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Entrevista:ÁNGEL GONZÁLEZ | Poeta y académico de la lengua

"El alcohol se me sube a los pies"

Pregunta. Se dice que estuvo, con Almudena Grandes, García Montero y Sabina, detrás de la idea de hacer poemillas satírico-sandungueros a Letizia.

Respuesta. Pues no. Es que lo de Letizia a mí no me interesa nada. Para mí es un tema neutro.

P. ¿Se escaquea porque es de Oviedo, como usted?

R. Aunque fuera de Zamora o de Cuenca. Sabina empezó con las coplas, y dijo que iban a colaborar poetas amigos, y me implicó. Pero yo no voy a entrarle a ese juego. Porque es un juego, evidentemente.

P. Lleva 31 años en Estados Unidos y no ha aprendido inglés. ¿Promesa, rebeldía o notable falta de materia gris?

R. Es una notable falta de materia gris. Yo estoy muy arrepentido de no haber aprendido inglés. Pero allí trabajé siempre en departamentos de español. Y soy muy vago, perezoso e indolente.

P. Siempre fue republicano y rojo. Pero últimamente apoya a Zapatero. ¿Está perdiendo color?

R. Seguro que perdí color. Con los años uno palidece. Lo que ocurre es que yo pienso que en España tendríamos que unirnos los que no queremos que gobiernen ni Aznar ni sus sucesores: lo que sea menos éste. Y yo de Zapatero tampoco tengo mala opinión.

P. ¿A su grupo poético de los cincuenta les unía más la poesía o el alcohol?

R. Las costumbres, la noche. La poesía, claro que nos unía. Pero el alcohol, también.

P. Siempre ha bebido hasta la saciedad sin desmelenarse. ¿Es usted un dandi o una esponja?

R. Yo creo que no soy dandi. Soy bastante descuidado en el vestir. Pero reconozco que bebo bien mientras estoy sentado. Porque a mí últimamente el alcohol se me sube a los pies.

P. ¿En esa tesitura acaba cantando su himno regional?

R. Nunca me gustó, ni cuando no era himno. Y ahora, mucho menos. Sí canto canciones asturianas tradicionales y rancheras.

P. Por ejemplo: con cinco whiskys.

R. Río verde, río verde, río de los mil colores. Tantos como lleva el agua, así son los míos amores.

P. ¿Qué puede hacerse para remediar la abundancia de gente sosa y plana?

R. Ironizar.

P. ¿En la Academia Española se ironiza suficientemente?

R. Se puede y se debe. Y hay gente que se lo toma muy en serio, pero también hay otra con distanciamiento e ironía.

P. ¿Quién cree que falta en aquella casa?

R. El más evidente para mí ahora mismo, José Manuel Caballero Bonald.

P. Su poesía gira en torno a la solidaridad y la libertad. ¿De qué andamos más escasos?

R. De las dos cosas. Las libertades se están recortando alarmantemente. Siempre dije que Estados Unidos era un país muy peligroso para los que vivían fuera. Ahora pienso que también para los que vivimos dentro.

P. ¿Qué es eso de que ya no tiene motivaciones para escribir?

R. La escritura obedece a impulsos para mí poco claros. Y cuando no se te echa el poema encima es inútil que lo busques.

P. No será que tiene nostalgia de cuando era funcionario de Obras Públicas.

R. Hombre, lo mío era ser funcionario como yo lo era: no daba ni golpe y tenía una vida regalona y regalada. También eso cansa.

P. Es un vago impenitente.

R. Soy un vago impenitente. A mí lo que más me gusta en esta vida es no hacer nada.

P. Y siempre ha sido un seductor. ¿Cómo le va ahora?

R. Buaaa. No me seduzco ni a mí mismo. Me tengo cierta mirada con muchas reservas, y casi con un poco de repugnancia, para decirle la verdad.

P. ¿Sigue pensando que el amor es lo que mueve la vida?

R. Yo creo que sí. El amor es un sentimiento solidario. Los seres humanos somos muy desamparados y frágiles, aunque no nos lo creamos a veces.

P. ¿Y si le faltara el amor?

R. Sería un poco muerto viviente.

P. ¿Y si le faltaran sus amigos?

R. Igual, porque la amistad es una forma de amor.

P. ¿Si no me creo que no va a escribir más me dice qué prepara?

R. Mire, he escrito muy poco, poquísimo. Pero son poemas tan pesimistas y tan negros que no los quiero publicar.

P. ¿Qué espera de la vida?

R. Lo que más le pido es un mínimo de felicidad y de alegría.

P. ¿Cuál es su miedo más grande?

R. El perder amigos, perder gente querida.

P. ¿Y perderse a sí mismo?

R. No. Con eso cuento.

PERFIL

Tiene 78 años y el mismo aire indolente, entre elegante y cansado, de sus mejores épocas de corredor de la noche madrileña, cuando García Hortelano decía que se preveía su llegada por la sonrisa de los camareros. Dice haber abandonado su gran afición a la música. Le queda la lectura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de enero de 2004

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