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La Audiencia de Lleida intenta cerrar el pleito por la montaña de Tor, que ha provocado ya tres asesinatos

La Audiencia de Lleida intentará mañana cerrar el interminable pleito por la montaña de Tor (Pallars Sobirà), después de que el caso haya estado salpicado durante los últimos 23 años de intrigas inconfesables, enfrentamientos y tres asesinatos. Los herederos de nueve de las 10 familias que se disputan la propiedad de la montaña han firmado un acuerdo para dividirla en 13 partes: una para cada uno de los descendientes de las familias que en 1896 fundaron una sociedad de condueños para explotar los recursos de la montaña.

Este pacto extrajudicial será presentado ante la Audiencia de Lleida como principal argumento de las partes para dar el carpetazo definitivo al conflicto, aunque la solución no se prevé fácil, ya que los intereses están por encima del lógico raciocinio y el acuerdo no contenta a todos los propietarios. Está previsto que mañana se celebre, por orden del Tribunal Supremo, la repetición de la vista del recurso de apelación contra la primera sentencia del Juzgado de Tremp, que en febrero de 1995 otorgó la titularidad de la montaña al único vecino del pueblo, Josep Montané, el Sansa, de 70 años, asesinado seis meses después en extrañas circunstancias en su propia casa. Las dos personas detenidas posteriormente como autoras del crimen, un vecino de La Seu d'Urgell y una mujer de nacionalidad brasileña, fueron absueltas por falta de pruebas tras pasar 14 meses en prisión.

Algunos de los herederos de los antiguos propietarios presentaron un recurso y la Audiencia de Lleida dejó sin dueño la finca e invitó a todos los litigantes a ponerse de acuerdo sobre la forma de gestionar la montaña en el futuro. El tribunal estimó que la montaña, indivisible, no pertenece a los vecinos a título individual, sino a la sociedad de condueños creada hace más de un siglo por las 13 familias que vivían en Tor.

La escritura fundacional recoge los tres requisitos esenciales para poder pertenecer a la sociedad: residir en Tor, ser cabeza de familia y tener casa abierta u otras propiedades en el pueblo. Con el paso del tiempo muchos de ellos y sus descendientes, a excepción de Montané, perdieron sus derechos cuando trasladaron su residencia a otros lugares debido a las duras condiciones de vida en Tor, un pueblo de alta montaña que permanecía incomunicado durante largas temporadas por la nieve y que carecía de luz, teléfono y agua corriente. En tales condiciones era casi imposible vivir en Tor de forma permanente, por lo que excepto Montané nadie cumplía los requisitos para pertenecer a la sociedad de condueños.

Los herederos de siete condueños que apelaron la decisión judicial que convertía a Montané único propietario de la montaña alegaron tener el mismo derecho que él, ya que desde hace muchos años nadie cumple con los requisitos fundacionales.

Tanta apetencia por un terreno de alta montaña se debe a su privilegiada situación estratégica, frontera natural con Andorra, que ha convertido esta mole de 2.600 hectáreas en un pastel codiciado por contrabandistas, especuladores inmobiliarios y empresarios del sector turístico.

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