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Entrevista:ROMANO PRODI | PRESIDENTE DE LA COMISIÓN EUROPEA | ENTREVISTA

"Se ha debilitado mucho el espíritu europeo en bastantes países"

El presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, afronta la recta final de su mandato de cinco años que culmina en octubre. Ha sido una etapa de duros vaivenes en la UE, donde los intereses nacionales han primado sobre los europeos, como reconoce 'Il Professore'. Nacido hace 64 años en Scandiano, cerca de Bolonia, Prodi hace ya balance entre el éxito de la ampliación y el fiasco de las negociaciones sobre la Constitución europea

Rodeado de angelotes y frailes en cuadros y esculturas, Romano Prodi se mueve por su despacho acompañado de sus colaboradores, uno de ellos siempre italiano.

Pregunta. Los países contribuyentes netos al presupuesto comunitario han reaccionado mal ante la propuesta de la Comisión sobre las perspectivas financieras para el periodo 2007-2013. Han dado la impresión de no ser generosos ante la ampliación.

Respuesta. La impresión es absolutamente justa. La Comisión ha elegido un camino ambicioso, pero también realista. Hemos tenido en cuenta el momento difícil para los presupuestos de cada país y los aspectos simbólicos del rigor presupuestario. Teniendo en cuenta todo eso se ha querido mantener el mismo techo del 1,24% de la renta interior bruta del conjunto de la Unión, lo cual supone que tendremos una media de los pagos entre 2006 y 2013 del 1,15% . Es el mínimo absoluto para lograr los objetivos de la Estrategia de Lisboa

"Si la Constitución europea no se termina en este año, la labor de la Convención será agua pasada. Siempre habrá alguien que diga que hay que volver a empezar de cero"

"El clima en el que hemos trabajado ha sido muy difícil: la situación política general, las divergencias en la política exterior, la guerra de Irak y las dificultades en política económica"

"Atravesamos un periodo en el que no parece que haya una sólida voluntad de realizar cosas juntos. Tensiones y dificultades las he tenido desde el primer día"

"Por causas internas o de decisiones políticas, los jefes de Gobierno han considerado que los intereses nacionales eran distintos de los europeos, y esto ha traído muchos problemas"

"Me inquieta saber qué buscan Chirac, Schröder y Blair; propugnan ir más rápido y se olvidan de la Constitución; no sé si buscan ser una vanguardia o simplemente una retaguardia"

[que la Unión sea el bloque más competitivo en 2010]. En el periodo 2000-2007 el gasto efectivo es del 1,12% y en 2007-2014 será del 1,14%-1,15%. Hay que tener también presente otro factor: el gasto se centrará en inversiones en recursos humanos, o sea, en inversión que genera crecimiento a largo plazo. Está claro que hay una seria limitación cuantitativa y una seria apuesta cualitativa. En definitiva, es un balance absolutamente realista

P. ¿Cuáles son los capítulos presupuestarios que más pierden?

R. El porcentaje que más baja es el de la política agrícola común, aunque continúa siendo el gasto más importante, cerca del 0,40% de la renta de la Unión. Nuestra propuesta sigue las directrices de Lisboa: aumentar en un 300% los gastos en educación, en un 150% en investigación e innovación y en algo más de 350% para las grandes redes de transporte y comunicación. Se ha hecho mirando a largo plazo. Los fondos de cohesión se destinarán sobre todo a las regiones más pobres, pero su finalidad serán los recursos humanos. No hay que ser fariseos. Los gastos en investigación y desarrollo han disminuido en muchos Estados miembros. Si no se cambia esta tendencia, los objetivos de Lisboa ya no son realistas.

P. Usted habla de realismo, pero los países contribuyentes netos sostienen que ese plan contradice la austeridad y disciplina del Pacto de Estabilidad.

R. La inversión en algunos sectores es necesaria para la supervivencia o para alcanzar los objetivos que nos hemos marcado: una política de solidaridad con los nuevos países y con las regiones menos avanzadas de los actuales países miembros, apoyo al crecimiento, cooperación policial y de control de fronteras, papel de Europa en el mundo... Son metas que no se logran sólo con el gasto de los Estados miembros, pero que a la larga representan ahorro. Si la Unión gasta para las fronteras comunes, no hace gastar dinero a los países miembros. Lo mismo si se crean centros de investigación. Ese es el dato que deben tener en cuenta los seis países contribuyentes. Están en su derecho de pensar lo contrario, pero lo considero equivocado, dañino para el crecimiento. Eso sí, si quieren recortar, que nos digan dónde hay que hacer los recortes.

P. ¿Qué mensaje da a los actuales socios que, como España, van a perder dinero porque buena parte de las ayudas irá a los nuevos países de la UE?

R. La propuesta de la Comisión prevé un descenso muy lento en las ayudas (phasing out) para las regiones que vayan a superar el límite del 75% [del PIB medio comunitario, por debajo del cual una región es considerada objetivo 1, beneficiaria de más ayudas]. El documento de política regional tiene en cuenta las necesidades de las regiones con mayor retraso. Nada cambia hasta el final de 2006, luego habrá una disminución lenta y progresiva. Está claro que el nivel de pobreza de Letonia, por ejemplo, es mucho mayor que las regiones más atrasadas de España, Italia o Grecia. Pero las perspectivas financieras han sido pensadas para que estas zonas den el último salto de acercamiento hacia la media comunitaria.

P. ¿Está a favor de que sigan las ayudas a esas regiones? Hay países que piensan que todos los fondos deben destinarse a los nuevos socios.

R. Sí, estoy a favor. No estamos de acuerdo con esas propuestas. También otros han dicho que habría que recortar más los gastos en agricultura.

P. ¿Todavía más? Han quedado congelados cuando en la UE va a haber 11 millones de agricultores, cuatro más que ahora.

R. No sé lo que tienen en la cabeza

[los líderes que han exigido presupuestos más restrictivos], pero sí quiero decir que con el 1% sus objetivos no se alcanzan. Entonces, que piensen dónde recortar: ¿agricultura?, ¿fondos estructurales?, ¿estrategia de Lisboa?... El capítulo agrícola fue cerrado hace un año, no creo que se vuelva a reabrir. La incertidumbre está en los fondos y en Lisboa.

P. Empieza el debate sobre el Pacto de Estabilidad, para hacerlo más flexible.

R. La Comisión tiene el deber de empezarlo. Habrá que ver la decisión del Tribunal de la UE sobre el recurso que elevamos. Hemos querido empezar a poner sobre la mesa todas las diferentes opciones, para empezar la discusión.

P. ¿Qué le parece el triunvirato de Francia, Alemania y Reino Unido? ¿Se puede hablar de un directorio? ¿La UE funciona mejor con un grupo de vanguardia?

R. Siempre apoyo propuestas de países que quieran ir adelante. No sé si éste es el caso. Espero que lo sea. Son bienvenidas las iniciativas que dejen la puerta abierta a los demás dadas las dificultades para tener una Constitución. Un diálogo entre un grupo de países es necesario, pero siempre que no cierren las puertas.

P. Italia, uno de los seis países fundadores de la UE, ha sido excluido.

R. Siento que no esté. Por eso digo que confío en que ese grupo de vanguardia deje las puertas abiertas. No considero, de todos modos, que este diálogo tripartito se haya institucionalizado.

P. Pero, ¿a qué se debe sinceramente que su país haya sido excluido? ¿A qué se debe la ausencia de Italia?

R. Comprenderán que esa pregunta no la conteste.

P. Hay algo más preocupante en ese triunvirato. No consideran prioritario el debate sobre la Constitución europea tras dos años de discusión.

R. Comparto esta preocupación, pero tengo que decir que estamos en una fase en que la presidencia irlandesa está auscultando uno a uno a todos los jefes de Gobiernos. Es probable que los tres grandes prefieran esperar el término de esta fase para tener una postura común. Después del fracaso de Bruselas hubo una fase en que todos estaban perdidos, y luego pasamos a una fase de miedo sobre los daños de no tener una Constitución. Tras las primeras entrevistas de la presidencia se comprueba que las posiciones aún no han cambiado. Claro, me sentiría más feliz si los tres grandes dieran un gran empuje a la conclusión del proceso constitucional y lanzaran una invitación a cerrar este largo proceso. Si no concluyen nada, hay motivos de preocupación.

P. Si no se cierra la Constitución dentro de este año, ¿es muy probable que vayamos hacia la Europa a dos velocidades?

R. Creo que este año será crucial, vital para la Constitución. Si no se termina este año, la labor de la Convención será agua pasada. Si no avanzamos, me temo que en pocos meses alguien empiece a decir que han pasado cosas nuevas, que ha cambiado la política mundial, que hay que empezar de cero. Éste es mi temor. Por eso me gustaría que surgiese una invitación en ese sentido por parte de estos países.

P. Varios parlamentarios, como la verde Monica Frassoni o el socialista Carlos Carnero, han propuesto que, si este proyecto no va adelante, ellos aprobarían en la última sesión del Parlamento Europeo el proyecto de la Convención. Sería un gesto simbólico, y han invitado a la Comisión a hacer lo mismo.

R. Ciertamente es un gesto simbólico, un gesto muy firme ante el pueblo europeo. Lo importante es que no sea un gesto de desesperación. Tenemos todavía enfrente la posibilidad de que todo concluya bien, tenemos que trabajar con paciencia y tenemos que pedir a los Gobiernos europeos que se comprometan en esta fase para alcanzar compromisos donde todavía hay divisiones. Apoyando la propuesta de la Convención no hay ningún ganador y ningún perdedor: el único ganador es Europa. No tenemos alternativas: el texto de la Convención y a trabajar rápido. Los tres grandes tienen que demostrar que están apoyando ese compromiso de solidaridad.

P. Si el proceso no termina este año, ¿habrá que empezar de nuevo?

R. Ése es el riesgo, y entonces se abre la puerta a los proyectos a dos velocidades, que no son nunca la primera elección. Pueden ser una necesidad porque las instituciones no pueden quedarse paradas. Como ha pasado con el euro, aceptado por la mayoría de países, pero no por todos, que se ha convertido en un símbolo de fuerza y de identidad para Europa, quizá en el símbolo más fuerte. Y eso lo ha conseguido una vanguardia de países, numerosa, eso sí, porque numerosa debe ser para poder llamarla vanguardia.

P. Estos días parece que ya está lanzada la Europa de dos velocidades. ¿Qué otra explicación tiene la carta de siete líderes, encabezada por Aznar, criticando actitudes del triunvirato?

R. Está claro que ha empezado uno de estos procesos dialécticos frecuentes en Europa. Hemos visto muchas iniciativas que han empezado y luego han continuado o se han parado. La carta de los seis se interpreta de forma muy simple: cuidado, que también nosotros somos protagonistas de Europa. Ya digo, la dialéctica acaba de comenzar y espero que tenga un desarrollo positivo. El verdadero problema de estos encuentros es que las puertas estén abiertas. Si es así, se pone en marcha una dinámica positiva. Si están cerradas, nace un enfrentamiento.

P. ¿Cree que los tres grandes han dejado las puertas abiertas o más bien quieren imponer unas directrices?

R. De entrada, no veo que existan propuestas revolucionarias. Son propuestas que la Comisión ya había hecho, que van en la buena dirección. Veremos ahora, cuando comiencen un diálogo, si esconden un proyecto de directorio o va a tratarse de un diálogo útil. Confío en que sea una oferta de puerta abierta, y, por tanto, espero que entre sus iniciativas figure una reflexión sobre la Constitución.

P. La decisión más importante antes de que termine su mandato probablemente será el informe de Turquía

R. En realidad, hay dos decisiones importantes. La primera es la propuesta legislativa sobre las perspectivas financieras, pero la segunda, desde luego, es el caso de Turquía en octubre. He estado en Turquía recientemente y he explicado claramente que la posición de la Comisión es la de hacer un informe de análisis serio, objetivo, centrado sobre el cumplimiento de los criterios de Copenhague. Aplicaremos este análisis con seriedad y rigor y serán los Estados miembros quienes decidan si abrir o no negociaciones para la adhesión. Cierto, no será fácil el análisis, aunque los criterios de guía son muy simples. No le compete a la Comisión dar un juicio político si para las instituciones europeas la presencia de Turquía será positiva o negativa.

P. ¿Influirá la actitud final que tenga Turquía en las actuales negociaciones sobre Chipre?

R. En teoría no debería tenerse en cuenta, pero en la práctica está claro que la voluntad de cooperar en un problema tan grande e importante como el de Chipre tendrá repercusión. Si no en la Comisión, desde luego en la opinión de los países miembros

P. ¿Qué piensa de la propuesta de los cristianodemócratas alemanes de ofrecer a Turquía un estatus de miembro asociado privilegiado de la UE?

R. En lo que concierne a la Comisión está claro que no debemos inventarnos nuevas fórmulas. Sencillamente, debemos dar un juicio sobre si se abren o no las negociaciones sobre un país que es candidato. Hay que recordarlo: es candidato. Las materias sobre las que debe ser examinado están en los criterios aprobados en Copenhague. Las soluciones políticas deberán dirimirse en otras instancias

P. Ahora que se acerca el final de su mandato, ¿qué ha sido lo más positivo y lo más negativo de su presidencia?

R. Los sucesos últimos están más frescos en la memoria que los primeros, lógicamente. Por tanto, lo más positivo ha sido la ampliación, y eso quedará sin duda en la historia

P. ¿Más que el euro?

R. Cierto, los dos; pero la decisión sobre el euro fue tomada antes de que yo llegara a Bruselas. Claro que nosotros hemos hecho muchísimo para la puesta en marcha del euro. Pero la decisión política había sido ya tomada. La negativa, sin duda, ha sido el fracaso sobre la Constitución, aunque no ha sido responsabilidad de la Comisión. Una cosa es cierta. La concordia con la que ha trabajado el colegio de comisarios. Entiendo que no hayamos dado a la prensa alguna noticia jugosa, porque ha habido pocos litigios. Además, como positivo queda también la reforma interna de la Comisión.

P. ¿Se ha sentido solo, incomprendido, en las discrepancias de la Comisión con los Gobiernos de la UE?

R. Sí, claro. El clima en el que hemos trabajado ha sido muy difícil. La situación política general, las divergencias en la política exterior, la guerra de Irak. Y también ante las dificultades en la política económica y financiera. Todo eso ha debilitado mucho el espíritu europeo en bastantes países. La Comisión ha tenido en muchas ocasiones que impulsar sola este espíritu europeísta y lo ha hecho con coherencia, incluso tomando decisiones dolorosas como la de llevar al Tribunal de la UE el acuerdo de los ministros de Finanzas de dejar en suspenso el Pacto de Estabilidad. Pero si no lo hubiéramos hecho habríamos traicionado nuestras obligaciones y el espíritu europeo. Antes de que yo llegara recuerdo que había dirigentes que veían en el desarrollo europeo beneficio para sus propios intereses nacionales. Yo eso no lo he tenido en estos cinco años. Jamás. Por eso hemos tenido que nadar contra corriente, y eso hace que todo sea más lento. Pero ha habido resultados

P. ¿No le parece contradictorio que los tres grandes propugnen avanzar más rápido y se olviden de la Constitución, precisamente los tres que le han llevado a los tribunales porque no quieren cumplir las reglas?

R. Desde luego, así es. De ahí que me inquieta saber qué pretenden. Si buscan ser una vanguardia o simplemente una retaguardia.

P. Y usted tiene dudas, ¿no?

R. Veremos.

P. ¿El futuro presidente debe ser elegido en función de los resultados de las próximas elecciones europeas?

R. Hay un acuerdo tácito de que así sea pese a que el Tratado de Niza no lo dice. El proyecto constitucional lo contempla, aunque ciertamente puede haber excepciones, porque no hay ley al respecto

P. ¿El presidente de la Comisión se siente apoyado o muchas veces entorpecido por los líderes políticos de la Unión? Nuestra opinión es que no recibe suficiente apoyo de los Gobiernos.

R. Así es. Por causas internas o de decisión política, los jefes de Gobierno han considerado en muchas ocasiones que los intereses nacionales eran distintos de los europeos, y eso nos ha traído muchos problemas. Por eso he querido, ante todo, que hubiese una cohesión total dentro del colegio de comisarios y una solidaridad interna. A diferencia de lo que sucedía antes dentro de la UE, en este periodo he tenido la sensación de que todo lo que se proponía tenía que ser obtenido tras una batalla. Pero hemos hecho progresos muy importantes.

P. ¿Cree que en estos momentos Europa está en crisis?

R. No sé si en este momento, las dificultades existen ya desde hace tiempo. Lo cierto es que atravesamos un periodo en el que no parece que haya una sólida voluntad de realizar cosas juntos. Tensiones y dificultades las he tenido desde el primer día.

P. Pero ha sido posible hacer la ampliación. ¿No es contradictorio con lo que usted afirma?

R. Tal vez cuando hemos tenido que afrontar proyectos tan importantes como ése se ha encontrado la voluntad. La ampliación ha sido, sobre todo, una obra maestra impresionante de la Comisión porque había aspectos muy difíciles.

La vuelta al Olivo

ROMANO PRODI esquiva preguntas políticas sobre su país cuando la prensa extranjera en Bruselas se las formula. No ocurre lo mismo cuando proceden de los medios italianos. En esta ocasión no hace excepción, aunque se percibe bastante hastío por los renovados ataques de Silvio Berlusconi tras su anuncio público de que será de nuevo el líder del Olivo. Se siente exultante tras la calurosa acogida el pasado fin de semana en Roma por los militantes de la coalición de centro-izquierda con la que derrotó al fundador de Forza Italia y actual primer ministro en las legislativas de 1996. "No quiero hablar desde aquí sobre la política italiana. Las críticas las hago dentro, no fuera", declara. El pasado otoño hubo gran revuelo cuando firmó un manifiesto sobre el futuro de Europa que apoyaba al Olivo. "Nadie me puede quitar el derecho a pensar y a expresarme", subraya en la charla con este diario. Se dijo entonces que acariciaba la idea de crear un proyecto de partido europeo de centro y federalista para colmar las lagunas de populares y socialistas.

Berlusconi le ha pedido que dimita como presidente de la Comisión Europea "por decencia" tras impulsar una lista unitaria del Olivo que lleva su nombre a las elecciones europeas del próximo junio. Prodi ha anunciado que no se presenta a esos comicios y que estará en Bruselas hasta el 31 de octubre, cuando concluye su mandato como presidente del Ejecutivo comunitario. "Ésta es mi casa y aquí volveré el próximo 1 de noviembre", les dijo a las huestes del Olivo el pasado día 14 en Roma. A partir de esa fecha se dedicará a la política activa y a tratar de derrotar en las urnas por segunda vez a Berlusconi en las elecciones generales de 2006. El calendario le favorece, y las encuestas, al parecer, también.

Esta entrevista se celebra dos días después de la muerte de Marco Pantani. El presidente es gran aficionado al ciclismo y lo practica. "A Pantani le conocía personalmente. Siento un gran dolor. Ha sido el final rápido no sólo de un atleta, sino de una persona. Es una tragedia. Ha muerto solo. Hay dos famosos del deporte que he conocido que para mí eran como niños que nunca crecerían. Uno era Pantani; el otro es Maradona".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de febrero de 2004

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