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Reportaje:REPORTAJE

Carod-Rovira se queda

Enric Company

Quienes esperaban ver al líder del independentismo catalán, Josep Lluís Carod-Rovira, reivindicando su figura y sus postulados en el Congreso de los Diputados se van a quedar con las ganas. Carod no recogerá el acta de diputado a Cortes que ganó el 14-M y se quedará en su escaño del Parlamento catalán. Quiere ser presidente de la Generalitat en 2007 y ha decidido precindir de lo que ahora pudiera esperarse de él en el Congreso. No lo considera útil para su objetivo presidencial.

Insólita situación. En los bancos del Parlamento catalán, habituado durante dos décadas largas a un solo presidente, Jordi Pujol, se sientan ahora tres aspirantes con serias posibilidades de hacerse con la presidencia de la Generalitat en la próxima legislatura. El primero es el actual presidente, el socialista Pasqual Maragall, que siempre ha hablado de ocho años para llevar a cabo sus proyectos; el segundo es el líder de Convergència i Unió (CiU), Artur Mas, que sueña con recuperar desde la oposición el poder cuyo recuerdo tiene todavía dolorosamente fresco, y ahora, Carod, que hasta hace un mes formaba parte del propio Gobierno de Maragall, se convierte ya en un político dedicado prioritariamente a las elecciones de 2007. No tiene otro trabajo primordial que esa larga campaña electoral.

La voz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados seguirá siendo la de Joan Puigcercós, como en la legislatura pasada
"Los vascos que quieren ser 'lehendakari' no van de diputados a Madrid, y los catalanes que quieren presidir la Generalitat, tampoco", argumentan los independentistas

La perspectiva de un Carod merodeando por Cataluña de conferencia en conferencia y postulándose como futuro presidente no gusta ni un ápice a sus socios socialistas en el Gobierno catalán. "Que se aguanten", respondió esta semana cuando se lo recordaron los periodistas. "Que haga lo que quiera", dijo Maragall el jueves, haciéndose el indiferente. Pero la pugna está ahí.

El caso de otro socio del tripartito, Joan Saura, líder de Iniciativa-Verds, es distinto porque carece de posibilidades reales de alcanzar la presidencia. Sin embargo, todos preferían tener a Carod en el Congreso de los Diputados. No en vano recuerdan que, pocos días después de dimitir como conseller en cap, el cargo equivalente a vicepresidente que ocupó durante cinco semanas en el Gobierno de Maragall, Carod mostró una llave en una conferencia de prensa para dejar claro que seguía teniendo en sus manos la viabilidad del tripartito catalán.

La historia de la no adquirida condición de diputado a Cortes de Carod se inició de manera insospechada para él cuando el 27 de enero se vio obligado a dimitir como conseller en cap. De espaldas a Maragall había tenido en Perpiñán una entrevista con la cúpula de ETA en busca de una tregua, y el escándalo organizado cuando la realización de este encuentro se filtró a la prensa cortó en seco su apenas iniciada trayectoria como hombre de gobierno.

Carod reconoció entonces que no debió ocultar tan delicado asunto al Gobierno del que formaba parte. Por eso dimitió. Pero, pese a la feroz campaña desatada por el PP contra él por "hablar con asesinos", nunca renunció al principio del diálogo como fórmula para resolver los conflictos, sobre todo los más difíciles; nunca reconoció que la entrevista con ETA fue un error en sí misma. Al revés, lo sometió todo a la consideración del electorado: encabezó la candidatura de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en las elecciones generales para que fueran los electores quienes juzgaran su actuación.

Los electores fueron extraordinariamente generosos con él, tras una campaña en la que fue más aclamado que nunca por los miembros del partido, los simpatizantes y un entorno que no ha cesado de ensancharse desde las elecciones municipales de mayo de 2003. El 14-M, su partido pasó de uno a ocho diputados. El 16% de los votos en Cataluña. Cuarto grupo del Congreso de los Diputados. Era lógico pensar, pues, que uno de los platos fuertes del inicio de esta legislatura iba a ser el espectáculo de un Carod recién reforzado en las urnas defendiendo sus ideas en el Congreso frente a los derrotados diputados del PP que le habían demonizado durante los últimos meses.

Pero la lógica de un líder independentista no pasa por Madrid. "Los vascos que quieren ser lehendakari no van de diputados a Madrid. Y los catalanes que quieren presidir la Generalitat, tampoco", argumentó la semana pasada uno de los dirigentes de Esquerra para explicar el comportamiento de su líder. El caso de Jordi Pujol, que fue diputado a Cortes desde 1977 hasta que alcanzó la presidencia de la Generalitat en 1980, no es equiparable a juicio de los republicanos porque lo fue en unos años en que no había estatuto de autonomía.

Esta actitud obedece a un principio no escrito de la política catalana según el cual la primera prioridad de un aspirante a la presidencia de la Generalitat es el escenario doméstico catalán. "Nosotros no hacemos como los Zaplana o los Bono, que prefieren un ministerio a la presidencia de la Generalitat Valenciana o a la de la Junta de Castilla-La Mancha". El propio Carod dijo que hubiera sido "surrealista" que todos los jefes de fila de los partidos catalanes tengan su escaño en el Parlament mientras el del único partido independentista lo tenía en las Cortes.

Es un criterio que apenas ha tenido contestación en Esquerra. Sólo dos de los dirigentes del partido -Carles Bonet, uno de los numerosos vicesecretarios generales, y Josep Huguet, portavoz de Esquerra en el Parlament- apuntaron que Carod iba a perder una magnífica ocasión de trabajo político en la capital de España. Sobre todo teniendo en cuenta que, por vez primera, Esquerra tiene ahora la ocasión de sintonizar con el Gobierno español en muchos aspectos. Y que tenía una oportunidad de oro para divulgar en toda España una idea del catalanismo distinta de la que durante más de dos décadas ha difundido Convergència i Unió.

Carod ha reconocido que le hacía incluso "una cierta ilusión" poder exponer en el Congreso de los Diputados "el discurso del nacionalismo cívico" y la "idea republicana de nación" que tan bien ha penetrado en el electorado catalán. Pero no iba a repetirlo cada semana, y, en cambio, la renuncia al escaño en el Parlamento catalán hubiera durado toda la legislatura y le hubiera impedido participar desde él en la reforma del estatuto de autonomía. Que es el gran objetivo de la legislatura catalana.

La decisión de Carod significa también, entre otras cosas, que la voz de Esquerra en el Congreso de los Diputados seguirá siendo la de Joan Puigcercós, como lo fue en la pasada legislatura. Carod y Puigcercós son dos tipologías de políticos distintas, aunque complementarias. Carod es el hombre de los discursos, de la retórica, de los grandes objetivos históricos. Sin dejar de ser un diputado eficaz, Puigcercós es el hombre de las soluciones, el negociador hábil y paciente. El que se ha ocupado del partido de puertas adentro.

En el congreso que Esquerra celebrará en julio está previsto que se oficialice un reparto del poder entre ambos. No está decidido si Carod se quedará como secretario general y Puigcercós como secretario general adjunto, o Carod como presidente y Puigcercós como secretario general. En cualquier caso, la cuestión radica en que quede claro que Carod es el número uno y Puigcercós es el número dos.

Josep Lluís Carod-Rovira, tomando un café en Perpiñán hace 10 días.
Josep Lluís Carod-Rovira, tomando un café en Perpiñán hace 10 días.PERE DURÁN

En la senda de Jordi Pujol

LA AGENDA de Josep Lluís Carod para los próximos tres años y medio está ya prefigurada. Contendrá de manera sistemática una conferencia semanal, encuentos y entrevistas con exponentes del tejido asociativo catalán y del entramado empresarial, y una actividad parlamentaria reservada a los principales asuntos del escenario catalán, en particular la propuesta de reforma del estatuto de autonomía. Él lo explica de otra forma: "Recorreré Cataluña de punta a punta, de pueblo en pueblo, hasta el más pequeño", explicó el jueves.

La decisión de pisar cada palmo cuadrado del país antes de 2007 ha sido uno de los motivos esenciales de Carod para no adquirir la condición de diputado a Cortes. En la práctica, estar toda la semana en Madrid se convierte en incompatible con los bolos a lo largo y ancho del territorio.

Todos los políticos catalanes tomaron buena nota en su momento de la implacable determinación y regularidad con la que el anterior presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, dedicó sus fines de semana durante

23 años a visitar pueblos y ciudades. Atribuyeron

a esta voluntad de cercanía con los ciudadanos buena parte de sus repetidos éxitos electorales.

En el periodo 1999-2003, Pasqual Maragall, entonces aspirante a la presidencia de la Generalitat, dedicó también sistemáticamente una parte de su actividad

a recorrer el territorio catalán. Carod no quiere quedarse atrás. Mejor dicho, quiere incorporarse plenamente a la carrera. Toda vez que, como él dice, el espectacular ascenso registrado por su partido en las elecciones municipales, autonómicas y generales le ha situado

"en el grupo de los grandes" en Cataluña.

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