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Entrevista:JOAQUÍN VILLALOBOS | ENTREVISTA

"En Irak no hay posibilidad de éxito a corto plazo"

Joaquín Villalobos, comandante guerrillero durante 22 años en El Salvador, reside hoy en un pequeño pueblo en las afueras de Oxford, Inglaterra. Ahí se dedica a dos cosas: a estudiar en la Universidad y a ejercer de consultor internacional en todo lo que tiene que ver con la transición del caos a la democracia, de la guerra a la paz. Uno de los principales estrategas no sólo de la guerra que se libró en su país en los años setenta y ochenta, sino también de las negociaciones que acabaron con ella en 1992, Villalobos ha asesorado a las partes involucradas en los conflictos de, entre otros lugares, Bosnia, Irlanda del Norte y Colombia. Es una respetada figura hoy en día en Washington, donde en determinado momento de la guerra fría fue identificado como uno de los más temidos enemigos del eje del mal "comunista". Hoy, Villalobos es uno de los individuos mejor calificado en el mundo hispanohablante, y quizá en el mundo entero, para hacer un análisis informado del conflicto más apremiante al que se enfrenta el mundo en el año 2004, "la guerra popular prolongada" -como él la define- en Irak. EL PAÍS lo visitó en su casa en la campiña inglesa para escuchar su interpretación de lo que está pasando - y lo que podría y debería de pasar- en aquel país.

"Es fácil decir que los americanos están locos. Pero, objetivamente, la sociedad más poderosa de la Tierra ha sufrido una provocación de una dimensión que no conocía ese país"
"Estados Unidos tiene que tener muchos amigos, muchos aliados, soldados amables, tener la legitimidad, asegurarse la legalidad. Y eso le puede dar el éxito en un plazo razonable"
"Los norteamericanos dan la impresión de una cierta idea de revancha. Pero no deja de ser una necesidad que haya instrumentos de cohesión que protejan al mundo de esas amenazas"
"La posguerra no estaba diseñada, simplemente. Mucho del terrorismo que allí se da es producto del caos. Es resultado de lo que se ha hecho mal, más que de lo que se ha hecho bien"
"La captura de Sadam constituye una ventaja política extraordinaria, pero también es una provocación, que el bando contrario interpreta como algo que empuja a responder"
"Una gran debilidad del terrorismo es que está matando a tantos iraquíes como americanos en medio de la creación de un Estado. Puede que haya una pacificación a medio plazo"

Pregunta. Aquel término de la guerra fría, de las guerras de guerrillas de Centroamérica, "guerra popular prolongada": ¿es aplicable a Irak?

Respuesta. Se tome como se tome, no hay posibilidad de un éxito en el corto plazo al estilo Hollywood. La idea de que un día de éstos en una sola redada el problema se va a acabar: eso no es cierto; eso no es posible. Está claro que lo de Irak es una Guerra Popular Prolongada para ambos bandos. No hay estrategia de corto plazo posible.

P. ¿Por qué no?

R. Este problema va a tener una persistencia porque es hijo del caos y porque tiene un contexto externo, con mucho enemigos de las ideas liberales, es decir, las ideas de la democracia; enemigos de los Estados laicos; enemigos de Estados Unidos. Por tanto, tiene muchos focos de inflexión que requieren tiempo para resolverse, y eso significa que se necesita una estrategia prolongada. Y, por otro lado, una estrategia esencialmente popular. Hay que ganar a la gente, y ganar a la gente implica construir un Estado, tener aliados, articularse con otras fuerzas, con otros países, estar bien con los rusos y los alemanes, con todos. Pienso cuando yo estaba en la guerra todo aquello que pudiera beneficiarnos de alguna u otra manera teníamos que ganarlo y ponerlo de nuestro lado porque estábamos frente a un proceso que no podía ser corto. Y ahora creo que esa es la situación que tiene Estados Unidos en Irak. Está obligado a una estrategia prolongada, a librar una guerra popular prolongada, y en ese sentido tiene que tener muchos amigos, muchos aliados, soldados amables, tener la legitimidad de su lado, asegurarse la legalidad en todo lo que sea posible, y eso le puede dar el éxito en un plazo razonable, pero no corto.

P. ¿"Soldados amables"?

R. Para poder ganar esta batalla hay que ser amable. Si no eres amable la pierdes. ¿Y esto qué implica? Que siendo amable corres riesgos. Si tú tienes tu ejército y tus hombres pueden morir en combate, hay dos posibilidades: una es que estén predispuestos a eso, está dentro de su riesgo, van, tienen un combate y mueren; pero en ese combate, si se equivocan, puede ser que maten niños, que generen problemas, que se le convierta en un problema que ahora es mucho mayor que antes. Digamos que la expresión más simple de esto es el soldado que dispara sin apuntar, para calmarse los nervios. Pero también hay una segunda posibilidad: que por discriminar, por ser cuidadoso, se arriesgue más, pero se gana en legitimidad.

P. ¿Correr riesgos significa, en la práctica, mezclarse más con la población iraquí, no andar siempre acorazado como los malos en La guerra

de las galaxias?

R. Exacto. Es preferible tener héroes que pasan a condiciones de víctimas por el esfuerzo por ser amables, que muertos que mueren en un combate en el que causaron bajas civiles. Es difícil, pero el nuevo sentido de una fuerza de intervención humanitaria es éste. El tipo que se identifica humanamente con la situación, trata de ser lo más bueno, lo más amable posible, gana a esa población, y si en esa condición corre el riesgo de perder la vida...

P. A corto plazo se puede perder así, pero a la larga se gana...

R. En la medida en que tus hombres son héroes, son víctimas en el intento de usar la fuerza con discreción, con cuidado, han ganado. Ya no es Rambo.

P. ¿Rambo ya no sirve?

R. Rambo ya no sirve para un carajo.

P. Pero servía más en la época de la guerrilla centroamericana, durante la guerra fría.

R. En aquella época había cheque en blanco para matar. Hoy ya no hay. Afganistán es como la cueva del mundo, como el último rincón del planeta; pero el problema es que las tumbas de los niños que has matado allá las puedes ver en televisión, las puedes ver en Washington, en San Salvador. Ya no se puede, es otra cosa.

P. Esta idea de que el soldado no sólo tiene que ser guerrero, sino también político no se ha acabado de digerir en Estados Unidos, mientras que parece que los británicos lo han entendido mucho mejor.

R. Sí. Pero no creo que los británicos hayan llegado allí por buenas personas. Han llegado porque es el método más eficaz para lograr tus objetivos estrategicos. El soldado ya no es un tipo cualquiera. Es un tipo que tiene que entender de relaciones humanas. Y el general es un tipo que tiene que entender de hacer alianzas, de construir una red política entre los ciudadanos de allí, de entenderse, de poder persuadir a la gente. Es un fenómeno muchísimo más complejo.

P. En cambio, parece que los soldados y los generales de Estados Unidos insisten en persistir con los métodos militares más elementales, que no han logrado superar el síndrome Rambo.

R. Es fácil empezar a decir que los americanos están locos. Pero objetivamente estamos ante un fenómeno: la sociedad más poderosa de la Tierra, que es una sociedad profundamente conservadora, en el momento en que tenía un Gobierno conservador, que tiene una visión con relación a cómo ella mira al mundo, es objeto de una provocación de una dimensión que no conocía el país. Entonces, en esa condición, ¿qué tipo de respuestas habría? Las respuestas que estamos viendo son las correspondientes con esa situación. Creo que es su reto de potencia, su intención de mostrarse fuertes. Los errores están vinculados a esa condición, a una reacción que tiene muchos elementos emocionales, que está vinculada a cómo es la sociedad norteamericana, con sus características de su gobierno, la dimensión de la provocación. Hay un proceso de aprendizaje.

P. Su actual país adoptivo, como parece indicar, puede ofrecer ciertas lecciones...

R. En una ocasión me preguntaban sobre esto en una conferencia, y yo decía que si tomaba unas frases de funcionarios de la Administración de Bush y funcionarios de Blair cuando les preguntaban cómo estaba la situación en Irak, los americanos decían: "Hemos hecho tantas bajas y estamos descubriendo redes terroristas, etcétera", y la gente de Blair decía: "Todos los hospitales y las escuelas están funcionando". Son dos visiones completamente distintas de lo que hay que hacer. Son cosas que -parece mentira-, pero ésa es la batalla que se libraba en el norte de Morazán, cuando yo estaba allá. Hay una anécdota muy clara de este fenómeno. Se trata de un general de un batallón cuando ellos hacían sus operaciones cívicas, como las llamaban. Entonces, una vez, enviamos a la población nuestra, la que estaba organizada por nosotros, a que le reclame y que le diga que ellos necesitaban tantas libras de frijoles, tantas de arroz. Van y los recibe el general, y los recibe en su despacho, a 25 pobladores, y se discute con ellos, fuerte, y les dice: "Ustedes apoyan a la guerrilla, yo lo sé, son colaboradores, y para eso quieren más arroz y más frijoles...", y después de decirse de todo, al final él dice: "Bueno, está bien, llévenle comida a esos cabrones". ¿Cuáles fueron los efectos? Primero, ya no vieron al general como enemigo; segundo, ya no querían que los hijos se incorporaran a la guerrilla, se empezaron a convertir en neutros. Eso mismo es universal. Ahora, ¿cuál es el riesgo? Perfectamente, un fanático, digamos uno más ideológico entre los nuestros, podía haber llegado y matado al general. Pero era un soldado de verdad, dispuesto a tomar riesgos inteligentes, y estaba haciendo la guerra con una visión más integral. Lo mismo pasaba cuando nosotros llegábamos a una zona donde el dominio político que había hecho el partido de gobierno era mucho más fuerte, donde disputarlo implicaba correr riesgos. Porque la manera más sencilla era "todos los espías del gobierno los matamos". Pero todos los demás que quedan se convierten en enemigos de nosotros, y entonces es una zona quemada, y allí no se puede hacer absolutamente nada.

P. En resumen, entonces, aplicando estas lecciones a Irak...

R. En resumen, hay necesidad de un instrumental político, mucho más que el militar. No hay otro modo. No lo hay. Ya cuando llegas al extremo de que el problema depende de la máquina que detecta metales, ya estás en la última fase de seguridad, y con el terrorismo la seguridad es esencial y fundamentalmente preventiva. Ya la última etapa, que es la de policía visible. La primera y fundamental es la política. Y ahora más que nunca. Yo diría que si en los setenta y en los ochenta se podía afirmar que una guerra insurgente o contra-insurgente era el 90% política y el 10% militar, yo diría que ahora es 99% política. Por ejemplo: mira, en cualquier conflicto donde hay una insurgencia de la naturaleza que sea -religiosa, es lo mismo- hay dos categorías que son vitales: territorio y población. Porque una insurgencia es un aparato de organización que se estructura en medio de la población, y que en la medida en que controla a la población trata de controlar territorio. Ésos son los barrios en Irlanda del Norte, son los barrios del País Vasco, eso es Irak en este momento, en Colombia, eso era Morazán, eso es un elemento esencial. Entonces, en el fondo, controlar el territorio depende de quién es capaz de tener más influencia sobre esa población. En la medida en que no la tienes estás en desventaja.

P. Uno de los argumentos que utiliza la coalición para explicar la decisión de ir a la guerra en Irak es que fue para derrocar a Sadam Husein, para salvar a los iraquíes. Es decir, lo que se denomina "una intervención humanitaria"...

R. Ahora, que quede claro que yo estoy de acuerdo con el concepto de la intervención humanitaria. Porque, claro, yo hice la guerra. No podía venir aquí a estar vendiendo, como estos locos románticos izquierdistas, que la paz, la paz, la paz... No, no. Si yo hubiera tenido un ejército en mis manos me meto en Ruanda y aplasto a esos tipos, pues tú no puedes estar sentado viendo que están masacrando allá a la gente y decir "yo no me meto". No. Yo me meto. En ese sentido, haber sacado a Sadam Husein, pues, ¡qué bien!... Si era un hijo de su madre, un dictador, estaba matando a su gente. Entonces, la discusión no es ésa. Hay que hacerlo bien.

P. ¿Y si no se hace bien no sería mejor dejarlo, irse, reconocer que fue todo un gran error?

R. Bueno, una cosa es decir "salgan"... pero el problema del mundo es que a Estados Unidos no le puede ir mal, no le debe ir mal. Es un problema a escala planetaria.

P. ¿Pero el Gobierno de Estados Unidos no parece tener una visión muy planetaria...?

R. Da la impresión... dan una cierta idea de revancha. Transmiten eso. Pero, por otro lado, no deja de ser una necesidad que haya instrumentos de cohesión que protejan al mundo de estas amenazas. Mira otra vez el caso de Ruanda. Si hubiera existido una fuerza con la cohesión internacional necesaria se podría haber evitado la muerte de cientos de miles de personas. En este caso creo que si la intervención en Irak fracasa, el efecto de seguridad es para todos. Yo creo que todos los dictadores del planeta deben estar siguiendo con mucha atención lo que pasa en Irak. Es una cuestión de la seguridad más elemental. El tema básico es que tú tienes que hacer una relación costo-beneficio del tipo que roba. Si robar es más rentable que no robar, el tipo roba. Es mucho más complejo el problema, pero lo primero que le tienes que apuntar es que los márgenes de impunidad los tienes que reducir.

P. En ese sentido, la captura de Sadam habrá representado un avance importante.

R. Tiene un valor negativo y un valor positivo. El valor negativo es que constituye una ventaja política extraordinaria, y el negativo es que constituye una provocación. Independientemente de que sea una victoria, humilla. Y esa humilación es interpretada por todo el bando contrario -los que estén alineados con el terrorismo y la violencia, los enemigos de Estados Unidos en la región- de una manera que empuja a responder.

P. ¿Por qué es positivo del lado político?

R. Posibilita alianzas, posibilita la reunificación, y esos elementos pueden ayudar a crear un Estado iraquí, que es lo que más teme la insurgencia iraquí. Un Estado iraquí autónomo e independiente es el elemento principal, el factor clave en pacificar y derrotar al terrorismo. Y, por otro lado, esto constiuye un reto para la estrategia de la coalición. Tienen una oportunidad, y ahora la cuestión es si la van a saber aprovechar. Pero esto no significa que no va a a haber una reducción automática de la insurgencia, lo cual enfrenta a los americanos a su propia dilema, porque ellos a veces creen más en la contrainsurgencia o el antiterrorismo policial militar que en el político. Esto les plantea una oportunidad en el campo donde han mostrado más debilidad.

P. Lo cual refuerza aún más la idea de que se tiene que buscar una solución política, cosa que el Gobierno de Estados Unidos no parece haber entendido antes de ir a la guerra.

R. La posguerra no estaba diseñada, simplemente. Mucho del terrorismo en Irak es hijo del caos, yo creo. Mucho de lo que está ocurriendo es resultado de lo que se ha hecho mal, más de lo que los otros han hecho bien. No creo que esta insurgencia haya sido planeada de antemano. Creo que esto es producto del desorden. Lo cual, por otro lado, puede ser una luz en la solución. Porque no están my organizados. No estamos hablando de los vietnamitas, del Polisario, de nuestra guerrilla en El Salvador, de las guerrillas que hicieron escuela. Estamos hablando de otra cosa: una guerrilla que ha quedado de una dictadura odiosa, con lo cual posiblemente sea más fácil ponerla en condición de desventaja, seguirla y procesarla.

P. ¿Más fácil? ¿Es decir, que se puede vislumbrar un final a la guerra en Irak?

R. Una de las grandes debilidades del terrorismo que se está desarrollando en Irak es que está matando a tantos iraquíes como americanos, y si eso se fusiona con la creacion de un Estado, sí puede ser que haya una pacificacion en un plazo mediano.

Joaquín Villalobos, comandante guerrillero durante 22 años en El Salvador, reside hoy en un pequeño pueblo en las afueras de Oxford, Inglaterra. Ahí se dedica a dos cosas: a estudiar en la Universidad y a ejercer de consultor internacional en todo lo que tiene que ver con la transición del caos a la democracia, de la guerra a la paz. Uno de los principales estrategas no sólo de la guerra que se libró en su país en los años setenta y ochenta, sino también de las negociaciones que acabaron con ella en 1992, Villalobos ha asesorado a las partes involucradas en los conflictos de, entre otros lugares, Bosnia, Irlanda del Norte y Colombia. Es una respetada figura hoy en día en Washington, donde en determinado momento de la guerra fría fue identificado como uno de los más temidos enemigos del eje del mal "comunista". Hoy, Villalobos es uno de los individuos mejor calificado en el mundo hispanohablante, y quizá en el mundo entero, para hacer un análisis informado del conflicto más apremiante al que se enfrenta el mundo en el año 2004, "la guerra popular prolongada" -como él la define- en Irak. EL PAÍS lo visitó en su casa en la campiña inglesa para escuchar su interpretación de lo que está pasando - y lo que podría y debería de pasar- en aquel país.

Pregunta. Aquel término de la guerra fría, de las guerras de guerrillas de Centroamérica, "guerra popular prolongada": ¿es aplicable a Irak?

Respuesta. Se tome como se tome, no hay posibilidad de un éxito en el corto plazo al estilo Hollywood. La idea de que un día de éstos en una sola redada el problema se va a acabar: eso no es cierto; eso no es posible. Está claro que lo de Irak es una Guerra Popular Prolongada para ambos bandos. No hay estrategia de corto plazo posible.

P. ¿Por qué no?

R. Este problema va a tener una persistencia porque es hijo del caos y porque tiene un contexto externo, con mucho enemigos de las ideas liberales, es decir, las ideas de la democracia; enemigos de los Estados laicos; enemigos de Estados Unidos. Por tanto, tiene muchos focos de inflexión que requieren tiempo para resolverse, y eso significa que se necesita una estrategia prolongada. Y, por otro lado, una estrategia esencialmente popular. Hay que ganar a la gente, y ganar a la gente implica construir un Estado, tener aliados, articularse con otras fuerzas, con otros países, estar bien con los rusos y los alemanes, con todos. Pienso cuando yo estaba en la guerra todo aquello que pudiera beneficiarnos de alguna u otra manera teníamos que ganarlo y ponerlo de nuestro lado porque estábamos frente a un proceso que no podía ser corto. Y ahora creo que esa es la situación que tiene Estados Unidos en Irak. Está obligado a una estrategia prolongada, a librar una guerra popular prolongada, y en ese sentido tiene que tener muchos amigos, muchos aliados, soldados amables, tener la legitimidad de su lado, asegurarse la legalidad en todo lo que sea posible, y eso le puede dar el éxito en un plazo razonable, pero no corto.

P. ¿"Soldados amables"?

R. Para poder ganar esta batalla hay que ser amable. Si no eres amable la pierdes. ¿Y esto qué implica? Que siendo amable corres riesgos. Si tú tienes tu ejército y tus hombres pueden morir en combate, hay dos posibilidades: una es que estén predispuestos a eso, está dentro de su riesgo, van, tienen un combate y mueren; pero en ese combate, si se equivocan, puede ser que maten niños, que generen problemas, que se le convierta en un problema que ahora es mucho mayor que antes. Digamos que la expresión más simple de esto es el soldado que dispara sin apuntar, para calmarse los nervios. Pero también hay una segunda posibilidad: que por discriminar, por ser cuidadoso, se arriesgue más, pero se gana en legitimidad.

P. ¿Correr riesgos significa, en la práctica, mezclarse más con la población iraquí, no andar siempre acorazado como los malos en La guerra

de las galaxias?

R. Exacto. Es preferible tener héroes que pasan a condiciones de víctimas por el esfuerzo por ser amables, que muertos que mueren en un combate en el que causaron bajas civiles. Es difícil, pero el nuevo sentido de una fuerza de intervención humanitaria es éste. El tipo que se identifica humanamente con la situación, trata de ser lo más bueno, lo más amable posible, gana a esa población, y si en esa condición corre el riesgo de perder la vida...

P. A corto plazo se puede perder así, pero a la larga se gana...

R. En la medida en que tus hombres son héroes, son víctimas en el intento de usar la fuerza con discreción, con cuidado, han ganado. Ya no es Rambo.

P. ¿Rambo ya no sirve?

R. Rambo ya no sirve para un carajo.

P. Pero servía más en la época de la guerrilla centroamericana, durante la guerra fría.

R. En aquella época había cheque en blanco para matar. Hoy ya no hay. Afganistán es como la cueva del mundo, como el último rincón del planeta; pero el problema es que las tumbas de los niños que has matado allá las puedes ver en televisión, las puedes ver en Washington, en San Salvador. Ya no se puede, es otra cosa.

P. Esta idea de que el soldado no sólo tiene que ser guerrero, sino también político no se ha acabado de digerir en Estados Unidos, mientras que parece que los británicos lo han entendido mucho mejor.

R. Sí. Pero no creo que los británicos hayan llegado allí por buenas personas. Han llegado porque es el método más eficaz para lograr tus objetivos estrategicos. El soldado ya no es un tipo cualquiera. Es un tipo que tiene que entender de relaciones humanas. Y el general es un tipo que tiene que entender de hacer alianzas, de construir una red política entre los ciudadanos de allí, de entenderse, de poder persuadir a la gente. Es un fenómeno muchísimo más complejo.

P. En cambio, parece que los soldados y los generales de Estados Unidos insisten en persistir con los métodos militares más elementales, que no han logrado superar el síndrome Rambo.

R. Es fácil empezar a decir que los americanos están locos. Pero objetivamente estamos ante un fenómeno: la sociedad más poderosa de la Tierra, que es una sociedad profundamente conservadora, en el momento en que tenía un Gobierno conservador, que tiene una visión con relación a cómo ella mira al mundo, es objeto de una provocación de una dimensión que no conocía el país. Entonces, en esa condición, ¿qué tipo de respuestas habría? Las respuestas que estamos viendo son las correspondientes con esa situación. Creo que es su reto de potencia, su intención de mostrarse fuertes. Los errores están vinculados a esa condición, a una reacción que tiene muchos elementos emocionales, que está vinculada a cómo es la sociedad norteamericana, con sus características de su gobierno, la dimensión de la provocación. Hay un proceso de aprendizaje.

P. Su actual país adoptivo, como parece indicar, puede ofrecer ciertas lecciones...

R. En una ocasión me preguntaban sobre esto en una conferencia, y yo decía que si tomaba unas frases de funcionarios de la Administración de Bush y funcionarios de Blair cuando les preguntaban cómo estaba la situación en Irak, los americanos decían: "Hemos hecho tantas bajas y estamos descubriendo redes terroristas, etcétera", y la gente de Blair decía: "Todos los hospitales y las escuelas están funcionando". Son dos visiones completamente distintas de lo que hay que hacer. Son cosas que -parece mentira-, pero ésa es la batalla que se libraba en el norte de Morazán, cuando yo estaba allá. Hay una anécdota muy clara de este fenómeno. Se trata de un general de un batallón cuando ellos hacían sus operaciones cívicas, como las llamaban. Entonces, una vez, enviamos a la población nuestra, la que estaba organizada por nosotros, a que le reclame y que le diga que ellos necesitaban tantas libras de frijoles, tantas de arroz. Van y los recibe el general, y los recibe en su despacho, a 25 pobladores, y se discute con ellos, fuerte, y les dice: "Ustedes apoyan a la guerrilla, yo lo sé, son colaboradores, y para eso quieren más arroz y más frijoles...", y después de decirse de todo, al final él dice: "Bueno, está bien, llévenle comida a esos cabrones". ¿Cuáles fueron los efectos? Primero, ya no vieron al general como enemigo; segundo, ya no querían que los hijos se incorporaran a la guerrilla, se empezaron a convertir en neutros. Eso mismo es universal. Ahora, ¿cuál es el riesgo? Perfectamente, un fanático, digamos uno más ideológico entre los nuestros, podía haber llegado y matado al general. Pero era un soldado de verdad, dispuesto a tomar riesgos inteligentes, y estaba haciendo la guerra con una visión más integral. Lo mismo pasaba cuando nosotros llegábamos a una zona donde el dominio político que había hecho el partido de gobierno era mucho más fuerte, donde disputarlo implicaba correr riesgos. Porque la manera más sencilla era "todos los espías del gobierno los matamos". Pero todos los demás que quedan se convierten en enemigos de nosotros, y entonces es una zona quemada, y allí no se puede hacer absolutamente nada.

P. En resumen, entonces, aplicando estas lecciones a Irak...

R. En resumen, hay necesidad de un instrumental político, mucho más que el militar. No hay otro modo. No lo hay. Ya cuando llegas al extremo de que el problema depende de la máquina que detecta metales, ya estás en la última fase de seguridad, y con el terrorismo la seguridad es esencial y fundamentalmente preventiva. Ya la última etapa, que es la de policía visible. La primera y fundamental es la política. Y ahora más que nunca. Yo diría que si en los setenta y en los ochenta se podía afirmar que una guerra insurgente o contra-insurgente era el 90% política y el 10% militar, yo diría que ahora es 99% política. Por ejemplo: mira, en cualquier conflicto donde hay una insurgencia de la naturaleza que sea -religiosa, es lo mismo- hay dos categorías que son vitales: territorio y población. Porque una insurgencia es un aparato de organización que se estructura en medio de la población, y que en la medida en que controla a la población trata de controlar territorio. Ésos son los barrios en Irlanda del Norte, son los barrios del País Vasco, eso es Irak en este momento, en Colombia, eso era Morazán, eso es un elemento esencial. Entonces, en el fondo, controlar el territorio depende de quién es capaz de tener más influencia sobre esa población. En la medida en que no la tienes estás en desventaja.

P. Uno de los argumentos que utiliza la coalición para explicar la decisión de ir a la guerra en Irak es que fue para derrocar a Sadam Husein, para salvar a los iraquíes. Es decir, lo que se denomina "una intervención humanitaria"...

R. Ahora, que quede claro que yo estoy de acuerdo con el concepto de la intervención humanitaria. Porque, claro, yo hice la guerra. No podía venir aquí a estar vendiendo, como estos locos románticos izquierdistas, que la paz, la paz, la paz... No, no. Si yo hubiera tenido un ejército en mis manos me meto en Ruanda y aplasto a esos tipos, pues tú no puedes estar sentado viendo que están masacrando allá a la gente y decir "yo no me meto". No. Yo me meto. En ese sentido, haber sacado a Sadam Husein, pues, ¡qué bien!... Si era un hijo de su madre, un dictador, estaba matando a su gente. Entonces, la discusión no es ésa. Hay que hacerlo bien.

P. ¿Y si no se hace bien no sería mejor dejarlo, irse, reconocer que fue todo un gran error?

R. Bueno, una cosa es decir "salgan"... pero el problema del mundo es que a Estados Unidos no le puede ir mal, no le debe ir mal. Es un problema a escala planetaria.

P. ¿Pero el Gobierno de Estados Unidos no parece tener una visión muy planetaria...?

R. Da la impresión... dan una cierta idea de revancha. Transmiten eso. Pero, por otro lado, no deja de ser una necesidad que haya instrumentos de cohesión que protejan al mundo de estas amenazas. Mira otra vez el caso de Ruanda. Si hubiera existido una fuerza con la cohesión internacional necesaria se podría haber evitado la muerte de cientos de miles de personas. En este caso creo que si la intervención en Irak fracasa, el efecto de seguridad es para todos. Yo creo que todos los dictadores del planeta deben estar siguiendo con mucha atención lo que pasa en Irak. Es una cuestión de la seguridad más elemental. El tema básico es que tú tienes que hacer una relación costo-beneficio del tipo que roba. Si robar es más rentable que no robar, el tipo roba. Es mucho más complejo el problema, pero lo primero que le tienes que apuntar es que los márgenes de impunidad los tienes que reducir.

P. En ese sentido, la captura de Sadam habrá representado un avance importante.

R. Tiene un valor negativo y un valor positivo. El valor negativo es que constituye una ventaja política extraordinaria, y el negativo es que constituye una provocación. Independientemente de que sea una victoria, humilla. Y esa humilación es interpretada por todo el bando contrario -los que estén alineados con el terrorismo y la violencia, los enemigos de Estados Unidos en la región- de una manera que empuja a responder.

P. ¿Por qué es positivo del lado político?

R. Posibilita alianzas, posibilita la reunificación, y esos elementos pueden ayudar a crear un Estado iraquí, que es lo que más teme la insurgencia iraquí. Un Estado iraquí autónomo e independiente es el elemento principal, el factor clave en pacificar y derrotar al terrorismo. Y, por otro lado, esto constiuye un reto para la estrategia de la coalición. Tienen una oportunidad, y ahora la cuestión es si la van a saber aprovechar. Pero esto no significa que no va a a haber una reducción automática de la insurgencia, lo cual enfrenta a los americanos a su propia dilema, porque ellos a veces creen más en la contrainsurgencia o el antiterrorismo policial militar que en el político. Esto les plantea una oportunidad en el campo donde han mostrado más debilidad.

P. Lo cual refuerza aún más la idea de que se tiene que buscar una solución política, cosa que el Gobierno de Estados Unidos no parece haber entendido antes de ir a la guerra.

R. La posguerra no estaba diseñada, simplemente. Mucho del terrorismo en Irak es hijo del caos, yo creo. Mucho de lo que está ocurriendo es resultado de lo que se ha hecho mal, más de lo que los otros han hecho bien. No creo que esta insurgencia haya sido planeada de antemano. Creo que esto es producto del desorden. Lo cual, por otro lado, puede ser una luz en la solución. Porque no están my organizados. No estamos hablando de los vietnamitas, del Polisario, de nuestra guerrilla en El Salvador, de las guerrillas que hicieron escuela. Estamos hablando de otra cosa: una guerrilla que ha quedado de una dictadura odiosa, con lo cual posiblemente sea más fácil ponerla en condición de desventaja, seguirla y procesarla.

P. ¿Más fácil? ¿Es decir, que se puede vislumbrar un final a la guerra en Irak?

R. Una de las grandes debilidades del terrorismo que se está desarrollando en Irak es que está matando a tantos iraquíes como americanos, y si eso se fusiona con la creacion de un Estado, sí puede ser que haya una pacificacion en un plazo mediano.

Joaquín Villalobos vive en Oxford.
Joaquín Villalobos vive en Oxford.GLYNN GRIFFITHS

Guerrillero reconvertido

JOAQUÍN VILLALOBOS abandonó a su familia de clase media acomodada en San Salvador a los 19 años y se fue a la montaña a combatir al regimen militar que gobernaba su país. Hasta los 41 fue jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo, militarmente la más eficaz de las cinco formaciones guerrilleras del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. Villalobos fue una leyenda en su país durante una guerra civil que le enfrentó no sólo a la dictadura salvadoreña, sino también a Estados Unidos, que en tiempos de Reagan hizo todo lo posible -menos efectuar una intervención militar directa- para derrotarlo. Fidel Castro lo señaló en su día como uno de los más brillantes comandantes guerrilleros que había producido América Latina.

Hace ocho años, y con la ayuda del Gobierno británico, Villalobos se trasladó a Oxford, donde hoy vive con su mujer y tres hijos. Llegó sin hablar inglés, pero ya ha obtenido una maestría en la venerable Universidad y está concluyendo un doctorado sobre el tema de la violencia política. Reconocido experto mundial en pacificación, ha trabajado como asesor para las Naciones Unidas y la Universidad de Harvard en varios conflictos, entre ellos, los de Afganistán, Irlanda del Norte, Bosnia, Filipinas, Sri Lanka, Chiapas y Colombia. Es miembro del Diálogo Interamericano, un prestigioso think-tank alineado al Partido Demócrata en Washington, donde varias comparecencias que ha

hecho en los últimos años sobre la guerra y la paz han sido recibidas con creciente admiración e interés.

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