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EL ENREDO
Columna
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Nuevos escenarios

Acabado el Real Madrid-Mónaco,

con restos de panchitos sobre la mesa y en la alfombra, Mariano Rajoy se decide a dejar de lado las cosas serias y hablar de política con Gabriel Elorriaga, su ex jefe de campaña electoral.

-Sé sincero, Gabi: ¿con cuántos fieles cuento?

-Fieles, fieles... ¿Contándome a mí o sin contarme?

-Mensaje recibido. ¿Perspectivas?

-Tras las europeas, irán a por ti.

La gente es muy rara. Ya lo dice Pilar del Castillo: de repente aparecen tres millones de tíos y votan, ¡y encima a otro!

-¡Dios te oiga, Gabi! Anda que, en condiciones normales, me iba a quedar yo haciendo oposición como un chisgarabís, ¿sabes? ¡Búsqueme usted en Pernambuco, señor mío! Claro que, en condiciones normales, tampoco hubiéramos perdido. O sí, a saber. La gente es muy rara. Ya lo dice Pilar del Castillo: de repente aparecen tres millones de tíos y votan, ¡y encima a otro! No hay derecho.

-Tengo unas ganas

-dice Jesús Caldera- de que llegue la segunda legislatura, con su buena mayoría absoluta, para decirle a Pasqual Maragall que se meta su España plural por donde le quepa...

-Lo que no sé -abunda Pepe Blanco- es de dónde saca los humos, si los catalanes votan socialista cuando el conceto es ZP. Cuando el conceto es Maragall votan bastante menos. Lo malo es que prometimos no cambiar con el poder, que si no...

A Pasqual Maragall le vuela la mano blanda

, formando círculos en el aire, cada vez más amplios los círculos, a medida que avanza en el dictado de su Epístola a los Matritenses, de la que toma nota José Montilla, primer secretario de los socialistas catalanes.

-Y por todo ello -concluye Maragall-, te digo con claridad, Zapatero: si España no cuenta con Cataluña, a mí plim, y que os den. Suyo afectísimo, tal y cual, conclúyela a tu aire.

-¿No queda un poco arrogante, president?

-Adecéntalo, Montilla, tú ya sabes. Además, la humildad, en política, está bien para los rivales.

-Qué pruebas nos envía el señor Maragall -suspira Montilla para sus adentros.

-Hay que acabar con la maldición del anticatalanismo. Por desgracia, es rentable en España. ¿Y por qué? ¿Acaso los políticos catalanes transmitimos una imagen de desdén y suficiencia? Quiero decir: más allá de lo que merecen en Madrit. ¿Sabes lo que me gustaría ser, Montilla, pero de verdad?

-Ni la más remota, president.

-Marciano. Cuando fui alcalde, defendí la Europa de las ciudades. Como president de la Generalitat, defiendo las eurorregiones. Como marciano, sabe Dios qué Europa defendería. Y bueno, es un decir que lo sabe Dios. Él qué sabe. Últimamente, me dicen, andaba endiosado.

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