Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

Peligrosa tradición

Solicito, con la urgencia que requiere el caso, que se den a conocer íntegras las palabras del Papa, las que añadió tras pedir a Zapatero que España conserve "su tradición religiosa"; porque, como reproducen los medios de difusión, su avanzada edad no permitió oírlas, aunque sí aquellas otras en que observaba que era bueno que España tuviera un primer ministro joven (que es lo que todos debieran desear, y él el primero, también para la Iglesia).

¿A qué tradición se refiere el Papa? ¿Se trata de nuestra más larga tradición, la de los ocho siglos de cruzada contra los moros? ¿O la que durante tantos siglos eliminó todo pensamiento independiente, con la Inquisición? ¿O la posterior tradición de guerras civiles "por Dios, por la patria y el rey", como los carlistas? ¿O la última -por ahora- que juntó los males de una guerra civil y de una cruzada, ayudando a mantener hasta ayer mismo nuestro atraso cultural, político y económico, y de la que tantos sobrevivientes, o hijos de ellos, todavía padecemos sus lamentables huellas?

Menos mal que los europeos ya hemos madurado lo suficiente como para no creer que "Dios está con nosotros", como decían los nazis, o pretender ir "por el Imperio, hacia Dios", como repetían los fascistas españoles, y hemos renunciado a la peligrosísima pretensión de ser el pueblo elegido por la providencia divina, alumbrado por el cristianismo, como querían algunos poner aún en nuestra nueva Constitución.

Escarmentados, nosotros queremos consolidar, en el respeto de todas las creencias o no creencias -lo que exige no privilegiar a ninguna, como quisieran esos intereses creados, voluntariamente ciegos ante una cruel experiencia milenaria-, una convivencia en una paz cada vez más sólida, como nunca antes ha existido en nuestro continente, quebrada como ha estado demasiadas veces con excusa de fidelidad a una u otra tradición religiosa sangrientamente politizada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de junio de 2004