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Reportaje:FÚTBOL | Decimosexta jornada de Liga

El 'derby' de los Cruyff

Barcelona y Espanyol se citan en Montjuïc con la duda de Ronaldinho, griposo ayer

Montjuïc aguarda para hoy un derby tan triste como dramático por la necesidad de puntuar que tienen tanto el Espanyol como el Barcelona. Los azulgrana acuden al encuentro con la duda de Ronaldinho, víctima de un proceso gripal que ayer le impidió entrenarse con normalidad, aunque no le privó de quedar concentrado con el equipo. La convalecencia del brasileño agrava la zozobra barcelonista en la misma medida que el Espanyol aparece turbado por la falta de referentes propios. El equipo que entrena Luis Fernández tiene como bandera a parte de la llamada Quinta del Mini, o también Quinta de lo Pelat, el grupo de jugadores que manejó Johan Cruyff antes de ser despedido del Camp Nou.

A día de hoy, la presencia de la familia Cruyff en el estadio Olímpico es habitual, aún cuando a Johan se le reconoce como el ideólogo del presidente del Barcelona, Joan Laporta. Al padre Cruyff se le espera hoy en palco y a su hijo Jordi en el campo, ya sea como titular o como revulsivo.

Jordi ya se ha enfrentado al Barcelona con el Manchester Unided y el Alavés. Pero el Espanyol es otra historia. Hoy, un Cruyff está llamado a liderar al Espanyol contra el Barça. "En este fútbol, nada me extraña. Ni tampoco lo veo mal", asume Claudio Biern, presidente de la fundación del Espanyol. Que Jordi sea señalado por Luis Fernández como lider del grupo, al vestuario no le extraña. Héctor, el chaval del filial que ha dado el salto al primer equipo recientemente habla con conocimiento: "En el campo, es el que más habla, el que corrige y el que, por lo que me afecta, más tranquilidad me dio en mi debut". José María Calzón, eterno delegado del club, le rinde pleitesía: "Es futbolista en toda la extensión de la palabra". Lo firman muchos. Toni Velamazán, al que en su día Johan Cruyff consideró el futbolista con más futuro del plantel azulgrana, le reconoce cambiado al compararle con aquél que conoció en la cantera azulgrana: "Ha crecido, han pasado ocho años desde entonces y se nota, Ahora es el típico jugador al que se respeta en el vestuario".

Jordi prefiere ser prudente a la hora de asumir roles más allá del vestuario por considerarlo precipitado. Pero su relación con el Espanyol no empezó el último verano; viene de lejos. Siendo aún jugador del Barça, lesionado en una rodilla, el presidente barcelonista Josep Lluís Núñez le retiró la oferta para renovar por consejo de los médicos, que le daban más o menos por irrecuperable. Entonces, discretamente, José Manuel Lara, el difunto patriarca de la saga, le ofreció jugar en el Espanyol o, en su defecto, trabajar en el grupo editorial Planeta.

Una deuda pendiente

Por eso, durante la concentración con Holanda en la Eurocopa de Inglaterra, en 1996, Jordi confesó privadamente: "Un día jugaré en el Espanyol. Se lo debo y me motiva". Antes, sin embargo, se fue a Manchester, donde creció y formó parte incluso del equipo que ganó la Copa de Europa en el Camp Nou. Una vez cumplido su contrato, negoció con el Espanyol antes de firmar por el Alavés. Y cada año, el Español le rondó aunque, casi siempre, el apellido asustó en los despachos de Montjuïc al plantearse dar el último paso. Iñaki Ibáñez, ex jugador españolista que ahora ejerce de representante de Jordi, asegura: "Era cuestión de tiempo verle jugar en el Espanyol".

Sorprendentemente, fue Javier Clemente, uno de los técnicos que más rifirafes tuvo con Johan Cruyff, el valedor definitivo de Jordi. "Algunos consejeros torcieron la cara cuando fichamos a Cruyff", recuerda el técnico vasco, "pero al final primaron los criterios deportivos más que su pasado barcelonista".

De ahí la importancia que para la familia Cruyff tendrá el derby de esta noche en Montjuïc. Jordi liderará de alguna manera al Espanyol a ojos de su padre Johan, que le deseará tan buena suerte como al Barça.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de diciembre de 2003