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LA TRAGEDIA DEL YAK-42

14 cadáveres carecían de cualquier elemento para su identificación

Sólo dos de los 62 militares muertos llevaban la placa militar al cuello

"No se encontró nada que pudiera servir para su identificación". Esta frase se repite en la descripción de 14 de los 62 cadáveres de los militares muertos en el accidente del Yak-42 que realiza el protocolo de autopsia e identificación incluido en el sumario que se instruye en Turquía. A falta de insignias, documentos o uniformes, los responsables españoles sólo pudieron basarse en fotos. Pero muchos de los cuerpos estaban desfigurados.

Defensa asegura que el equipo enviado a Trabzon se basó en la "uniformidad, emblemas, divisas, documentación, ropa o efectos personales" de los 62 militares para su identificación.

Sin embargo, según el documento de la Fiscalía turca, sólo dos de ellos llevaban al cuello la placa con su número de identidad militar. Otros 12 tenían en el bolsillo algún documento personal que permitió saber quiénes eran. Y a 16 más se les reconoció por la etiqueta con su apellido que los militares llevan sobre el bolsillo del uniforme, o por los galones, cuando no había ningún otro de la misma graduación.

Por último, un teléfono móvil facilitó la identificación de un militar y un piercing la de otro, aunque este último lo fue en una segunda ronda. Así se logró la identificación de los 32 militares a los que se refiere el documento de las 2.30 horas del día 28.

El general Vicente Navarro asegura, no obstante, que los otros 30 militares también fueron identificados, sin necesidad de recurrir a las pruebas de ADN. La tarea, explica, se vio facilitada por el manifiesto de carga y por el hecho de que se tratara de personal uniformado. Aunque no todos llevaban uniforme: los nueve miembros del Ala 31 del Ejército del Aire iban de civil.

El informe de la Fiscalía turca explica que cinco de los cadáveres tenían anillos con inscripciones de nombres o fechas. Si Defensa consultó con las familias (y no lo hizo en la mayoría de los casos) pudo recabar datos para saber quiénes eran sus dueños.

Además, había tres militares con alianzas y otros tres con pulseras o collares, aunque sin inscripción alguna. Tres más tenían botas y uno ropa de civil detalladamente descrita en el informe.

El mayor problema se plantea con los 14 cadáveres en los que "no se encontró nada que pudiera servir para su identificación", en palabras de la fiscalía turca.

Rasgos faciales

En esos casos, el único elemento disponible era comparar los "rasgos faciales (color de pelo, tamaño de boca, nariz, etc)" de la fotografía incluida en la ficha militar con el rostro del cadáver.

En opinión de José Antonio Lorente, profesor titular de medicina legal y forense de la Universidad de Granada, la identificación mediante fotografías "tiene muchas limitaciones"; sobre todo si, como es el caso, hay un gran número de cadáveres y las personas que identifican no conocían en vida a la gran mayoría.

Para que esta técnica tenga alguna validez, agrega, es necesario que la fotografía sea reciente y de buena calidad y que la persona no haya experimentado cambios en su fisonomía. Todas las fotografías tenían al menos cuatro meses, el tiempo que los militares llevaban en Afganistán, durante el cual pudieron dejarse o quitarse barba o bigote, dejarse o cortarse el pelo y adelgazar o ganar peso. Lógicamente, el mayor cambio fue producido por su muerte traumática.

Aunque no todos los cuerpos presentaban el mismo estado, el deterioro de muchos era notable. Por ejemplo, el informe de la Fiscalía turca describe así uno de ellos: "El cadáver, de un hombre, estaba carbonizado y las partes correspondientes a piernas, brazos y cabeza no existían. No se encontró nada que pudiera servir para su identificación".

José Antonio García Andrade, ex decano de los forenses de Madrid y profesor del Instituto de Criminología de la Universidad Complutense, cree que, "al final, la prueba de ADN es la única que ofrece suficientes garantías y hay que aplicarla en una catástrofe masiva".

El equipo médico español (formado por cuatro médicos y dos enfermeros) no tenía ningún forense, ya que la Sanidad Militar carece de esta especialidad. El general Navarro, el único que se responsabilizó legalmente de las identificaciones, es cardiólogo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de marzo de 2004