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Crónica:FÚTBOL | Dieciseisavos de final de la Copa del Rey, última eliminatoria a partido único

El Leganés condena al Madrid a una pesadilla

El equipo de Chamartín se clasifica tras ir perdiendo por 3 a 2 gracias a las paradas de César y a un gol providencial de Solari

Ni Roberto Carlos ni Pavón creyeron en el centro de Martín Ariel Vitali, alias Pelado, al borde del descanso. Los dos defensas del Madrid se le quedaron mirando. Le dejaron poner el balón en el medio del área para que Borja cabeceara solo a gol. Lo subestimaron de la misma manera que el Madrid subestimó al Leganés. Un equipo limitado de fútbol y sobrado de instinto competidor que ayer engrandeció a la Copa del mismo modo que se agrandó con el paso de los minutos para terminar tratando al Madrid sin el menor respeto.

LEGANÉS 3- REAL MADRID 4

Leganés: Leyenda; Vitali, Mustafá, Alessandria, Domínguez; Txiki (Kuhl, m. 90), Pietravallo, Marini, Rodríguez; Borja (Navas, m. 74) y Calandria (Enría, m. 80).
Real Madrid: César; Miñambres (Salgado, m. 46), Rubén (Pavón, m. 25), Bravo, Roberto Carlos; Núñez (Ronaldo, m. 65), Beckham, Cambiasso, Solari; Raúl y Portillo.
Goles: 0-1. M. 14. Beckham, de falta directa. 0-2. M. 36. Raúl, tras un rechace en un tiro de Beckham. 1-2. M. 40. Borja. 2-2. M. 46. Borja. 3-2. M. 51. Pavón, en propia meta. 3-3. M. 88. Solari. 3-4. M. 109. Raúl, de tacón.
Árbitro: González Vázquez. Amonestó a Marini, Txiki, Vitali, Domínguez y Kuhl. 7.000 espectadores en el estadio de Butarque.

Puede que el equipo del sur de Madrid no esté para ascender, pero el partido de ayer le venía que ni pintado a su idiosincrasia subversiva. El Leganés se sintió estimulado ante la magnitud de la visita y exprimió el encuentro hasta la última gota. Hasta el alargue: 120 minutos de goce a costa de un Madrid zozobrante. Si el Leganés no ganó por goleada no fue por ausencia de oportunidades sino por impericia técnica, por falta de gol y porque César hizo un par de paradas de postín.

César le sacó un balón a Kuhl en el minuto 93, estirándose hacia su izquierda. El cabezazo iba destinado a expulsar al Madrid de la Copa después de un tránsito doloroso en una noche que se prometía tranquila, con dos goles a favor, y que terminó entre contragolpes, con la portería de César bajo asedio, a merced de una defensa incapaz de despejar nada que volara. El gol de Solari, a dos minutos para el final del tiempo reglamentario, empató el duelo y puso al Madrid virtualmente a salvo, con 30 minutos para decidir por delante, cuando todo parecía perdido. En principio, el alargue favorecía moralmente al Madrid porque el Leganés había rozado el triunfo y porque sus jugadores daban síntomas de agotamiento. Txiki y Borja habían sido retirados con calambres y nada hacía pensar en una resistencia tan tenaz y elaborada como la que desplegarían en la media hora que quedó por delante. Enría y Rodríguez llegaron solos ante César en cuatro ocasiones y en las cuatro se quedaron con las manos vacías. Raúl tocó un balón y lo metió, de tacón, a centro de Roberto Carlos. Así se aplicó la ley de la jerarquía.

Los goles de Beckham y Raúl en el arranque coincidieron con una fase tímida en el Leganés. La imagen que daba coincidía con la de un equipo típico de las medianías de Segunda en el día de la visita al campo del rival. Sin centro del campo, impreciso, metido atrás y cediendo terreno. Confiado al oficio de sus cuatro defensas, a la seguridad de las bandas y al manejo de Rodríguez, el Leganés hizo lo que hacen todos los equipos avocados a ser ejecutados por el Madrid: perdió la pelota.

En campo abierto, sin nadie que le interrumpiera, Beckham manejó al Madrid con soltura. Allí no había ni rastros de la anunciada encerrona argentina del inglés, prejuicio fundado en la rivalidad histórica y en ciertos incidentes sin mayor trascendencia, de no ser por la identidad del actor principal. Todo marchó sobre moqueta para Beckham y los suyos hasta que los jugadores del Leganés -el español Txiki incluido- decidieron taparlo. Descubrieron que si Beckham no tenía el balón el Madrid se apagaba y eso es lo que ocurrió. Entonces apareció Marini para marcar el terreno y rascar las tibias del inglés. Y el partido empezó a cambiar.

En la última línea del Madrid Carlos Queiroz, el técnico, dispuso una defensa con rótulo de inestable. Rubén, Miñambres, Bravo y Roberto Carlos no eran el mejor cartel posible. Pero fue con Rubén en la enfermería, después de sufir un golpe en el hombro, cuando todo se desmoronó. Una cadena de errores de Miñambres, Pavón y Roberto Carlos dieron a Borja la oportunidad de lucirse. Y Borja, antiguo canterano del Madrid, hizo su trabajo puntualmente: marcó dos goles en cinco minutos y empató el partido.

El segundo tiempo fue el coto privado de la defensa del Leganés, una pandilla con gente como Alessandria, veterano central del Lanús que dirigió Héctor Cúper hace una década, hombre barbado con pinta de filibustero. O Domínguez, lateral curtido en mil batallas, demasiado canchero para Núñez y demasiado canchero para Portillo.

El partido se convirtió en una pesadilla para el Madrid, que a punto estuvo de caer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de diciembre de 2003