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Reportaje:AL SOL

Las bellezas sureñas de Menorca

Cuatro calas extraordinarias para los amantes del sol y el senderismo

En los municipios de Ferreries y Ciutadella, al suroeste de la isla balear, se suceden cuatro tramos de litoral de gran atractivo natural que esconden algunas de las calas más impactantes de Menorca.

Aquel que sienta apego por la naturaleza virginal tiene una cita ineluctable en Menorca. Su fachada costera, declarada casi enteramente área natural de especial interés (ANEI), vive un momento crítico, habida cuenta de la pugna entre dos modelos encontrados: el envite de la industria turística a gran escala, con el ejemplo mallorquín acechando; y la gestión sostenible tan característica de esta isla milagrosamente conservada y que por algo fue declarada reserva de la biosfera. Para reflexionar sobre este espinoso dilema, para contextualizarlo como se merece, nada como bañarse en las siguientes calas encadenadas, una frágil selección playera salvada por la presión ecologista y ciudadana, con la excepción de cala Galdana, urbanizada prematuramente a comienzos de los años setenta.

Mitjana

En la primera rotonda de cala Galdana, hacer un cambio de sentido y tomar, a 150 metros, el vial a cala Mitjana, una pista de dos kilómetros. Bien merecen leerse los aleccionadores paneles que documentan el estado puro de esta costa del Mitjorn (mediodía) amasada de encinas en las zonas protegidas del viento, y, ya junto al mar, de acebuchales y pinares; brezos y mirtos tapizando el sotobosque; cernícalos, cormoranes...

Como en la mayoría de calas sureñas, Mitjana ocupa la desembocadura de un barranco y su presencia, a espaldas de la feroz tramontana, constituye toda una bofetada cromática. La admiración que despierta, abrazada por blancos acantilados que alcanzan alturas considerables, está ligada por encima de todo a la cimbreante movilidad acuática de tonos verdosos y blanquiazules junto a la arena del primer día de la creación. A ellos se suman restos de posidonia, que, al no recogerse, protegen las acumulaciones areníferas de los temporales, por no hablar de sus propiedades bioindicadoras. Una escalinata de madera comunica con la Mitjaneta, más íntima y acogedora, poseedora de una angosta línea de arena a los pies de la pared vertical.

Trebalùger

Cierta aglomeración estival en Mitjana hace que muchos prefieran caminar hasta Trebalùger, accesible a pie o en barco. Su remoto aislamiento la convierte en una de las más prístinas y secretas calas de Menorca. El sendero litoral no es sino un atajo del camí de cavalls (camino de caballos) que recorre perimetralmente la isla, originalmente con funciones defensivas. Está en vías de recuperación, no sin fricciones con los terratenientes; y este tramo será señalizado en pocos meses. De camino a Trebalùger impera el espesor del bosque, y a un lado se deja una carbonera.

Llegar a Trebalùger es una voluptuosidad. En la desembocadura de una dulce torrentera, invita al baño sin tapujos; a merendar bajo los pinos en un marco bucólico de perdices, y hasta de vacas y burros que dejan sus huellas en el arenal. La soledad carece de cualquier dramatismo. La profusión de concha marina es señal inequívoca de ausencia humana. Y una cueva sirve de cobijo por si se escapa algún chaparrón primaveral.

Galdana

Es bastante paradójico, por evidente similitud, el contraste de Trebalùger con cala Galdana, adonde se puede llegar fácilmente (15 minutos) caminando desde Mitjaneta. En el mirador de Sa Punta comprobaremos el proceso de trivialización de la que fue la cala menorquina más fastuosa, como recuerdan los viejos de Ferreries. Galdana mantiene el tono de zona turística y parte de sus dunas las ocupa hoy un demoledor hotel erguido hasta rayar la cima del acantilado. Los niños, bien se ve, disfrutan a gusto chapoteando entre olas de corto desarrollo, rodeados de instalaciones y servicios. Pasado el torrente, en plena cala Galdana, tramo final de la maravillosa excursión por el barranco de Algendar, se abandona el término municipal de Ferreries y pasamos al de Ciutadella.

Macarella

El siguiente destino senderista corresponde a la célebre cala Macarella. Eso sí, su acceso en coche, desde Ciutadella, seguirá engrosando este verano los anales de lo terrorífico por las angosturas del camino (hacer acopio de agua, paciencia y no ir más tarde de las 11.00). Dejamos a pie cala Galdana y tomamos el camino por donde el mar es invisible. Descubriremos la Macarella, con su aureola de culto, quizá porque poco le faltó para ser urbanizada hace dos décadas. ¿Que las masas la convierten en agosto en un parque temático? Desde luego, pues ¿cómo podría restringirse el acceso a tal maravilla? Para defenderla ya hay redactados planes para alejar el aparcamiento de la orilla, con el consiguiente efecto disuasorio. El ejemplo quiere repetirse en las demás calas.

La arena de grano fino comparte el entorno arbolado hasta la misma orilla, humedecida por un mar aplacerado. Sus aguas caldosas y transparencias, vistas de lejos, generan un efecto óptico de embarcaciones que, ingrávidas, parecen levitar como por ensalmo. La nota discordante la ponen los barcos de recreo que asedian y ensucian este patrimonio litoral, por no hablar de la megafonía kitsch de los barcos turísticos.

Tras el ascenso por los complicados escalones de la parte occidental de la cala -los hay que prefieren ir a nado o a bordo de colchonetas-, se manifiesta la untuosa sensualidad de Macarelleta, la bombonera de las calas españolas. Entallada entre acantilados, se extienden estos apenas 30 metros de reducto de tradición naturista cuya belleza roza los límites de lo imaginable. Con seguridad, haría exclamar, respecto a su arena, al protagonista de La montaña mágica: "Qué dulzura de seda y de harina". Su signo recoleto la hace apta para tomar el sol durante todo el año.

GUÍA PRÁCTICA

Claves para senderistas

En Menorca no hay costumbre de señalizar los senderos. A Trebalùger. Frente a la escalinata de madera de Mitjana, trepar por la pared rocosa y continuar por el sendero. Pasada la portezuela, girar a la izquierda y no abandonar las marcas de pintura verde. Unos 25 minutos. A Macarella. Subir a pie desde el aparcamiento frente al hotel Audax de cala Galdana. Subir las escaleras y, al poco, embocar a mano izquierda el camino indicado por una pintada anónima. Sin dejar el murete de la derecha se alcanza, a los 25 minutos, la escalinata de 200 escalones que deposita al senderista en la arena.

A Macarelleta. Justo antes de llegar a las cuevas de Macarella, subir los peldaños labrados en la piedra, ayudándose de una cuerda de tender. Desandar estos escalones no es apto para quienes sufran de vértigo.

Comer

- Es Barranc (971 15 46 43). Cala Galdana. Menú, 13,50 (sin bebidas).

- Chiringuito Susi (971 35 94 67). Cala Macarella. El único chiringuito de las calas vírgenes del sur.

- Liorna (971 37 39 12; www.liorna.com). Carrer de Dalt, 9. Ferreries. Cocina creativa. Unos 35.

Dormir

- Son Triay Nou (971 15 50 78; www.sontriay.com). Carretera Cala Galdana, km 2,5. Ferreries. La doble, 63,13 euros (con desayuno).

- Hotel Audax (971 15 46 46; www.rtmhotels.com). Urbanización Serpentona, Cala Galdana. A 150 metros del mar. 109,30, con desayuno.

- Aparthotel Loar (971 37 41 81; www.hotel-loar.com). Reverendo Padre Huguet, 1. Ferreries. 30 apartamentos. 42,80 euros.

Información

- Oficina de turismo en Mahón (971 36 37 90) y Ciutadella (971 38 26 93).

- www.e-menorca.org.

- www.visitmenorca.com.

- www.gobmenorca.com.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de mayo de 2004

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