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CARTAS AL DIRECTOR

Accidentes de tráfico

De poco sirve que se hagan leyes muy severas y sanciones rigurosas para evitar la sangría de muertes que continuamente nos regalan las vacaciones si no van acompañadas de un control de los comportamientos de los conductores.

A primeros de año entran en vigor unas nuevas normas que, como viene siendo habitual, su único objetivo es lavar las conciencias de nuestros gobernantes frente a la tragedia de los accidentes de tráfico. En esto nuestros gobernantes se comportan como el padre consentidor con su hijo que le amenaza con un "pórtate bien, que te castigo", a sabiendas de que ese castigo nunca llegará. Porque de poco sirven estas normas en un país en el que, tanto en ciudad como en carretera, los hábitos de la conducción hace tiempo que se han relajado por falta de vigilancia en el cumplimiento de las leyes.

Estas vacaciones he recorrido unos 1.200 kilómetros por nuestro territorio y, créanme, no he visto ni una pareja de la Guardia Civil en todo el trayecto. Y circulando a 120 kilómetros por hora era sobrepasado por el 95% de los vehículos. En Francia han bajado los índices de accidentes por la instalación de radares en las carreteras, y tal ha sido el éxito que se va a extender por todo el país. Pero no era necesario esperar a que nuestros vecinos apliquen una eficaz medicina. Esa estadística ya se conocía en un país que lleva años aplicando esta táctica, Estados Unidos.

Si realmente existe voluntad de reducir el número de accidentes, sólo hay una manera: aumentar la vigilancia para que las normas se cumplan. Y yo animo a quien sufra un accidente por causas ajenas a que denuncie al Estado (aunque sea testimonialmente) por dejadez en sus obligaciones, a sabiendas de que existe un margen importante científicamente demostrado para reducir los accidentes. Paguemos nuestros impuestos, pero exijamos a cambio que el Estado nos proteja con más eficacia frente a la barbarie de la carretera. Y especialmente a los más vulnerables, nuestros hijos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de enero de 2004