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Crítica:

Glorioso adiós de Marie

Aunque le quedó tiempo para terminar alguna otra cosa -creo que un telefilme- antes de encontrarse con su mala muerte, Marie Trintignant nos dijo su adiós, su buen, su glorioso adiós en Janis y John, una comedia hiperbólica, exagerada, con tintes negros, triste y bastante loca, formalmente situada al borde del gran guiñol, pero que funciona -y a ráfagas lo hace muy bien- gracias a la presencia de la infortunada actriz, que devora cuanto la rodea en la pantalla y convierte un filme de gran reparto casi en un monólogo.

No es que sus eminentes colegas -Sergi López, Christopher Lambert, François Cluzet, Jean-Louis Trintignant y Amparo Soler Leal, que bordan sus personajes y son todos ellos cómicos muy expertos- hagan mal o medianamente su trabajo y esto permita a Marie lucirse por contraste con ellos. Al contrario, todos en esta película actúan muy bien, conforman un reparto sólido y bien engarzado, y es precisamente esto lo que da la verdadera medida de la fuerza de arrastre con que la actriz filma aquí su canto de cisne: esta preciosa réplica suya a la legendaria cantante americana Janis Joplin, que también fue una mujer infortunada. El proceso de conversión de Marie en Janis es una escalada cómica hecha con tan notable finura y tanta sabiduría que sitúa a la actriz francesa en el ramillete de las glorias de su oficio.

JANIS Y JOHN

Director: Samuel Benchetrit. Intérpretes: Sergi López, Marie Trintignant, François Cluzet, Christopher Lambert, Jean-Louis Trintignant. Género: comedia, Francia, 2004. Duración: 105 minutos.

La película está construida aposta en el borde del disparate, pero se sostiene con firmeza sin caer nunca en él. Se ve bien, tiene ligereza y agilidad, expulsa gracia, se agradece su extraña y singular secuencia y cumple a las mil maravillas una bella función lúdica y nostálgica además de ser indicio de un sistema de producción cinematográfica muy vivo y rico, como el francés, que se permite este tipo de lujos, de juegos y de extravagancias. Pero esta última presencia de Marie Trintignant delante de las cámaras se escapa de la pantalla y alcanza una escala de valores sin fronteras: secuestra, emociona, cautiva. No bastan para describirla los términos del oficio: va más allá de ellos. Porque nace y muere en esta película menor una actriz mayor y trágicamente irrepetible.

El juego de gran guiñol y la riada de desmelenamientos que arrastra a los cuatro protagonistas de Janis y John adquiere cordura y se serena incluso cuando Marie Trintignant toma, hacia la mitad de la película, las riendas de la trama y la torpe imitadora de Janis Joplin comienza a convertirse en otra Janis Joplin. El desparpajo con que la actriz, escoltada por todo lo alto por Sergi López -mejor actor francés que español-, Christopher Lambert -que hace una deliciosa parodia del rockero varado en el tiempo- y François Cluzet -que clava un John Lennon imposible-, es inolvidable y da idea del diamante en bruto que ha perdido el cine con su muerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de junio de 2004