Apelación a la responsabilidad social de las firmas españolas en el país

El tránsito de una política tachada de "economicista" a otra que tenga más en cuenta las relaciones sociales y culturales fue enunciado por José Luis Rodríguez Zapatero, durante su rueda de prensa conjunta con el presidente mexicano, Vicente Fox, con esta frase: "Desde aquí expreso que la voluntad del Gobierno es no sólo que [las empresas españolas] inviertan en México para hacer negocio, sino que contribuyan con responsabilidad al crecimiento económico de México y a la cohesión social de México".

El propio presidente del Gobierno reiteró el compromiso español con "un México fuerte, vigoroso y con cohesión social" durante el desayuno que celebró con varias decenas de representantes de las empresas españolas que, según datos ofrecidos por el propio Zapatero, han acumulado en el país hispanohablante más poblado, durante los últimos seis años, una inversión de 12.000 millones de dólares (9.780 millones de euros). Al grupo se incorporaron posteriormente empresarios mexicanos que han contribuido a desarrollar un saldo comercial global que el año pasado alcanzó 4.200 millones de dólares (3.423 millones de euros), configurando unas relaciones hispano-mexicanas sin parangón fuera del ámbito de la UE.

Zapatero se mostró en este foro menos formal y más didáctico, según algún participante en la reunión, a la hora de explicar a sus interlocutores que lo que pretende es que "tras años de invertir económicamente, se pase a invertir también políticamente". Destacó la importancia de la cooperación y reveló que había prometido a Fox aumentar las becas de formación, pero también insistió en las grandes posibilidades que los planes de infraestructuras del Gobierno mexicano ofrecen a las empresas españolas.

Fox quiere inversiones

Los participantes acogieron bien este enfoque del presidente del Gobierno, que en su rueda de prensa había rechazado los posibles temores empresariales ante una política que coloca la economía en un papel secundario: "Estoy convencido de que los empresarios españoles que han invertido en México saben muy bien que la cultura, la educación, es el gran motor del desarrollo".

Por otra parte, Zapatero y Fox, que alabó notablemente las inversiones españolas, sobre todo las bancarias, se comprometieron a resolver amistosamente el contencioso derivado de la demanda de un empresario mexicano, que acusa a los productores españoles e italianos de aceite de oliva de competir deslealmente gracias a las subvenciones que reciben de la UE. El Gobierno mexicano había sugerido que podía elevar el caso hasta la Organización Mundial de Comercio.

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