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ELECCIONES REGIONALES EN FRANCIA

La izquierda asegura que el Gobierno carece de credibilidad ante los votantes

El primer ministro Raffarin, el más afectado por lo ocurrido, insiste en mantener las reformas

Los catastróficos resultados de la derecha en las elecciones regionales han sido interpretados de maneras muy distintas. Para la izquierda no cabe la menor duda de que "el Gobierno no tiene la menor credibilidad" y eso se debe a que "la política desarrollada durante los últimos dos años y medio corresponde a un mandato estéril", según Laurent Fabius; la derecha, a través del antiguo primer ministro Alain Juppé y hombre de confianza de Jacques Chirac, el "fracaso es grave" pero "retirar las reformas, tal y como pide la oposición, equivaldría a condenar el país al inmovilismo y a la regresión".

La preocupación por la "manera" en se ha perdido es analizada también por François Bayrou, líder de la centrista Unión de los Demócratas Franceses (UDF), que obtuvo el 11,9% en el conjunto de Francia hace una semana. Según Bayrou "los franceses no han comprendido a donde llevaba la política seguida, es decir, ahí ha faltado dirección; nuestros electores no han tenido la sensación de que se les decía toda la verdad; por último, no han percibido el espíritu de justicia que debiera inspirar cualquier reforma". La UDF y Bayrou aparecen condenados a seguir girando entorno a la Unión por un Movimiento Popular (UMP) del presidente Jacques Chirac y se ven forzados a abandonar, por ahora, el sueño de un partido-bisagra autónomo.

Otra derrota significativa es la Valery Giscard d'Estaing, antiguo presidente de la República, fundador de la UDF y redactor de la Carta Magna europea que, a los 78 años, ha cedido a la tentación y se ha presentado a la consabida elección de más, ésa que le llevó ayer a perder l'Auvergne arrastrado por la oleada rosa.

Para el omnipresente ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, la derrota de los suyos "obliga a la mayoría a sacar consecuencias porque esa elección, siendo local, tiene una dimensión política indiscutible". Obviamente, para el primer ministro Jean Pierre Raffarin, totalmente sonado por un resultado que le aboca a la dimisión o a su destitución, "las reformas tienen que continuar". Juppé fue más concreto al decir: "Hemos comenzado, hemos sembrado, hay que seguir actuando pero sin duda de otra manera".

Lo cierto es que el resultado de las regionales francesas es mucho más fruto de los errores de la derecha que de las iniciativas de la izquierda. El Ejecutivo liderado por Raffarin ha sido objeto de un rechazo multitudinario, que alcanza sin duda al presidente Chirac. El desgaste del Gobierno se ha materializado los últimos meses, cuando al mismo tiempo que recortaba las inversiones en investigación, cedía a las presiones de los propietarios de restaurante y de expedendurías de tabaco.

Raffarin justificaba esas preferencias hablando de "la inteligencia de la mano que conecta directamente con el corazón", provocando una oleada de indignación entre una parte de la ciudadanía que denunciaba al Gobierno por "haber declarado la guerra a la inteligencia".

La derecha sale dividida de las elecciones. La UDF ha probado su peso electoral -un 33% del voto de la derecha democrática- pero no su capacidad para imponer una disciplina de voto. Si sus electores hubiesen seguido las consignas de la dirección la derecha habría conseguido salvar cinco o seis regiones más. No ha sido así. Bayrou despierta simpatías pero esas son volátiles, como el sentimiento europeísta y centrista del propio partido.

Para Anne Marie Comparini, la única UDF que dirigía una región -la Ródano Alpes, es decir, Lyon y Grenoble-, el resultado "es un terremoto para la derecha" y es muy lúcida al constatar que "el debate nacional ha invadido el debate regional".

Rejón contra el poder

Lógico que sea así cuando el calendario favorece la confusión y cuando el escaso poder político de las regiones permite servirse del voto como de un rejón de castigo contra el poder.

La derecha francesa, que se aprestaba a emprender una muy conflictiva reforma de la Seguridad Social, sabe que ahora cualquier iniciativa al respecto se encontrará con una fortísima movilización social enfrente.

Quien suceda a Jean Pierre Raffarin tendrá que optar por la impopularidad que acompañará cualquier cambio que recorte prestaciones sociales o el dejar que la deuda y el déficit del país siga aumentando. Los errores del tándem Raffarin-Chirac cometidos entre junio del 2002 y ahora hipotecan gravemente cualquier voluntad de cambio.

El cargo de primer ministro aparece como un regalo envenenado para todos sus candidatos potenciales de la derecha, muchos de los cuales quedan además desacreditados por la sanción del voto popular. Los 16 miembros del Gobierno han perdido en las urnas: "Un terremoto para la derecha", en efecto. Para uno de esos ministros, François Fillon, "esto es un 21 de abril al revés". Es decir, esta vez no son los socialistas los que pierden.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de marzo de 2004