Crítica:CASTELLÓN | LA LIDIA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La superioridad de Bolívar

Partida en dos mitades, de diferente presencia, los tres primeros terciados y el resto con más cuajo, la novillada de Manolo Beltrán descargó escaso equipaje de casta. Berreón el que abrió plaza y acobardado el segundo, dieron la nota de mansedumbre. El tercero no fue un barrabás, pero tampoco admitió dudas. Cuarto y quinto, castaños ambos, con las fuerzas justas, pero tan noblones como generosos de entrega. El último, protestón, no se entregó nunca.

Muy superior hasta el infinito Luis Bolívar en sus dos novillos. La faena al segundo fue una lucha desigual. Novillero que quiere, a veces puede, y novillo que se niega. Una labor que fue un sinfín de buenas maneras e intenciones a un animal que le vino pequeño a Bolívar. Trotón, noble y claro el quinto, acabó siendo un juguete en las manos del colombiano. Más comprometido Bolívar, la faena ofreció pasajes hondos y pausas bien dosificadas. Tuvo tiempo hasta de recrearse.

Beltrán / Ramos, Bolívar, Prades

Novillos de Manolo Beltrán, desiguales y descastados. Paco Ramos: ovación; aviso y vuelta. Luis Bolívar: saludos; aviso y oreja. Vicente Prades: oreja; aviso y ovación. Plaza de Castellón, 6 de junio. 2ª de Beneficencia. Un cuarto de entrada.

Sin apretar, dejándose llevar siempre, Paco Ramos mostró la cara de un novillero que domina tanto la situación que parece incluso pasado de rosca. Aprovechó los viajes sin destino final del manso primero para montar un trabajo de absoluta suficiencia, pero de metraje excesivo. El cuarto, que abrió la parte más seria de la novillada, flojeó durante toda la lidia. Midió la arena en varias ocasiones y acabó yendo al paso. Otro frente sin equilibrio entre Ramos y el novillo. La insulsa escena terminó con el astado metido en tablas y el novillero buscando el norte de una faena con poco fondo.

Vicente Prades salvó el compromiso ante el incierto tercero. Dio la cara sin arrugarse. Sin dudar. Ganó a los puntos por decisión. El sexto, que tampoco tuvo entrega, volvió a poner al joven novillero ante una seria prueba. Prades tampoco anduvo metido en dudas. Todo lo contrario. Supo lidiar la incierta embestida del novillo por los dos pitones y aprobó con nota alta.

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