No eran reprogramables
Meses antes de que los defensores de la libertad invadieran Irak, salió al mercado estadounidense un videojuego que estuve a punto de alquilar. En el anuncio de televisión que promocionaba el juego se veía la inconfundible imagen de Sadam (boina negra incluida) a través de la mirilla telescópica. El objetivo del juego era eliminar al dictador, tras atravesar un gran número de escenarios y niveles, a golpe de joystick y pulso firme.
Cualquier chaval de 10 años será capaz de explicar breve y concisamente el mecanismo de utilización: ambos pulgares controlan dos palancas giratorias. El derecho se alterna para presionar triángulo, círculo, cuadrado y equis, mientras que corazones y anulares se ocupan de los botones R1, R2, L1 y su correspondiente.
El mecanismo de manejo de un helicóptero de combate es mucho más complicado e infinitamente más difícil de controlar que el de una Playstation 2, por muy realista que sea el juego. A ello cabe sumar que los "malos" que se ocultan de nuestro teleobjetivo de visión nocturna en la pantalla del televisor casero son programas informáticos, dibujos muy complicados, construidos mediante códigos, dibujos animados interactivos, si se quiere.
Los hombres desarmados que Canal Plus mostró el otro día, siendo desintegrados por la ametralladora pesada de un helicóptero americano, no eran reprogramables. El game over que podría haber puesto fin al vídeo emitido por la cadena francesa tiene un valor absoluto y real. Ni los más avezados hackers y tramposos digitales podrán resetear esta partida. Los trozos de carne desparramada no estaban hechos de píxeles. Aunque parezca lo contrario.
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