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Crónica:FÚTBOL | 24ª jornada de Liga

Un empate feo y hueco

La Real y el Athletic se sienten incapaces de gobernar sus alternativas en el marcador y acaban firmando tablas

Hay partidos malos. En una temporada tan larga, abundan desgraciadamente, por ineptitud, por falta de actitud o por cansancio. Y luego están los derbies que son otra cosa: malos y juguetones. Por ejemplo: el Athletic defiende fatal, de cabeza, posicionalmente y por actitud, la Real dispara dos veces contra los postes... y marca el Athletic en un ejercicio de estilo de Yeste. El mohicano (por su look) se ha convertido en la nueva referencia del Athletic y dosifica su fútbol a veces para los demás a veces para su beneficio. Siempre está ahí, incluso cuando no está.

Y cuando más tranquilo vivía el Athletic en un juego sin sentido, trompicado, trabado, un tanto absurdo, porque la Real no encontraba casi nunca el camino adecuado, pues se saca un gol de chiste, en un contragolpe previsible, en un pase esperado a Karpin que lo cede cayéndose, y que Nihat lo empalma con la uña, mal pero bien. Dos para tres y gol de la pareja.

REAL SOCIEDAD 1 - ATHLETIC 1

Real Sociedad Westerveld; López Rekarte, Kvarme, Schürrer, Aranzabal; Karpin, Xabi Alonso, Alkiza (Aranburu, m. 67), Gabilondo (Prieto, m. 76); Nihat (De Paula, m. 86) y Kovacevic.

Athletic:Aranzubia; Javi González (Lacruz, m. 62), Prieto, Karanka, Larrazabal; Tiko, Gurpegui; J. Etxeberria (Felipe, m. 90), Yeste, Ezquerro; y Urzaiz (Orbaiz, m. 56).

Goles:0-1. M. 15. Pase desde la derecha de Etxeberria y Yeste bate a Westerveld con una volea, suave y medida, a a la media vuelta.

1-1. M. 39. Contragolpe de Nihat que se apoya en Karpin que le devuelve el balón cayéndose y el delantero turco marca de tiro suave en semifallo.

Árbitro:Rodríguez Santiago. Expulsó a Gurpegui (m. 52) por doble amonestación y mostró tarjetas amarillas a Larrazabal, Xabi Alonso, Nihat, Alkiza, Prieto, Lacruz y López Rekarte.

Unos 25.000 espectadores en Anoeta. Al ser declarado el partido medio día del club (pese a ser televisado), se resintió la asistencia del público.

Todo resultaba muy premonitorio. Si empiezas defendiendo mal, como el Athletic, tarde o temprano acabarás muriendo; si tienes calidad, como Yeste, tarde o temprano tendrás tu segundo de gloria. Por lo demás, nada. Nada de Xabi Alonso, ni de Gurpegui, ni de Tiko , ni de Yeste, ni de Alkiza, es decir nada en la cocina. Mucha comida rápida, fast food futbolístico, y mucha debilidad defensiva del Athletic que promovía esperanzas en la Real, aunque su fútbol tuviera mucho de anímico y de hueco, al mismo tiempo.

El problema de la Real era la fluidez y el del Athletic el equilibrio. La Real tiene el orden que le otorga la mirada de Xabi Alonso y la inteligencia de Karpin, pero pasada la cocina y llegando al restaurante, la comida se enfría. Al Athletic se le cae el equipo por partición, porque su centro del campo tiende a la dispersión, al estar basado en tres futbolistas singulares: Gurpegui, descontrolado, tanto que acabó expulsado en una jugada absurda; Tiko, que hace de la anarquía su particular expresión del arte, y Yeste que dosifica tanto su calidad que llega a perderse en muchas fases del partido.

Por eso el partido, además de un derby, era malo. Porque sólo se mandaba por inercia, no por juego. Jugando a impulsos: la Real por el gol en contra encajado por sorpresa, el Athletic porque se vio en inferioridad numérica con media hora de partido por delante.

El fútbol sin extremos tiene una voluntad permanente de atasco, de confusión, de pura insistencia. Valverde sacrificó a Urzaiz para sustituir a Gurpegui y perdió dos cosas: amenaza y control del balón. No fue la mejor opción, cuando vas a atacar lo justo y lo que necesitas, en inferioridad es un experto en aguantar el balón. Prefirió quedarse con Ezquerro y el riojano no la olió. Ni hubo velocidad, ni hubo balón.

Y la Real a lo suyo, a avasallar, en superioridad, sin imaginar el fútbol, sin disfrutar de la triangulación, a ganar por pura superioridad. Y el Athletic a empatar por pura supervivencia. El gol de Yeste rompió a la Real, a las primeras de cambio; la expulsión de Gurpegui, rompió al Athletic, que ya sólo pensó en defender, en hacer un acto de servicio al espíritu numantino.

La Real no supo jugar en superioridad, utilizó poco las bandas y se ofuscó con llegar con más rapidez que inteligencia. Lo cierto es que desde que Gurpegui (gafado en Anoeta, donde se descubrió la pasada temporada su tasa de nandrolona), no hubo ni una sola ocasión clara de la Real: un arabesco de Kovacevic, un disparo altísimo de Rekarte, todo soluciones individuales, energéticas, urgentes.

Lo cierto es que nadie supo jugar a favor de corriente. Ni el Athletic cuando ganaba sin pensarlo, incluso sin merecerlo; ni la Real, cuando empató y cuando jugó en superioridad numérica. Nadie supo ganar, por eso el partido fue malo, aburrido, sin sentido, de esos que sólo dejan para la historia el resultado, gracias a los amantes de las estadísticas. No se sabe qué fue mejor: que el Athletic se pusiera por delante sin hacer nada o que la Real empatara sin sentirse superior.

Quizás ocurrió que era un derby, es decir un partido prohibido para el buen fútbol, para la sensatez. Quizás tenía razón Valverde cuando dijo que estos partidos se ganan con el corazón más que con la cabeza. Y eso sí. De eso hubo a mansalva. Pero como lo pusieron los dos pues empataron, aunque el partido no pasará a la historia por absolutamente nada. Salvo para el Athletic, porque empató cuando no lo creía y eso siempre alimenta la autoestima.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de febrero de 2004