VISTO / OÍDOColumna
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Pequeña historia

La izquierdilla está contenta con el discurso del Rey: cuando no la insultan, da las gracias. Lo bueno que tiene este Rey es que es como es: ha creado un buen autorretrato, los rumores le favorecen -dicen que es mujeriego, que todavía gusta en este país-, simpático, sufrido; que no lee nada -más de la mitad de los españoles no compran libros-, que le gusta el deporte -como a todos, menos a mí- y es campechano. Lo adusto se lo achacan a la Reina, y tampoco parece mal. La nueva persona real apareció con ellos y es una proletaria: quiero decir que su principal función es crear una prole real, y viene de la nada, o peor: del periodismo. La izquierdilla cree tomar por propios unos últimos sucesos reales, como los abrazos con Pujol o los principescos con Ibarretxe y el valiente Odón Elorza, o la burguesilla escena de la petición de mano con la interrupción de la chica pobre que quiere tener voz en el jardín de El Pardo; y dos o tres menciones en el discurso institucional, dos o tres comodines.

Que nadie puede apropiarse de la Constitución: unos creen que es contra Aznar. Y el cariñoso abrazo a Carrillo, que sólo molestaría a los nacionales y a los comunistas a los que expulsó: debían agradecérselo, porque hicieron sus buenas colocaciones. No es verdad que a la Constitución se deba la "transformación y modernización de España". Se debe al tiempo que acumula riquezas en este trozo de Europa y aquel de América a costa de los demás. España ha venido a más desde que perdió su imperio grande y el sol se puso en 1898. Cada año se ha vivido mejor si exceptuamos los que van del golpe de Franco hasta la victoria capitalista, la ayuda de Eisenhower y con ella el Plan de Estabilización. Mucho se debe a la República; y a quienes lucharon desde la oposición. Los éxitos de la izquierda se deben a las oposiciones organizadas, desde las cárceles hasta los palacios y a veces más que a sus tiempos de gobierno. Ah: en cultura se ha perdido. Pero eso no importa: queda la vela.

Es lógico que el Rey esté contento con la Constitución: por ella es Rey, y no ha salido a Fernando VII. Cada uno tiene su pequeña historia: yo voté "no" en el referéndum porque era una Constitución monárquica y porque fragmenta el pueblo en autonomías. Me dicen que era inevitable: pero si se vota, se vota lo que se cree. Luego aprendí a no votar: cuando comprendí que el voto es del poder que lo trabaja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 07 de diciembre de 2003.

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