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Crítica:CLÁSICA

El virtuosismo de Chee-Yun

Krzysztof Penderecki (Debica, Polonia, 1933) es una de las figuras destacadas de la música contemporánea y pertenece a la generación que unos denominan de 1951 y otros de 1931, según se parta de su aparición en el escenario internacional o de la fecha de nacimiento. Es el autor de Fluorescencias, de Natura Sonoris, o de Las siete puertas de Jerusalén.

Las relaciones de Penderecki con España han sido frecuentes y cordiales, sobre todo en el ámbito musical universitario. Recientemente participó en el homenaje a José Peris (Maella, 1924), con el que había colaborado en sus ciclos, lo mismo que con la Orquesta Nacional, que dirigió en Madrid por primera vez en 1973. La nueva visita nos ha deparado la audición del Concierto nº 2 para violín dedicado a la gran violinista alemana Anne-Sophie Mutter, estrenado en 1993. Ha tenido ahora el concierto, subtitulado Metamorfosis, otra intérprete femenina especialmente dotada, la coreana Chee-Yun, de sensibilidad lírica muy honda y virtuosismo fascinante, lo que conviene a una página en la que impera un impulso bien distinto al dramatismo del oratorio por Auschwitz (Dies Orae, de 1967), en una suerte de expresionismo asumido con inequívocos signos de identidad por el compositor, director y pedagogo. Los méritos y el verbo fluyente de la solista, impostado en la veracidad impuesta por el compositor-director, concluyeron en un éxito sin fisuras.

Orquesta de la Comunidad de Madrid

Krzysztof Penderecki (director). Solista: Chee-Yun (violinista). Obras de Manuel de Falla, Krzysztof Penderecki y Antonin Dvorak. Auditorio Nacional. Madrid, 22 de diciembre.

Quiso nuestro ilustre visitante recordar dos nombres españoles dignos de exaltación: Manuel de Falla en su Fanfare sobre el nombre Arbós, escrita para los 70 años del fundador y titular de la Sinfónica de Madrid. Después pasó a la Suite Homenajes, última composición estrenada por Falla en el teatro Colón de Buenos Aire en noviembre de 1939. En la segunda parte, Penderecki programó la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak, del que conmemoraremos el centenario de su muerte el año próximo. La orquesta comunitaria respondió con presteza y finas calidades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de diciembre de 2003