y el gran pelotón. "Tampoco es tanto", dijo su director, Julián Gorospe, quien calculó que en la contrarreloj por equipos de hoy perderá tres minutos. "Llegaremos a la montaña como el año pasado, cuando perdió 5m en la contrarreloj. Lo uno por lo otro". Pero esa cuenta no la hacía Mayo. "Todo el año preparando una carrera, y que en un día así se te vaya todo al traste, pues duele mucho", dijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2004